Colombia: Uribe y su ejército de sapos

Por Carlos M. Duré

Buenos Aires, Agencia SICLA, 19/8/02.- El mes pasado el flamante presidente Uribe viajó a Washington para agilizar la ayuda en efectivo destinada a la lucha contra las FARC. Es una partida extra de 1600 millones de dólares que antes del Fast Track dependía de una renuente Cámara de Representantes de USA y ahora de la agenda de Bush.

El destino de esa donación es la mejora del armamento del ejército colombiano y la asistencia económica a un millón y medio de confidentes o "sapos" que Uribe reclutó para detectar las actividades de los guerrilleros.

Es decir, un aumento del déficit fiscal que el Poder Ejecutivo de USA considera razonable pero el Legislativo no, o le inspira desconfianza. Tanto como al FMI que sigue exigiéndole a la exhausta economía de Colombia al consabido ajuste.

El Fast Track ha liberado la billetera de Bush pero no la del Ministro de Hacienda de Uribe Junguito, quien depende de su propia legislatura para echar mano de dos billones de pesos devengados por una reforma tributaria que aún no se vota.

En resumen, la ayuda económica norteamericana, si bien ya no pasa en primera instancia por su Cámara de Representantes, sigue fiscalizada por el FMI, el cual exige a Colombia esa autoayuda de 2 billones como requisito inexorable.

La posibilidad de aniquilación de las FARC es remota considerando que puede refugiarse por tiempo indefinido en la selva amazónica. Eso supone la continuidad de la asistencia económica con fines bélicos. Estados Unidos, pero más el empresariado cercano al Fondo, espera que Colombia sostenga una guerra con sus propios recursos, que no la pierda y que honre puntualmente su deuda externa.

Semejantes condiciones sólo pueden cumplirse con dinero proveniente de la economía informal. El Presidente Bush no ha tenido en cuenta eso al suspender por un año la calificación de Colombia en su lucha contra el narcotráfico. Los empresarios acreedores tampoco. El FMI tampoco. Uribe tampoco. Los paramilitares tampoco. Y el millón y medio de sapos tampoco.

Brasil

La empresa Nacional del Petróleo le impuso a Petrobrás la reducción en refinería del 12,4% del gas envasado de uso familiar para este martes.

La petrolera brasileña que adquirió la argentina Pecom (Pérez Companc) se suma en el país del sur a las empresas petroleras que exigen al gobierno el aumento de la tarifa del gas hasta el 70%.

La medida en Brasil inspira suspicacia. Puede ser un acto de campaña electoral pagado por los argentinos. Y no se ve en ello una política seria de reactivación del Mercosur. Lo que desmiente en esta ocasión la supuesta geopolítica de Itamaratí más obsesionada por Octubre 2002 que por la arremetida norteamericana con el ALCA para el 2005.


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