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Después de Irán: ¿Será Irak la nueva república islámica?

Por Isaac Bigio (*)
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Rebanadas de Realidad - Londres, 26/05/03.- Una de las paradojas de la nueva post-guerra en Irak es que la fuerza que más crece en las zonas árabes son los clericales chiítas. Precisamente, una de las primeras obras que realizó Saddam fue buscar el apoyo occidental para sofocar la expansión de la ola de nacionalismo islámico chiíta desatada en Irán tras la revolución de 1979. Ahora los EE.UU. y Gran Bretaña se ven obligadas a llamar al Consejo Supremo de la Revolución Islámica Iraquí (CSRRII), el mayor partido clerical y que ha sido modelado por los ayatolas iraníes, para que les apoye. Si antes occidente armó y financió a Hussein contra los sacerdotes chiítas, ahora son estos mismos quienes sacan provecho de su caída y van llenando el vacío de poder entre las dos grandes urbes iraquíes (Bagdad y Basora).

En 1979 el Shá de Irán, el principal aliado occidental en el medio oriente, fue depuesto por un levantamiento popular. La revolución fue capturada por el clero chiíta. El ayatola Khomeini combinaba un discurso nacionalista contra EE.UU. Israel y lo que se denominaba el imperialismo occidental con un regimentación religiosa de la vida social y cercenamiento de derechos para las mujeres.

Khomeini llamaba al resto de la 'umma' (mundo musulmán) a seguir su ejemplo e instaurar repúblicas islámicas. Para contrarrestarlo las potencias de la OTAN y las petro-monarquías del golfo árabe-pérsico encontraron en Saddam Hussein a su mejor aliado. Irak era el país árabe mejor armado y siempre había sido el límite oriental de la franja árabe que viene desde Marruecos en el occidente. Él azuzó el resentimiento histórico contra los persas y los chiítas. Mas, en el fondo, su objetivo era frenar a la revolución iraní.

Durante 8 años Hussein fue apoyado, armado y financiado por las mismas potencias occidentales que luego le atacaron militarmente. Cuando en 1988 la izquierda laborista denunciaba la masacre de los kurdos con gases, Washington y Londres se hacían de la vista gorda para no incomodar a su aliado Saddam.

En 1991 cuando Bagdad invadió Kuwait, Hussein se ilusionaba que occidente no se molestaría tanto. Otros aliados de EE.UU., como Marruecos o Indonesia, se habían anexado previamente el Sahara Occidental o Timor este, y no habían recibido mayores sanciones por ello. La diferencia estaba en que Kuwait tiene petróleo y está secundado por los mayores aliados estadounidenses en el medio oriente: las petro-monarquías árabes.

Cuando Saddam perdió la guerra y Bush padre llamó al pueblo iraquí a levantarse para deponerlo, los kurdos y chiítas le hicieron caso. Sin embargo, la Casa Blanca terminó asustándose más de una victoria de los rebeldes que del mantenimiento de la dictadura. Los poderosos ejércitos estadounidenses acantonados en Kuwait dejaron que las derrotas tropas saddamistas pudiesen masacrar Basora y otras ciudades chiítas a pocos kilómetros desde donde ellos estaban. Washington temía que se produjese una revolución que fortaleciese a Irán, desestabilizase la región o fragmentara Irak.

Después de 1991 los EE.UU. fueron destruyendo la maquinaria saddamista gradualmente mientras que trataban de cooptar a la oposición kurda y chiíta a su lado. Cuando en 2001 se lanzaron sobre Afganistán Irán les brindó ayuda y varios de sus socios en ese país se integraron a la coalición militar vencedora y en el actual gobierno de Karzai.

Cuando los EE.UU. marcharon sobre Bagdad se cuidaron mucho de no contar con ningún contingente árabe. No dejaron que la guerrilla chiíta se les uniese y tampoco permitieron que ésta apareciese en las zonas que ellos despejaban con sus propias armas y uniformes. A los únicos grupos armados iraquíes que les permitieron actuar fue a los kurdos pero limitadamente y después de la caída de Bagdad y a las escuadras del neo-conservador Chalabbi, la principal carta de Rumsfeld.

El vacío de poder en Irak fue llenado en la zona que media desde Bagdad hasta el mar por las organizaciones alrededor de las mezquitas. Pese a su discurso anti-imperialista el conjunto de grupos islámicos armados anti-Saddam, incluyendo Hizbola en los pantanos sureños, no salieron en defensa de su país y dejaron que los EE.UU. les hicieran la labor de limpiar a su tradicional enemigo: los nacionalistas seculares del partido Socialista Baath.

Estando éste perseguido los clérigos y caudillos locales chiítas quieren transformarse en el poder real que gobierne tras la sombra de los anglo-americanos. Estos empiezan a controlar la distribución de víveres y servicios o el patrullaje contra el vandalismo. También van imponiendo varias de sus normas incluyendo imponer que todas las mujeres anden con las cabezas cubiertas.

Los anglo-americanos se ven obligados a tolerarlos y usarlos pues éstos ofrecen poner orden y colaborarles en cazar a los fedayines que emboscan a los soldados extranjeros.

El clero chiíta ha querido valerse de los occidentales para desalojar a Saddam pero quiere que EE.UU. se vaya lo más pronto posible. Su lógica es la de haberse valido de las potencias que inicialmente armaron a Saddam contra ellos para deshacerse de los secularistas iraquíes y llegar al poder.

Mohamed Baqer al Hakim, es el jefe del CSRII y el líder a quien se le tilda como el 'Khomeini iraquí'. Mas, él se cuida mucho en controlar el resentimiento anti-occidental o de llamar a instaurar una república religiosa. Trata de aparecer como un islamista moderado que guarda independencia de Irán y que busca un estado musulmán abierto a todas las creencias.

Los aliados han buscado fomentar a sacerdotes chiítas adeptos a ellos. Uno de éstos, Abdelmaid al Jui, quien regresaba de su exilio en Londres, fue asesinado el mismo día en que caía Bagdad. Sus presuntos asesinos estarían ligados a los sectores islamistas radicales liderados por Mohamed al Sader y quienes muestran hostilidad hacia la ocupación anglo-americana y a los 'apaciguadores' del CSRII.

Los EE.UU. van a querer impulsar a los islamistas moderados contra los radicales pero es posible que la continuación de su ocupación pueda también hacer que crezcan y se masifiquen diversos grupos opositores religiosos, seculares o socialistas.

 
(*) Isaac Bigio es un analista internacional formado en la London School of Economics & Political Sciences. En ésta, considerada la principal universidad internacional especializada en ciencias sociales, él ha obtenido grados y postgrados en Historia y Política Económica, y ha enseñando. Su especialidad son países en conflicto y transición entre distintos sistemas sociales. Ha pasado por las aulas del Instituto Europeo, la Escuela de estudios Asiáticos y Orientales, la escuela de Estudios Eslávicos y Europeo Orientales así como en otras dependencias de la Universidad de Londres. Sus artículos han sido publicados en unos 200 medios en 5 continentes. En 1998 obtuvo 2 Premios significativos: el de la Excelencia de Dillons-Waterstone (la mayor librería británica), y el E.H. Carr del Departamento de Política Internacional de la Universidad de Gales, Aberyswyth (el primer departamento de dicha disciplina en el mundo). Rebanadas de Realidad publica a Isaac Bigio, por gentileza del autor.

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