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Por Carlos M. Duré
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Buenos Aires, Agencia SICLA, 15/feb/03 (10, 26 p.m.).- Las trágicas jornadas por las que atravesó Bolivia fueron anunciadas por el candidato presidencial por el Movimiento al Socialismo (MAS) Evo Morales en su carta al Foro de Porto Alegre.

Morales Decía entonces que Bolivia era el próximo epicentro de una guerra impulsada por los Estados Unidos. Agregaba que los cocaleros eran la excusa de esa guerra, que debe entenderse la producción de coca como un hecho cultural autóctono y que sólo se convierte en narcotráfico cuando interviene la química y el mercado de consumo norteamericano.

Anunciaba en su carta una acción mancomunada de campesinos y mineros bolivianos que extremarían las medidas de lucha iniciales del 6 de enero, consistentes en el corte de rutas y manifestaciones contra el ALCA, las privatizaciones y las fumigaciones con mortales herbicidas sobre los campos de coca.

Desde fines del 2001 y casi todo el 2002 se vienen produciendo en Bolivia manifestaciones campesinas y expresiones de protesta tanto en Cochabamba como en Santa Cruz de la Sierra. Las fumigaciones de campos de coca con su consecuencia sobre la vida humana y animal llegaron a ser a tal punto intolerables que provocaron enfrentamientos entre víctimas y victimarios con un saldo de 5 muertos en 2001 bajo las balas del ejército.

En Santa Cruz de la Sierra los enfrentamientos tuvieron otro origen: la oposición popular a la privatización del servicio eléctrico preconizada por el entonces presidente democrático (y ex dictador de los 70) Hugo Banzer, ya fallecido.

La campaña electoral de setiembre de 2002 tuvo un inevitable protagonista en el embajador norteamericano, Rocha, quien advirtió -para sorpresa de las encuestadoras- que si Evo Morales ganaba en las elecciones su país le retiraría el apoyo económico (u$s 450 millones) a la lucha por la erradicación de los cultivos de coca. Instantáneamente proyectó al protagonismo a Morales, quien probablemente ganó en simpatía con el electorado por la brutal intromisión del diplomático norteamericano.

Tal como lo señaló SICLA en su oportunidad, el esforzado triunfo de Sánchez de Lozada no sólo no hizo retroceder a Morales y los cocaleros sino que consolidó su bloque desde el mismo discurso de su asunción del mando. Dejó atónitos a muchos observadores atentos cuando quiso separar a los cocaleros de La Paz de los de Cochabamba arguyendo que la coca de esta última era la usada por los narcos pues tenía más alcaloide.

El incremento de las fumigaciones como parte de la ofensiva militar del denominado Plan Colombia se puede rastrear casi cronológicamente en los partes informativos de SICLA desde Noviembre de 2002. La propia cadena del señor Turner mostró los efectos en humanos de los desfoliantes en todos los países andinos, particularmente Colombia y Bolivia. Estos países, según reconoce la DEA, son los que más han colaborado mediante sus fuerzas armadas, en una campaña que se empecinan en presentar como policial o, en el más absurdo de los casos, como agrícola.

Estados Unidos y los organismos internacionales de crédito como el BID y el FMI concertaron un fondo destinado a la sustitución de cultivos de coca. Pero siempre empezaron a aplicarse esos dineros entes en la faz destructiva -las fumigaciones- que en créditos o subsidios a los campesinos. De manera que el ejército boliviano y la estructura burocrática del estado los consumieron para sus propios fines.

Después que la prensa norteamericana difundiera el año pasado el aumento del 20% del narcotráfico, organismos gubernamentales de EUA advirtieron que la campaña de destrucción de plantaciones de coca en Bolivia había fracasado. Eso fue hasta que el movimiento campesino comenzó a manifestarse con más fuerza. Incluso hasta la aparición de Morales y el MAS. A partir de entonces se llamaron a silencio la prensa y el gobierno de EUA e inopinadamente comenzaron los bombardeos con químicos, entre los que acaso se descubra el temido Paration o Agente Naranja.

En la limítrofe República Argentina, en la provincia de Misiones, donde hay una base de paracaidistas norteamericanos, un obrero rural murió en los últimos días por la manipulación de herbicidas prohibidos.

Más allá de otras razones convergentes que se analizarán en el próximo envío, las fumigaciones norteamericanas en Bolivia parecen destinadas a provocar como en Colombia, el desplazamiento de poblaciones campesinas francamente opuestas al modelo representado por Sánchez de Lozada, quien hasta ahora no ha logrado atenuar su curioso acento inglés.

Agencia SICLA.

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