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El patio de atrás

Por Tomás Eloy Martínez
Solo cuando en América Latina despunta algún riesgo para los intereses norteamericanos, EE.UU. vuelve sus ojos hacia el hemisferio

Rebanadas de Realidad - Diario Hoy OnLine - Quito, Ecuador, 9/03/03.- Henry Kissinger, que entendió como pocos qué significa el Destino manifiesto de los Estados Unidos, escribió en Mis Años en la Casa Blanca (The White House Years), que su país de adopción no tiene amigos o enemigos permanentes, sino solo intereses.

Los impetuosos vientos de esos intereses han determinado que los Estados Unidos observen una política errática con sus vecinos del sur, a los que en Washington se suele llamar "los del patio de atrás", y a los que Ronald Reagan abarcaba con un gesto olímpico, "the people down there" o "la gente de allá abajo".

Solo cuando en América Latina despunta algún riesgo para los intereses norteamericanos, Estados Unidos vuelve sus ojos hacia el hemisferio. A veces, el problema se decide mediante la represión directa o solapada, como sucedió con la Guatemala de Jacobo Arbenz en 1954 o el Chile de Salvador Allende en 1973. Otras veces, la intervención se presenta como ayuda solidaria: así sucede ahora con las inversiones militares en Colombia para combatir la guerrilla y el narcotráfico.

Esos ramalazos de interés hemisférico están siempre velados por la desconfianza que cada lado siente por el otro. Si hay una línea constante en tales relaciones -de algún modo hay que llamarlas- es la del desinterés y el desdén de los Estados Unidos por sus vecinos de "allá abajo" y la subordinación o el resentimiento con que América Latina los retribuye. La negligencia de Washington podría convertir la ya larga historia de sumisión en otra de abierto desafío.

El nuevo horizonte empezó a vislumbrarse en México semanas después del 11 de septiembre de 2001. Previamente, el presidente Vicente Fox había tejido una relación que parecía inquebrantable con George W. Bush: este prometió que América Latina sería una de las prioridades de su Gobierno y dio a entender que aprobaría una política más flexible con los cientos de miles de mexicanos que trabajan en la frontera, librándolos de la ilegalidad y permitiéndoles acceder a salarios más dignos. En vísperas de septiembre, Fox parecía ser la pieza clave en una nueva política de entendimiento con América Latina.

La destrucción de las torres gemelas volatilizó esas ilusiones. Bush encontró la misión que necesitaba su Presidencia sin rumbo, y desde entonces, se convirtió en el cruzado de una guerra contra el terrorismo, que comenzó con el esquivo Usama Ben Laden como pieza de caza, "vivo o muerto", siguió con el régimen de los talibanes en Afganistán, y se extendió al llamado "eje del mal": Corea del Norte, Irán e Iraq. América Latina pasó a ensanchar las nubes de su olvido.

Pocas veces las regiones de "allá abajo" importaron algo a los Estados Unidos, pero ahora importan menos que nunca. En el último discurso del presidente Bush sobre el estado de la Unión -que en verdad fue una rendición de cuentas sobre lo que el Gobierno de Washington piensa del mundo y de sí mismo- la figura dominante fue Saddam Hussein, como era previsible. América Latina fue mencionada una sola vez, y aquella solo de manera parcial, cuando el presidente anunció una campaña de solidaridad para aportar vacunas contra el sida a las comunidades infectadas del Caribe.

Poco antes de la elección de Luiz Inácio "Lula" da Silva como presidente de Brasil, Washington sufrió un ataque de pánico. Henry J. Hyde, que preside la Comisión de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, le envió a George W. Bush, el 24 de octubre de 2002, una carta que parece escrita después de tomar la pócima del doctor Jekyll.

"Deseo advertir," decía allí, "que "Lula" es un peligroso extremista pro Castro. Posa de moderado solo con fines electorales. Junto con Castro y al comandante Hugo Chávez de Venezuela, podría formar un eje del mal en las Américas, con facilidades para disponer de una bomba nuclear brasileña de treinta kilotones así como misiles balísticos".

La carta revela insidia, por no decir ignorancia. Pasa por alto el hecho de que Brasil firmó después de su dictadura -como Argentina después de la suya- un tratado para mantener el área libre de riesgos nucleares.

Los primeros pasos de "Lula" en el Gobierno le permitieron demostrar que es un moderado de verdad y que, a la vez, no está dispuesto a obedecer en silencio los dictámenes norteamericanos. El objetivo de su Gobierno, como en cierto modo lo fue también el de Fernando Henrique Cardoso, es acelerar la modernización de Brasil y convertirlo en una potencia de primer orden. De modo que son ya dos los grandes países no incondicionales de los Estados Unidos: México y Brasil.

Acaso Bush deba también volver los ojos hacia lo que significa América Latina dentro de su propio territorio. La población hispana es ahora la primera minoría, con mas de 37 millones de residentes según el último censo: un millón más que los afroamericanos. Y mientras los hispanos han crecido a un ritmo de 4,7% durante los últimos 15 meses, aquellos han avanzado solo 1,5%.

Vaya a saber por cuánto tiempo más América Latina y sus hijos consentirán el desdén, y nadie puede imaginar ahora cómo harán para disiparlo. Por de pronto, la lengua castellana se está abriendo sitio a codazos, y en los dominios de los hermanos Bush, George W. y Jeb -Texas y Florida- esa lengua es casi tan común como el inglés.

Tal vez el presidente de los Estados Unidos, como sus antecesores, supone que el "patio de atrás" esta ya conquistado y que no vale la pena perder el tiempo en él.

Es verdad que los corderos duermen demasiado, pero no duermen todo el tiempo. El día menos pensado se despiertan y dejan caer su piel, debajo de la cual hay siempre alguna fiera.

Gentileza del Diario Hoy OnLine, de Quito, Ecuador.

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