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Por Carlos M. Duré

Buenos Aires, Agencia SICLA, 17/9/02.- A fines de la semana pasada -información del 15/9/02- en el marco de una ronda de conversaciones entre las FF.AA. del Perú y la Argentina, el taller "Modos de acción de las Fuerzas Armadas en catástrofe" congregó a jefes de la marina y la fuerza aérea respectivas.

El brigadier mayor de las FF.AA. argentinas, Mario Pergolini, se manifestó complacido por la agenda "que consolida las relaciones militares" bilaterales con "hechos".

La Fuerza Aérea argentina realizó este año maniobras conjuntas con las FF.AA. norteamericanas en Villa Reynols, San Luis. Los ejercicios formaron parte de la coordinación general de las fuerzas armadas sudamericanas con USA bajo la hipótesis preexistente del narcoterrorismo con epicentro en Colombia, y la posterior "Justicia infinita" circunscripta a la triple frontera (Argentina, Brasil y Paraguay). Pero la asistencia militar aérea al gobierno de Colombia se remonta a 1994 cuando el vicepresidente argentino Duhalde, en ejercicio de la presidencia donó a aquel país 6 aviones Pucará aptos para atacar fuerzas insurreccionales como las FARC.

En 2001 y como efecto de las presiones estadounidenses para implicar a la Argentina en el denominado "Plan Colombia" bajo el argumento de la lucha contra el narcotráfico, las FF.AA. argentinas aceptó monitorear el espacio aéreo del noroeste con radares provistos por USA. Los militares sureños no habían consentido en incorporarse a esa función policíaca y aunque sí contemplaron la posibilidad de realizar actividades de inteligencia al interior del país, la actual legislación se los prohíbe.

Según información de las FF.AA. argentinas ese monitoreo produjo en el primer trimestre la detección de 40 mil vuelos de los cuales algo más del 10% eran clandestinos o irregulares.

La crisis económica de la Argentina redujo dramáticamente el presupuesto para la defensa. La Fuerza Aérea es un arma muy afectada por la extrema dependencia de la importación de repuestos y por el alto costo de los combustibles. Muy reducida su capacidad operativa desde la guerra de Malvinas en 1982, logró sin embargo reponer en parte el material perdido con la compra a bajo precio de 100 aviones A4 AR norteamericanos.

Después de los ejercicios USA-Argentina en la provincia de San Luis, los pilotos del brigadier Mario Pergolini dieron entrenamiento a sus pares colombianos cuyo país podría incorporar nuevos aviones Pucará e incluso reactores I A 63 Pampa.

Cabe tener en cuenta que la industria aeronáutica militar -área material Córdoba- se halla parcialmente privatizada. La empresa norteamericana Loockeed, que es la permisionaria es un histórico proveedor del estado norteamericano. Durante el gobierno de George Bush padre, Loockeed, Grumman y Fairchild fueron seriamente cuestionadas y en algún caso sancionadas por presuntas coimas a funcionarios de la Secretaría de Defensa de USA quienes les habrían proporcionado "por adelantado" especificaciones técnicas y pliegos de condiciones para una mejor oferta de aviones de entrenamiento para la marina (en Estados Unidos no se licitan las compras militares).

Por último, la convergencia militar peruana-argentina para coordinar acciones en caso de "catástrofe" asume la modalidad propia de la Defensa Civil que la base militar norteamericana en la triple frontera inauguró en su lucha contra el mosquito Aedes Aegiptis transmisor del dengue y de la fiebre amarilla. También la policía ecuatoriana inició el entrenamiento de estudiantes en la vigilancia y coordinación de catástrofes en la región fronteriza con Colombia. Aunque, informaciones recientes indican que los estudiantes cumplen con preferencia su misión observando las actividades de personas que pudieran afectar la seguridad local. Dicho operativo se denomina Ojos de Águila y tiene alguna semejanza con la red de informantes que creó el presidente de Colombia, Uribe, para detectar actividades insurreccionales.

La agenda convenida entre las FF.AA. del Perú y la Argentina está abierta sólo para las catástrofes, dentro de las que se puede incluir la guerra. Los pilotos y los radares del Brigadier Mario Pergolini no le han puesto un nombre en particular a su misión.


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