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Por querer derrocar Hussein quien podría caer sería Blair

Por Isaac Bigio (*)
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Rebanadas de Realidad - Londres, 11/03/03.- El único aliado de peso que tiene EE.UU. en una eventual guerra contra Irak es el Reino Unido. Tony Blair se ha convertido en el principal socio norteamericano en las invasiones a la ex Yugoslavia y Afganistán. Sus oponentes le tildan de perro faldero y Mandela dice que él es el canciller de Bush. El defiende que su política pro-estadounidense se basa en una visión en la cual concibe que las dos potencias angloparlantes deben ser los gendarmes del nuevo orden mundial capaces de aplastar al terrorismo y desarmar los arsenales de los estados parias.

Bush ha planteado que su gobierno podría declarar la guerra sin la venia de Naciones Unidas y Blair ha manifestado que podría seguirle en caso que hubieran vetos irracionales. Ambos calculan que una pronta incursión militar, incluso contando con al oposición de un amplio sector de su población y de Naciones Unidas, podría acabar con réditos positivos. Si Hussein cae rápido, hay poco baño de sangre y las tropas anglo-americanas acaban siendo recibidas como héroes por los iraquíes, Blair y Bush intuyen que podrían potenciarse a nivel internacional e interno. El premier británico podría luego empezar a remover a gente que no es de su agrado en el gabinete, incluyendo a Gordon Brown.

Para Blair y Bush las experiencias de las invasiones a Kósovo y Afganistán han mostrado que ya no existe un peligro de un síndrome como el de Vietnam. Los nuevos oponentes son dictadores impopulares sin muchas armas y respaldo interno o internacional. Sin embargo, Irak es un estado más estructurado que Afganistán y las tropas invasoras no entrarán en una zona hostil a sus ocupantes (como fueron Kuwait o Kósovo) sino al mero centro iraquí. El mariscal británico Brian Nurridge ha advertido que Hussein intenta transformar a Bagdad en un Stalingrado.

Diversos partidos iraquíes opuestos a Saddam están contra la invasión. Si bien es probable que muchos sectores iraquíes reciban a las tropas anglo-americanas como 'liberadoras', lo cierto es que también habrá mucha resistencia. Naciones Unidas, por boca de su secretario general, ha sugerido que una acción militar al margen suyo sería ilegal. Occidente podría ser víctima de nuevos ataques suicidas, pero el peor factor desestabilizador serían las "masas convertidas en armas de destrucción". El 15 de febrero el mundo presenció la mayor movilización global simultánea cuando más de diez millones salieron a las calles contra la guerra en cientos de ciudades.

Si Blair lanza una guerra sin aval de Naciones Unidas encontraría un 80% de desaprobación popular y a su partido en rebelión. El 26 de febrero se produjo la mayor rebelión de una bancada oficialista en la historia británica: 122 parlamentarios laboristas votaron contra la guerra. La sublevación interna va creciendo y se estima que una nueva votación podría arrojar entre 150 a 200 de los 410 parlamentarios gobiernistas votar contra Blair. Dentro del Ejecutivo Laborista van ganando terreno los que se oponen a seguir a los republicanos estadounidenses. Clare Short, ministro de desarrollo internacional, atacó furiosamente al premier sentando un precedente nunca antes visto en un gabinete británico. Tal es la crisis del gabnete que Blair se ha visto incapaz de removerla. Se especula que Robin Cook, jefe de los comunes y ex ministro de relaciones exteriores, podría sumarse al motín. En estos días se está preparando la conformación de un parlamento del pueblo impulsado por laboristas disidentes y sindicatos quienes no sólo cuestionan a Blair por lo de Irak sino por atacar a los bomberos en huelga o querer semi-privatizar los hospitales.

Hasta hace pocos meses Blair se mantenía popular. Era visto como el líder que sacó al laborismo del ostracismo tras 17 años de oposición y le llevó por única vez a dos victorias electorales consecutivas obteniendo más. Mientas que sus anteriores intervenciones militares en Africa occidental, Yugoslavia o Afganistán fueron vistas como legítimas y legales por el grueso del partido laborista, ahora la mayoría partidaria no encuentra justificativos ni validez legal a una guerra contra Bagdad.

La otrora popular Thatcher tuvo que dejar el poder después de 11 años cuando no pudo contener las marchas contra el impuesto municipal. Más, las protestas populares contra la guerra son hoy mayores y tienden a aglutinar a la mayoría de las bases laboristas.

La intervención bélica podría dejar a Bush sin su mejor aliado. El tiro podría salir por la culata. Si Saddam sobrevivió a Bush padre, no sería irreal pensar que Irak podría acabar haciendo caer a más de uno de sus atacantes así como hoy está dividiendo a Naciones Unidas y a la Unión Europea.

El principal argumento que daba Blair para sus victorias era que él había refundado al partido. El Nuevo Laborismo rechazaba las viejas políticas de desarme unilateral, nacionalizaciones y subsidios. Gracias a ello aislaban a los conservadores al adaptarse a su programa y acoplar a diversos de sus electores en las clases altas y medias.

Hoy dicho lenguaje va enajenando a los bastiones tradicionales del laborismo y Blair se ha ubicado a la derecha de los liberales y del ala conservadora anti-guerra. Si Blair cae ello ocasionaría un rebalse partidario. El mayor afectado podría ser Bush.

(*)Isaac Bigio: analista internacional, especialista en zonas de conflicto; profesor en la London School of Economics & Political Sciences, donde obtuvo grados y postgrados. En 1998 recibió los Premios a la excelencia de Dillons (Waterstone), la mayor librería inglesa y el EH Carr del departamento de Política Internacional de la Universidad de Gales (Aberyswyth), el primer departamento de dicha disciplina en el mundo. En la actualidad realiza análisis internacionales y colabora en la BBC, El Comercio, La Opinión, Noticias, CNI, Grupo de Diarios de América y numerosos decanos de la prensa Ibero Americana. Rebanadas de Realidad publica a Isaac Bigio, por gentileza del autor.

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