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Un año después, aumenta la producción de opio en el Afganistán post-talibán

Por Isaac Bigio (*)
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Rebanadas de Realidad - Londres, 5/10/02.- A un año del inicio de la guerra contra Afganistán uno de los efectos más resaltantes del nuevo país es la acelerada recuperación económica de la que fuera su principal materia de exportación: el opio y su derivado, la heroína.

El país que más bombardeos ha sufrido en este milenio no tiene mayores riquezas o armas. Sin embargo, en lo que sí había logrado transformarse en primera potencia mundial había sido en el de la producción de opio. Distintos cálculos apuntan a indicar que Afganistán había venido produciendo entre el 70 y el 90 por ciento de dicha droga que se consume en el mundo.

Afganistán es un país con pocas vías y fábricas y donde el total de exportaciones legales anuales apenas sumaba los 70 millones de dólares. En medio de una colosal miseria y de constantes hambrunas el cultivo de la amapola se convirtió en una base de sustento para miles de familias. Las mafias que producían y transportaban la heroína fueron creciendo, especialmente desde que en 1992 se instalaron en Kabul los mujahedines fundamentalistas.

Los servicios de inteligencia estadounidense, pakistaní y saudí sabían que las fuerzas anti-comunistas que ellos apuntalaban también se financiaban con el narcotráfico. En 1996 los talibanes se hacen del poder y la producción del opio sigue creciendo. Sin embargo, el Mula Omar inicia una campaña de forzada erradicación del cultivo de amapolas. Para unos este giro se debía al intento de arribar a una sociedad pura teocrática donde también se vetaba la música, el baile y el trabajo y la educación para las mujeres. Para otros el viraje talibán tenía como norte también mostrar a los EE.UU. que ellos podían ser un buen aliado y ejemplo en poder acabar con el narcotráfico. En 1999 se cultivaron 4,600 toneladas de opio. Al año siguiente bajaron a 3,300. En el 2001, tras una drástica "fatwa" (orden religiosa), los talibanes lograron eliminar más del 95% de dicha producción. En el año de la invasión occidental los cultivos de opio en las zonas talibanes apenas llegaron a generar 170 toneladas. En las áreas controladas por la pro-occidental Alianza Norteña, la elaboración de dicha droga fue, por el contrario, en aumento.

Una de las consecuencias de la victoria occidental ha sido, paradójicamente, el gigantesco aumento de la producción del opio. Según los diarios ingleses "The Independent" y "Daily Express" el nuevo Afganistán, controlado por las fuerzas armadas occidentales y sus aliados, estará generando en el 2002 unas 1,900 a 2,700 toneladas de opio. Esto implica un salto de 8 a 15 veces, depende de cómo se calcule la anterior producción de opio (incluyendo o descartando las zonas que detentaba la Alianza Norteña). El negocio de la heroína mueve más de $US 3 mil millones solamente entre los 300,000 consumidores de dicho estupefaciente en Gran Bretaña. De las decenas de miles de millones de dólares que genera dicho narcotráfico, un porcentaje insignificante se queda en Afganistán, donde los sueldos de profesionales no llegan ni a los $50 mensuales. Para intentar detener la producción de opio el ministerio de asuntos externos británico está sugiriendo entregar $US 1,250 a cada campesino afgano por cada hectárea de amapola destruida.

Algo que resulta altamente contradictoria es la relación entre la política antinarcóticos empleada en Afganistán con la de otros países. Uno de los argumentos esgrimidos por los EE.UU. para enviar armas y efectivos a otros países es la necesidad de acabar con el narcotráfico. El Plan Colombia, por ejemplo, prevee un millonario desembolso en ese país, el mismo que se ve acompañado por dotar de armas y entrenadores, bajo la consigna de acabar con la llamada narcoguerrilla. La erradicación forzosa de la coca en Bolivia ha generado numerosas marchas de protestas y muertes, y el que un dirigente cocalero virtualmente empate con el triunfador de las presidenciales.

Sin embargo, el país que más había logrado disminuir la producción de droga había sido el Afganistán talibán. El Mula Omar no tuvo el apoyo de la DEA ni de sus tecnificados mecanismos y aviones. Sus métodos fueron duros y basados en la represión teocrática. Sin embargo, la mayor guerra que occidente ha realizado en este milenio ha sido contra el gobierno que más exitosamente había logrado hacer frente al narcotráfico.

(*) Isaac Bigio es un analista internacional formado en la London School of Economics & Political Sciences. En ésta, considerada la principal universidad internacional especializada en ciencias sociales, él ha obtenido grados y postgrados en Historia y Política Económica, y ha enseñando. Su especialidad son países en conflicto y transición entre distintos sistemas sociales. Ha pasado por las aulas del Instituto Europeo, la Escuela de estudios Asiáticos y Orientales, la escuela de Estudios Eslávicos y Europeo Orientales así como en otras dependencias de la Universidad de Londres. Sus artículos han sido publicados en unos 200 medios en 5 continentes. En 1998 obtuvo 2 Premios significativos: el de la Excelencia de Dillons-Waterstone (la mayor librería británica), y el E.H. Carr del Departamento de Política Internacional de la Universidad de Gales, Aberyswyth (el primer departamento de dicha disciplina en el mundo). Rebanadas de Realidad publica a Isaac Bigio, por gentileza del autor.

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