Brasil: el oro verde

Por Carlos M. Duré

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Buenos Aires, Agencia SICLA, 8/9/02.- Brasil - "El ascenso de Serra no "sensibiliza" a los mercados", es el irónico título de un importante diario brasileño.

A pocos días de la elección presidencial, la prensa americana atribuye al posible triunfo de Lula el temor de los capitales por su futuro y su fuga del Brasil. La reunión del presidente Cardoso, los candidatos Lula, Gómez y Serra con el FMI para consolidar una mínima política de estado respecto de la deuda externa y del consiguiente ajuste fiscal, recuperó transitoriamente la confianza de los organismos internacionales.

No obstante, como se publicó en este espacio hace unos meses, la desconfianza manifestada por algunos periodistas, algunos medios y todos los funcionarios norteamericanos parecía más una ayuda a la campaña del delfín de Cardoso -Serra- que una alarma por el pasado ideológico de Lula. En aquel informe de SICLA consta un argumento no tan esgrimido por Wall Street que por el Secretario de Defensa de USA, Rumsfeld: la eventual ruptura del PT luego de su triunfo en Octubre y la conformación de un ala insurreccional en el MST (los sin tierra), que albergaría avanzadas de las FARC en la Amazonia brasileña.

Los brasileños de Lula intentaron disipar semejante hipótesis ampliando su alianza electoral hacia la derecha. La táctica también puede interpretarse como un sedante para calmar los nervios del empresariado autóctono más involucrado en las hipótesis de conflicto (Brasil llegó a ser el tercer exportador de armas del mundo durante los '80) que en los capitales nómades. Los verdaderos motivos de emigración de estos últimos estaban en la cesación de pagos de la deuda argentina y en la devaluación brutal del peso. El default argentino lleva al interior del Mercosur su bloqueo financiero, lo que entorpece los negocios de Brasil con el ALCA y con la UE que, a menudo no saben si están regateando con un país o con una alianza subregional.

La devaluación del peso argentino es una invitación a capitales transnacionales a cruzar la frontera en busca de costos menores (transferencia de riquezas del salario a la empresa y un sistema impositivo más relajado que el brasileño). Naturalmente que la incontenible fuga de este tipo de capital se debe a un eventual contagio del default argentino a la deuda de Brasil y a la búsqueda de un mejor puerto exportador que a las andanzas selváticas de las FARC y su tenaz perseguidor. El ascenso de Serra en las encuestas debería haber tranquilizado al Hudson Institute de Washington que entrevé en un encuentro entre Lula, Chávez y Fidel Castro -el primero ya presidente- un eje de izquierda. Pero su primus inter pares, Dr. Menges no supone un pregonero de confianza para los capitales que, indiferentes a las encuestas de Serra y Lula, abandonan el trópico.

O'Neill se suma a la lucha contra el mal

A principios de los '80 los centros financieros internacionales y su prensa afín consideraron una hipótesis de catástrofe mundial: era la cesación de pago de las deudas externas de Brasil, Argentina y México en forma simultánea.

Algunos medios, como la TV francesa, produjeron informativos hipotéticos que mostraban algo parecido a lo que se vio el 11 de septiembre de 2001.

La coincidencia, entonces, de cortes de pago de deudas gigantes excede el ámbito financiero y asume ribetes bélicos.

En aquellos años, el vicepresidente de USA, Goerge Bush iniciaba una gira por Sudamérica con una advertencia. La tecnología avanzada -sobre todo la que tiene implicación militar- no podía dejarse en manos de países no idóneos en su manejo. Y mencionó a tres países: China, Brasil y Argentina.

Brasil se perfilaba como un gran fabricante de armamentos. La Argentina había completado su desarrollo nuclear y tenía capacidad de hacer bombas atómicas y no había firmado el tratado de no proliferación de armas nucleares en Tlatelolco, México; además estaba ensayando el misil Cóndor II. El futuro presidente expresaba en la ocasión una tesis del doctor Walter Laqueus. Este historiador alemán acogido por USA, era asesor de la Secretaría de Defensa, y publicó en la revista Facetas del Servicio de Información de la Secretaría de Estado, un artículo sobre las nuevas formas de terrorismo internacional y su acceso a armas de destrucción masiva desarrolladas por países irresponsables.

Aunque aquel argumento es vuelto a esgrimir por George Bush Jr. Esta vez contra Iraq, su vigencia va más allá de los personajes y los países implicados. Para cierta concepción del orden internacional, la concurrencia de dos factores hacen que un país se transforme en enemigo potencial: su capacidad tecnológica y el incumplimiento de sus compromisos internacionales, especialmente los financieros. Bajo esa óptica se entiende que un país marginado de ciertos organismos internacionales asume una política errática que hace muy peligrosa la disponibilidad de alta tecnología de aplicación militar.

La expresión del Secretario del Tesoro de USA, Paul O'Neill: "las negociaciones con la Argentina son una lucha", cobran otra dimensión en el criterio del padre del actual presidente norteamericano. La Argentina cesó el pago de su deuda y en otro tiempo se dijo que su proyecto de misil de alcance intermedio Cóndor II había sido financiado por Iraq.

El impulso que Brasil quiere dar a una alianza militar con Argentina no facilita la estrategia de USA en su retaguardia, es decir, en su caracterización de Occidente, en su delimitación de conflictos militares y conflictos económicos.


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