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¿Podría Saddam Hussein lograr deponer a Tony Blair?

Por Isaac Bigio (*)
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Rebanadas de Realidad - Londres, 10/06/03.- El dictador de Bagdad ha sido derrocado y su país está controlado por las FFAA anglo-americanas. Varios antiguos ministros han sido apresados y parientes de Hussein han solicitado refugio en Reino Unido. No se conoce de ninguna resistencia armada conducida por el-gobernante partido Baath. El régimen saddamista cayó sin hacer detonar una sola arma de destrucción masiva o realizando algún atentado en alguna potencia occidental. Evidenció que carecía de lazos con grupos que pudiesen sembrar el terror en el exterior y que su armamento solo era convencional y muy deficiente.

Resultaría extraño sugerir que un sátrapa oculto, impopular y sin fuerza militar alguna pudiese ocasionar la caída del principal aliado del primer ministro británico. Por paradójico que parezca el principal arma que Bagdad pudo haber tenido para destruir a Blair es su total carencia de armas químicas, biológicas o nucleares. Es la limitada resistencia militar iraquí la que puede producir el derrumbe del principal aliado de Bush.

Blair pensaba que la victoria en la Mesopotamia le generaría una ola de simpatía popular. Margaret Thatcher, una de sus predecesoras en el cargo, logró consolidarse en el poder gracias a la derrota argentina en Las Malvinas. En sus primeros 5 años en el gobierno, Blair condujo tres previas campañas militares exitosas. El laborismo, aquel partido que en un momento planteó el desarme unilateral nuclear, dejó de ser un palomo en política externa para haber hecho el gobierno británico más halcón de la post-guerra. Las victorias en la ex Yugoslavia, Sierra Leona y Afganistán ayudaron a que por primera y única vez en su historia el laborismo fuese reelecto en el poder y, además, con un 60% de los parlamentarios.

Cuando Bush declaraba oficialmente el fin de la guerra Gran Bretaña celebró elecciones locales. La victoria de las armas no se tradujo en una victoria en las urnas. El laborismo perdió votos en casi todas partes y por primera vez en más de 7 décadas estuvo cerca de perder el segundo lugar frente a los liberales, un partido que desde los 1920s no llega ni al 10% del parlamento.

Blair logró su objetivo de echar rápida y sin mucha sangre a Hussein, pero a costa de haber conducido a su país a una guerra que no era respaldada por la mayoría de su país y, lo que es más grave aún, sin haber demostrado justificativos para la causa real que declararon para lanzar la invasión.

El principal argumento que había planteado el premier británico era que Saddam era el mayor peligro para su país y occidente debido a que poseía armas de destrucción masivas, las mismas que podía lanzar en mísiles de relativo largo alcance a sólo 45 minutos de dada la orden y que también podían ser transferidas a grupos terroristas islamistas.

Después de dos meses de haber echado a Hussein no se ha encontrado ni un solo rastro de Ántrax, Sarin u otro gas, y menos aún de algún implemento para construir bombas atómicas. Los mísiles que lanzó Irak apenas volaron algunos kilómetros al sur de su frontera. Durante la guerra no se produjo ni un solo atentado en occidente.

Jack Straw, secretario británico de relaciones exteriores, dice que ya no importa tanto hallar éstas pues 10,000 litros de Ántrax entran en un tercio de un camión y encontrar esto en un país del doble de Francia no es fácil. Otros ministros dicen que ahora la prioridad de las tropas es la de asegurar la reconstrucción del país y no buscar ese tipo de armas, pero la pregunta que ronda en muchos es por que se dio la inicial destrucción de Irak y sin esperar a que se agoten las investigaciones sobre si esa nación tenía o no tales gases.

Blair aplastó a Hussein pero pisoteando su propia credibilidad. The Economist, el semanario que le apoyó en la guerra, se pregunta si Blair es un B-liar (mentiroso). Los conservadores, quienes fueron el principal soporte del gobierno para invadir Irak y poder hacer frente a la oposición interna dentro del laborismo, los liberales y los nacionalistas, ahora se distancian de Blair. Michael Portillo, responsable 'tory' de política externa, cuestiona las falsificaciones de Blair.

Siendo caricaturizado como un Pinocho Blair viene perdiendo la confianza de muchos de sus antiguos electores. Su anterior reinado indiscutido dentro del laborismo es cuestionado por quienes se preguntan que autoridad moral tendría él para conducir al Reino Unido al euro y al partido hacia una tercera victoria.

La nueva batalla que tiene que librar Blair es la de llevar a su país hacia el euro en su actual administración. Los conservadores quieren montarse en su creciente desprestigio para oponerse de plano a ello y el número dos del gobierno, el tesorero Gordon Brown, pone reparos a eliminar la libra en este gobierno. Si Blair cae será remplazado por un parlamentario de su propio partido. Robin Cook, quien renunció al liderazgo de la Casa de los Comunes por oponerse a la guerra, espera disputar a Blair y Brown dicho mandato.

Mientras tanto dentro del oficialismo se echa la culpa a malos informes de inteligencia y voces críticas dentro de los espías aducen que se les presionaba a fabricar pruebas. En Londres se discute el carácter de una nueva comisión que investigue. Por supuesto nadie pedirá que Naciones Unidas cree una comisión para investigar a fondo a la CIA o al MI5, quienes sí condujeron al mundo a una guerra de destrucción masiva.

Hussein logró sobrevivir en el poder a Bush padre. Fue depuesto por Bush hijo. La ironía sería que él siga evitando su captura y presenciando el desplome de Blair y de quienes lo atacaron. El argentino Perón y el boliviano Paz Estensoro fueron derrocados por levantamientos armados 'anti-fascistas' impulsados por Washington, pero luego éstos se recuperaron desde la oposición canalizando el descrédito de las nuevas administraciones pro-estadounidenses. No sería de extrañar que mañana el Baath volviese a Bagdad encabezando una protesta popular e, incluso, contando con la venia de sectores occidentales alarmados por la creciente oleada de clericalismo chiíta.

 
(*) Isaac Bigio es un analista internacional formado en la London School of Economics & Political Sciences. En ésta, considerada la principal universidad internacional especializada en ciencias sociales, él ha obtenido grados y postgrados en Historia y Política Económica, y ha enseñando. Su especialidad son países en conflicto y transición entre distintos sistemas sociales. Ha pasado por las aulas del Instituto Europeo, la Escuela de estudios Asiáticos y Orientales, la escuela de Estudios Eslávicos y Europeo Orientales así como en otras dependencias de la Universidad de Londres. Sus artículos han sido publicados en unos 200 medios en 5 continentes. En 1998 obtuvo 2 Premios significativos: el de la Excelencia de Dillons-Waterstone (la mayor librería británica), y el E.H. Carr del Departamento de Política Internacional de la Universidad de Gales, Aberyswyth (el primer departamento de dicha disciplina en el mundo). Rebanadas de Realidad publica a Isaac Bigio, por gentileza del autor.

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