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LA PÉRDIDA DE PANAMÁ: CIEN AÑOS (Nota VIII)

La conspiración imperialista

“…fue durante esa entrevista (9 de octubre de 1903) que entre Roosevelt y yo quedó trazada la marcha de los futuros acontecimientos…”
Philippe Buenau-Varilla
“El gobierno de los Estados Unidos sostiene que está obligado, no solamente por las estipulaciones de los tratados sino también por interés de la civilización, a velar por que el tráfico pacífico del mundo a través del Istmo de Panamá no se vuelva a perturbar…”
John Hay en Bogotá, Sr. Beaupré, 6 de noviembre de 1903, secretario de Estado a su embajador.
“En presencia de los hechos ocurridos allá y en esta ciudad, y careciendo de medios preventivos así de los ultrajes perpetrados contra la soberanía nacional, especialmente por los que han traicionado a la República de Colombia como por la desplegada por las fuerzas americanas desembarcadas en apoyo a la traición, nos vemos en el caso de deponer la autoridad con que estamos investidos y de separarnos del puesto con el sentimiento de haber visto, como colombianos, nuestro país hollado por traidores y sus aliados extranjeros.”
Pedro A. Cuadrados, prefecto; Eleazar Guerrero, alcalde. Colón, Panamá.
Por José Fernando Ocampo T.

Rebanadas de Realidad - MOIR, Deslinde - Colombia,13/10/03.- Como queda dicho, Estados Unidos siempre buscó en el siglo XIX un paso por Panamá y aspiró a construir un canal como medio de comunicación interna y como posición estratégica mundial. A medida que su economía lo colocó en condiciones de competir con las potencias europeas, la necesidad estratégica se fue volviendo acuciante. Que Francia se le adelantara a construir el Canal constituyó un desafío intolerable y presidente tras presidente durante dos décadas maniobraron para recuperar la iniciativa y triunfar en una batalla de proyecciones seculares. Pero parece que todo se hubiera confabulado a su favor después de que ascendiera al solio de Washington Teodoro Roosevelt, tras el asesinato del presidente McKinley.

No hay investigación histórica sobre la pérdida de Panamá que no señale a dos personajes como los instrumentos que le sirvieron al recién surgido imperio para apoderarse del Istmo, William Nelson Cromwell y Philipe Buneau-Varilla, no importa que queden en segundo plano los senadores Spooner, Morgan, Hepburn, Hanna, el almirante Morgan, el embajador Baupré, el agente de la Compañía del Canal en Bogotá Mancini y tantos otros. Cromwell, norteamericano, gozó de la intimidad de la Casa Blanca y Buneau-Varilla, francés, terminaría su periplo como embajador plenipotenciario de la nueva república de Panamá ante Washington. Los dos representaron los intereses de los grandes especuladores que arriesgaron gigantescas sumas de dinero en esta aventura y se encargaron de sobornar a manos llenas franceses, gringos, panameños y colombianos.

Cromwell se ganó la confianza de Roosevelt; trató de igual a igual con todos los senadores involucrados en la legislación pertinente; descrestó al embajador Martínez Silva; derrumbó la barrera de la prevención de José Vicente Concha en Washington; amarró la firma de Tomás Herrán en el Tratado Herrán.Hay; se confabuló con Buneau-Varilla; se convirtió en director de los traidores panameños; sobornó al hijo del presidente, el senador Marroquín; y, lo más asombroso de todo, entabló amistad de confidente con el futuro presidente de Colombia, Rafael Reyes. Desde la compañía de Cromwell, Sullivan & Cromwell, se operaron los gigantescos negociados de la compra de las acciones de la compañía francesa del Canal, de su transferencia a la nueva compañía del Canal, de la compañía interoceánica de Panamá, en fin, de todas las transacciones francesas y norteamericanas. Su poder en la pérdida de Panamá resulta increíble para quien examina las crónicas detalladas de Terán y Lemaitre.

Pero quien iría a tramar los detalles de la separación de Panamá sería el ingeniero francés Buneau-Varilla, quien por quince años había batallado por la vía del Istmo, acicateado por la fortuna inmensa comprometida por él en toda la aventura del Canal. Para salvarla, no tuvo empacho en comprometer su dinero y los intereses que poseía en las Compañías de Panamá con tal de convencer a los norteamericanos de definirse por esta vía y maniobrar la creación de la nueva República. Si Cromwell había contribuido con más de medio millón de dólares a la campaña de McKinley para presionarlo por Panamá, Buneau-Varilla lo había logrado simplemente con la amenaza de erupción del volcán Momotombo en Nicaragua que definiría la votación del Congreso estadounidense. Fue el francés, finalmente, el que tomó las riendas de la separación y, aunque parezca increíble, en menos de tres meses logró que Panamá se independizara y que él firmara por la nueva nación el tratado de construcción del Canal con Estados Unidos, el tratado Hay-Buneau-Varilla.

El 9 de octubre de 1903, a menos de un mes de la declaración de independencia, Teodoro Roosevelt y Philippe Buneau-Varilla sellan el atraco de Panamá en la entrevista que sostienen en la Casa Blanca. Lo que el especulador francés le propone a Roosevelt es la “revolución” contra Colombia y el señor del big stick le sale adelante con la decisión ya tomada de intervenir con la fuerza en Panamá. Cuatro meses antes, en una larga entrevista el 13 de junio, Roosevelt y Cromwell habían acordado propiciar la separación de Panamá para el 3 de noviembre, fecha de la independencia norteamericana, sin violar el Tratado de 1846, argumentando que allí lo que se prohibía era una intervención extranjera armada y no un levantamiento interno. Hasta ese momento Roosevelt no había ambicionado sino apoderarse de la franja del Canal. Ahora iba por todo, el Canal y el Istmo completo. De ahí en adelante, los dos especuladores, armadores de todo el tinglado, Cromwell y Buneau-Varilla, se dedican a dirigir los traidores de Panamá. Ha quedado todo listo: el poder imperialista de Roosevelt, sus instrumentos provenientes de la especulación internacional y los traidores panameños.

Es difícil encontrar en la historia moderna que los asaltos colonialistas o imperialistas no hayan contado con el apoyo de sectores internos en los países sometidos. En la actualidad, el poder del capital financiero, especialmente, aprovecha una red infinita de tentáculos con los que somete la mente y la actitud de los nacionales que apoyan la dominación o concilian con ella. Panamá fue un modelo. Estados Unidos controlaba las comunicaciones telegráficas; era dueño del Ferrocarril de Panamá con toda su infraestructura; se había adueñado con Cromwell de la nueva empresa del Canal que había reemplazado la de Lesseps; eran gringos y en inglés los dos periódicos principales; había sido infiltrado el Cuerpo de Bomberos; y, como menciona Terán, tres empresas gringas Isaac Brandon & Brothers, Piza, Nepwes & Co, Henry Ehrman & Sons se convirtieron en los más rabiosos conspiradores.

El médico del Ferrocarril, Manuel Amador Guerrero—que sería nombrado primer presidente de la republiqueta—; el dueño de los periódicos The Panama Star & Herald y la Estrella de Panamá, José Gabriel Duque; y el abogado del Ferrocarril, José Agustín Arango, senador entonces todavía de la República de Colombia; fueron los principales artífices de esta traición. Tenían una estrecha relación política y de amistad con los funcionarios gringos del ferrocarril que tomaron parte en una u otra forma, directa o por medio de los dos jefes de la conspiración, Cromwell y Buneau-Varilla, los señores Shaler, Beers y Prescott. Fue en la habitación 1162 del Hotel Waldorf Astoria de Nueva York donde Amador Guerrero arregló con Buneau-Varilla las condiciones de la felonía, el precio de su infamia, el poder del chantaje a que se sometió y la negociación de su primera presidencia. Allí el francés le entregó a Guerrero un código secreto de correspondencia, una proclamación de independencia, un proyecto de Constitución, un plan de operaciones militares y hasta una bandera (¡!). De allí salió el futuro primer mandatario con una bolsa de dólares destinados a comprar conciencias y a formar su fortuna personal.

(No puede uno explicarse cómo la separata de historia sobre “el centenario de Panamá“ que acaba de empezar a publicar Credencial este mes y dirigida por historiadores colombianos de la talla de Jorge Orlando Melo y Alvaro Tirado Mejía permite que a Amador Guerrero se le denomine “prócer separatista” en un artículo de Olmedo Beluche.)

El 3 de noviembre de 1903 fue conformado el gobierno provisional de la nueva República de Panamá con una Junta de Gobierno o Junta Revolucionaria, conformada por ocho personajes, entre los cuales estaban José Agustín Arango y Manuel Amador Guerrero, protagonistas de esta historia trágica. Inmediatamente nombraron a Buneau-Varilla embajador plenipotenciario en Washington para hacer la entrega del Istmo. Pero solamente hasta el 6 fue izada la bandera del nuevo Estado en la Prefectura y reemplazada la colombiana. El encargado de hacerlo fue el mayor Murray Black, oficial del ejército estadounidense. Fondeados en el puerto de Panamá los acorazados Nashville y Dixie de la armada norteamericana desembarcaban los marines para proteger el zarpazo. Veinte años después, el general Huertas, comandante del batallón “Colombia” en Panamá, vendido a los conspiradores, se lamentaba en sus memorias con estas dramáticas palabras: “De dueños, pasamos a arrendatarios; de libres, al servilismo, y después de deshacernos de Colombia, llegamos a ser los siervos de los sajones y seremos parias en nuestra propia tierra” (citado por Lemaitre, Panamá…, pag. 509)

Bibliografía mínima: Oscar Terán, Panamá, del tratado Herrán-Hay al tratado Hay-Bunau-Varilla. Historia crítica del atraco yanqui, mal llamado en Colombia pérdida de Panamá y en Panamá nuestra independencia de Colombia; Jorge Villegas y José Yunis, Sucesos colombianos. 1900-1924; Eduardo Lemaitre, Panamá y su separación de Colombia.
Gentileza de MOIR y Deslinde.
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