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Lula y la izquierda lila

Por Isaac Bigio (*)
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Rebanadas de Realidad - Londres, 27/07/03.- El lila es el color con el cual el 'rojo Ken' llegó a ser electo a la alcaldía de Londres. Esta ciudad ha sido la sede del quinto encuentro de mandatarios progresistas en el cual estuvieron los presidentes de los 3 principales países del cono sur.

Algo que tienen en común tanto Lula como los socialistas chilenos o los ex guerrilleros marxistas de Sudáfrica y Etiopía con el burgomaestre londinense es su evolución política.

Hace un cuarto de siglo Da Silva encabezaba las grandes huelgas masivas metalúrgicas contra la dictadura brasilera, los allendistas chilenos hablaban de derrocar violentamente a Pinochet, Livingstone era un líder radical del laborismo que defendía atentados del IRA y el Congreso Nacional Africano organizaba una revolución social contra el régimen segregacionista blanco.

El Partido dos Trabalhadores nació con la década de los 1980s postulando que los trabajadores debían tener su propio gobierno opuesto al de sus patrones. Su planteo de clase contra clase llevaba a demandar el no pago de la deuda externa o la confiscación de muchas tierras y empresas privadas.

Hoy en día el PT ha llegado a Brasilia y no ha implementado ninguna nacionalización o medida radical. Es más, sus programas económicos han sido saludados por The Economist y aceptados por el FMI. Dentro de su partido hay bases izquierdistas que acusan a Lula de haber traicionado sus promesas originales y de estar realizando una reforma capitalista de pensiones. Lula se defiende sosteniendo que para evitar el 'terrorismo financiero' (esto es, la fuga de capitales) su gobierno se ve condenado a tener que adaptarse a las exigencias de muchas grandes fortunas.

Ricardo Lagos es el primer presidente socialista chileno después de Salvador Allende. Sin embargo, hay una gran diferencia entre ambos gobiernos. El de la Unidad Popular de 1970-73 nacionalizó empresas y fue combatido duramente por los EE.UU. El de la Concertación acepta el modelo económico pinochetista y no ha querido apresar al ex dictador para no acrecentar los antagonismos sociales.

La nueva tesis que tienen todos para que se dé esa nueva izquierda lila, es que los tiempos han cambiado. Efectivamente, la guerra fría fue ganada por los EE.UU. y todas las economías basadas en la planificación estatal han o están caducando. Vivimos en la época de la globalización en la cual hay solo una mega-potencia y el mundo debe estar homogenizado bajo un sistema político basado en el liberalismo económico y político.

Muchos antiguos revolucionarios conciben que ya no hay espacio para promover la lucha de clases. Ahora piden la concertación de clases. Si antes demandaban yankis 'go home', ahora piden que sus antiguos enemigos les apoyan y les envíen préstamos e inversiones.

Anthony Giddens, rector de la London School of Economics, es el autor de la nueva ideología de la 'tercera vía'. Según ésta, la izquierda debe moverse hacia la derecha para ocupar el centro político. Sólo así puede recuperarse y aislar a la derecha. Para lograr ello la izquierda debe desprenderse de sus antiguos dogmas y dar aliciente a la inversión privada. En vez de atacar al imperialismo se debe buscar un entendimiento cercano especialmente con sectores demócratas como el de Clinton.

El mandatario polaco ha provenido del comunismo para acabar promoviendo la invasión a Irak. La nueva política internacional de Blair consiste en implementar intervenciones militares en todos aquellos países que sean considerados por los EE.UU. y el Reino Unido como violadores de los derechos humanos. Esto, aunque algunos de sus aliados, como Turquía o Rusia, han masacrado a sus minorías kurda o chechena.

El nuevo realismo de la izquierda lila conduce a crear administraciones que no generen mayor rechazo por parte de los EE.UU. o del viejo orden. De esta manera consiguen cierta aceptación internacional y evitar bloqueos o fugas económicas. El otro lado de la medalla de dichas políticas es que al final terminan cambiando poco y mantienen la vieja estructura de sociedades que inicialmente quisieron subvertir.

Los gobiernos de la centro-izquierda han ocasionado nuevos fenómenos. La derecha dura ahora puede darse el lujo de moderarse y de aparecer como más consistente que ellos. De tanto acercarse a los conservadores no es casual que en casi toda Europa la socialdemocracia haya acabado siendo desplazada por la centro-derecha.

Por otra parte el desencanto que producen los socialistas moderados en el poder conduce a un crecimiento de los racistas. Estos últimos azuzan la lucha de etnias y les echan la culpa de todos los problemas no a los grandes ricos sino a los emigrantes más pobres. La ultra derecha xenofóbica ha crecido siendo oposición a los gobiernos centro-izquierdistas de Francia, Holanda y Dinamarca, mientras que en el Reino Unido sigue subiendo el neo-nazi BNP.

La centro-izquierda queda aprisionada entre dos alternativas. Si quiere mantenerse en el poder debe ajustarse a los mercados y tratar de mostrar a la clase empresarial que son más confiables que la derecha. Blair ha llevado ese razonamiento al extremo. Londres decidió ir a la guerra contra Irak seis meses antes que ésta se produzca. Como EE.UU. de todas maneras iba a ir era mejor colocarse en el campo ganador. Para Blair la mejor manera de arrinconar a los conservadores es aplicando moderadamente algunas de sus políticas.

Más, este tipo de políticas tiende a enajenar a sus propias bases y a generar nuevos movimientos a su izquierda. Allí están los socialistas de izquierda, los autonomistas o los trotskistas en Escocia o Argentina buscando captar ese espacio.

Para evitar un mayor distanciamiento de sus posiciones originarias, la centro-izquierda puede verse obligada a radicalizarse. El problema con esta salida radica en los límites del nuevo orden global. Los regímenes de Irak o Corea del Sur han sido aislados debido a que han venido manteniendo políticas independientes y economías con mayor autonomía frente a las grandes corporaciones. En Venezuela Chávez no ha expropiado a nadie pero es víctima de una intensa campaña de socavamiento. La posibilidad que Lula, Lagos o Kirchner apliquen pociones de no pago a la deuda externa o de fuertes cambios en el régimen de la propiedad podría arrinconarlos internacionalmente o acabar siendo desestabilizados como Allende o Siles Suazo.

Los marxistas ortodoxos podrán plantear que la única salida para cambiar al continente es con una revolución social internacional y que ello implica volver a la época de la izquierda clasista. Mientras tanto el grueso del espectro político partidario latinoamericano concibe que se debe seguir trabajando dentro de los límites de la democracia del mercado.

El próximo año es posible que en El Salvador el FMLN llegue al gobierno mediante las urnas y no las armas. Los farabunistas al igual que los socialistas santiagueños o los petistas amazónicos tendrán márgenes de maniobras limitados. La izquierda lila piensa que no puede salirse del arco iris que la globalización le ha impuesto.

(*) Isaac Bigio es un analista internacional formado en la London School of Economics & Political Sciences. En ésta, considerada la principal universidad internacional especializada en ciencias sociales, él ha obtenido grados y postgrados en Historia y Política Económica, y ha enseñando. Su especialidad son países en conflicto y transición entre distintos sistemas sociales. Ha pasado por las aulas del Instituto Europeo, la Escuela de estudios Asiáticos y Orientales, la escuela de Estudios Eslávicos y Europeo Orientales así como en otras dependencias de la Universidad de Londres. Sus artículos han sido publicados en unos 200 medios en 5 continentes. En 1998 obtuvo 2 Premios significativos: el de la Excelencia de Dillons-Waterstone (la mayor librería británica), y el E.H. Carr del Departamento de Política Internacional de la Universidad de Gales, Aberyswyth (el primer departamento de dicha disciplina en el mundo). Rebanadas de Realidad publica a Isaac Bigio, por gentileza del autor.

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