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18 AÑOS DESPUÉS

BOLIVIA - Cedla: Los resultados del DS 21060 muestran la decadencia del Neoliberalismo

Una radiografía completa de la economía del país muestra los fracasos de la política económica inaugurada el 29 de agosto de 1985.
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Rebanadas de Realidad - BolPress, Bolivia, 28/08/03.- "Luego de 18 años, con excepción de la baja inflación registrada durante la mayor parte del período de 'ajuste' y las referidas tasas de crecimiento de principios de los años noventa, todos los resultados del modelo económico neoliberal inaugurado con el Decreto Supremo 21060 no se corresponden con las expectativas puestas en 1985", señala una evaluación del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla).

Es más, afirma esta organización, las estadísticas oficiales ni siquiera avalan la rutinaria afirmación de que desde la promulgación del DS 21060 siempre se habría mantenido por lo menos la estabilidad macroeconómica.

¿Qué dicen los indicadores socioeconómicos?

El Cedla resume en su informe los principales resultados del 21060 en tres ámbitos:

En el ámbito macroeconómico:

  • · Moderado crecimiento económico, a un ritmo promedio de 3 % en los 90.
  • · Inestabilidad del crecimiento económico, aún en presencia de una elevada Inversión Extranjera Directa (IED); desde 1995 se observa variaciones desde 4,5 % a 0,4 %; estas fluctuaciones del comportamiento del producto dan cuenta de la escasa sostenibilidad del crecimiento.
  • · El crecimiento del producto per cápita, de 1,7 % en promedio, se sitúa por debajo del crecimiento de la población (2,3 %).
  • · Déficit fiscal no resuelto, permanece en tasas cercanas al 4 % en promedio y el último año (2002) alcanzó el 8.6%.
  • · Bajas tasas de ahorro interno (14 % del PIB), las más bajas de América Latina: tanto el servicio de la deuda externa como el creciente deterioro de los términos de intercambio reducen el ahorro interno disponible para la inversión a apenas un 7 % del PIB.
  • · Se aprecia un déficit recurrente de la balanza comercial, derivado de la apertura y de políticas comerciales agresivas que no tienen como contrapeso políticas dirigidas al fortalecimiento productivo: en la actualidad, Bolivia aprovecha solamente el 6 % de las preferencias arancelarias del CAN y el 4 % del MERCOSUR.
  • · Creciente deterioro de los términos de intercambio, asociado a la exportación de productos básicos con escaso valor agregado y a los cambios en la demanda y los precios relativos en los mercados.
  • · Creciente reducción de la demanda interna y el consumo de los hogares, por efecto de los bajos salarios y la vigencia de políticas impositivas regresivas como el Impuesto al Valor Agregado (IVA), que penalizan al consumo de los más pobres.

En el ámbito productivo:

En economías como la boliviana, no existen los beneficios de la globalización en términos del proclamado impulso a la productividad, competitividad y al cambio en el perfil exportador que proviene de la apertura al comercio exterior y del estímulo a la inversión extranjera; las condiciones actuales son las siguientes:

  • · La productividad tiene una tendencia negativa y las posibilidades de ser competitivos en una economía global se asientan en la sobreexplotación de la fuerza de trabajo y de los recursos naturales.
  • · No se ha logrado acceso a una transferencia e innovación tecnológica capaz de promover la reestructuración productiva, el fortalecimiento de cadenas de valor y la generación de empleo. Bolivia continúa atada a una estructura productiva basada en: i) la exportación de recursos naturales con escaso valor agregado; ii) un puñado de industrias de bienes de consumo básico; y iii) una miríada de pequeñas unidades económicas de baja productividad, concentradas en sectores que reciben el impacto de las políticas de apertura comercial (manufactura, agropecuaria), además del comercio y los servicios personales.
  • · La mayor parte de los productores/as del campo y las ciudades están excluidos del acceso a recursos productivos (capital, tecnología, conocimientos, tierra), aspectos que han sido abandonados al libre juego del mercado. Paradójicamente, se trata de un mercado poco desarrollado y que deja por fuera a quienes no detentan poder económico o político.
  • · Hoy en día, con la capitalización de las empresas públicas y la IED en otros sectores, el 65 % de las decisiones de inversión ha quedado en manos del sector privado transnacional, es decir, sectores intensivos en capital que no generan articulaciones con el resto de la economía.
  • · La concentración de un alto porcentaje del excedente económico en manos del capital foráneo, ampliamente favorecido por las leyes promulgadas en el marco del ajuste para la repatriación de utilidades, la libre contratación de mano de obra, la fijación de precios y tarifas al margen de la regulación estatal, han creado las condiciones para la "generación de excedentes sin acumulación interna", con graves efectos para la sostenibilidad del desarrollo productivo.
  • · Un indicador que sintetiza el carácter esquivo de las políticas para la reestructuración productiva es la drástica reducción del empleo asalariado en la economía: el índice de asalariamiento ha descendido por debajo del 50 %. Lo anterior expresa la crisis del aparato productivo por efecto de la ausencia de políticas públicas para su modernización y su sustitución por políticas comerciales agresivas, que apuestan al mercado como el motor de la transformación productiva.

En el ámbito de la reducción de la pobreza:

En contraste con la mejora de algunos indicadores sociales en los ámbitos de la educación y la salud -que, dicho sea de paso, todavía expresan fuertes inequidades de género- la persistencia de los niveles de pobreza y el aumento de su intensidad no es más que uno de los efectos más evidentes de los cambios económicos, institucionales y políticos del país impulsados por el ajuste estructural. Aquí algunos indicadores y condiciones sociales:

  • · De hecho la pobreza, medida a través de los ingresos, continúa afectando a más del 60 % de la población total y el 92 % de la población rural; estos índices se han reducido levemente en términos relativos, pero la pobreza ha aumentado en términos absolutos. Más de cinco millones de bolivianos, de una población de ocho millones, se encontraban por debajo la línea de pobreza en 1999.
  • · La desigualdad en los ingresos, medida por el índice de Gini, se ha incrementado con el tiempo y hoy es mucho mayor (con un nivel de 56 %) con referencia a finales de los 70, cuando se registraba un índice de 49 % .
  • · Los efectos de estas tendencias atraviesan los diferentes sectores, las familias y los individuos, marcando profundas diferencias sociales y de género. La mayor parte de la población está expuesta a: i) la precariedad del empleo, los bajos salarios y la carga de trabajo no remunerada que recae con mayor intensidad sobre las espaldas de las mujeres; ii) la falta de acceso a recursos productivos (tierra, agua, capital, conocimientos); iii) la exclusión en la provisión de servicios básicos por efecto de su creciente mercantilización; y iv) una mayor carga de los impuestos indirectos, que penalizan el consumo sin diferenciar bienes de consumo básico y suntuario con una clara desventaja para los más pobres.
  • · Se trata de efectos directos e indirectos que afectan el acceso a los principales medios de vida, cuya incidencia recae en forma desproporcionada sobre las mujeres, quienes, en el espacio del mercado y en la esfera doméstica, enfrentan mayores responsabilidades vinculadas con la reproducción de la fuerza de trabajo.
  • · En efecto, no sólo las mujeres se ven impulsadas hacia el mercado laboral bajo condiciones muy desfavorables, sino que con frecuencia su actividad -en unidades de producción campesinas, las comunidades indígenas o en el sector informal de la economía- tiende a pasar desapercibida; es decir, la participación de las mujeres en la economía estrictamente vinculada con la producción y el mercado no es contabilizada ni considerada como actividad económica por aparecer como una extensión del trabajo doméstico.
  • · La menor provisión de servicios básicos y el encarecimiento de los bienes de consumo también afectan de manera desigual a las mujeres, quienes deben suplir con la prolongación de sus jornadas de trabajo aquellos bienes y servicios cuyo acceso les es sistemáticamente negado desde el Estado y el mercado.
Gentileza de la Agencia de Noticias BolPress

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