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El ajedrecista

Por Carlos M. Duré
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Buenos Aires, Agencia SICLA, 01/feb/03 (11, 02 p.m.).- Son numerosos los informes y ensayos periodísticos que vinculan ciertas tácticas militares clandestinas de EUA con una fuente financiera espuria: el narcotráfico.

La consolidación de los carteles cocaineros de Cali y Medellín en Colombia, Juárez y León en México, y Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, se produce entre 1979 y 1981 cuando arrecia en el continente la acción de grupos irregulares entrenados por militares argentinos y miembros de la CIA.

Como ya se ha desatacado en este especio (ver La venganza de Carlos Castaño), la guerra que padece Colombia reedita aquella experiencia de dos décadas atrás.

Sin embrago, la historia no se repite sin alguna modificación. El conflicto social que la droga ha generado en los Estados Unidos es la consecuencia de haber manipulado el dinero surgido de su venta para financiar campañas militares tan inconfesables como el narcotráfico. EUA oscila entre la lucha contra la insurgencia y la lucha contra el narcotráfico sin lograr hasta ahora reunirlos en un solo monstruo quimérico. La razón es que la guerrilla atenta contra sus intereses políticos y económicos. Para enfrentarla necesita de fuerzas tan clandestinas como la guerrilla. Para financiar esa fuerza, hace la vista gorda al narcotráfico. Pero la droga termina vendiéndose entre su pueblo. Con lo que, luego, debe perseguir al narcotráfico enfrentando o traicionando a las mismas fuerzas irregulares que había prohijado.

En la guerra colombiana, las autodenominadas Autodefensas Unidas de Colombia, estrechamente relacionadas con el cartel narco de Cali, se vieron ascendidas y después precipitadas de la estrategia norteamericana por esos vaivenes mencionados.

Pero en esta oportunidad, el gobierno de Álvaro Uribe apareció como pato de la boda. Después de acceder al poder quien se presentaba como un guerrero impiadoso con la guerrilla, su aliado de Washington pidió la cabeza de las AUC, Carlos Castaño. Los paramilitares respondieron a su voluble aliado -también Washington- con una acción legal que hería directamente a Uribe, pero que era un mensaje elíptico contra los norteamericanos: Gilberto Rodríguez Orejuela, jefe del cartel de Cali, fue dejado en libertad por un fallo judicial.

Orejuela figura como traficante de drogas en el US Department of the Tresury Office of Foreing Assets Control, en al capítulo Narcóticos y bajo el alías de Lucas o The chees player, con pasaporte argentino N° 77588.

Es decir, EUA pedía la extradición del jefe paramilitar Castaño -por narco-, cosa a la que se oponen sistemáticamente los narcos, y no podía ignorar que "el ajedrecista" Orejuela no sólo permanecería en su país, sino que lo haría en libertad.

El gesto fue comprendido por las AUC pero no sólo por el gobierno de Uribe, que, desconcertado, seguía profiriendo anatemas según la fórmula convenida en Washington. Las AUC no se conformaron con esa demostración y lograron entablar negociaciones de paz en territorio colombiano desmilitarizado, concesión del gobierno que según la Federación Internacional de Derechos Humanos conlleva el "propósito claro de impunidad".

El objetivo de los denominados "narcos" de evitar la extradición de socios atrapados en negocios de paz, fue concedida por EUA después de comprobar un error de evaluación de la guerra. Con el triunfo de Uribe y el avance de las AUC sobre los territorios dominados por la guerrilla, quisieron deshacerse de ese comprometedor compañero de ruta. La contraofensiva de FARC y ELN, acaso los persuadió de volver a reclutarlos.

El último acto de fuerza de los traficantes se advierte en la información adjunta. El Ministro del Interior de Colombia, Fernando Lodoño, deberá rectificar públicamente acusaciones contra el juez segundo de ejecución de penas, Pedro Fernández Vacca, quien dejó en libertad a Orejuela. Previamente, Londoño aparece involucrado en desfalco al gobierno por U$S 35 millones.

El narcotráfico junta unos U$S 700 mil millones por año, el doble de las principales corporaciones transnacionales en EUA. El pasaporte argentino de Gilberto Rodríguez Orejuela da una idea del territorio que abarca esa actividad. En algún momento de la historia, el poder político norteamericano pudo considerar ciertas actividades ilegales como un mal menor y una herramienta útil. Ahora se encuentra con una máquina muy difícil de manipular y que como en las películas ha adquirido vida propia.

Agencia SICLA.

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