La guerra de Colombia (Parte II) Dios y el Diablo en la tierra del sol

Por Carlos M. Duré

Buenos Aires, Agencia SICLA, 7/10/02.- El control del movimiento de migrantes en la frontera Ecuador - Colombia es riguroso. Se calcula que unos 300 mil colombianos han emigrado al país vecino huyendo de la guerra. Más precisamente, de incursiones sangrientas atribuidas a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que así proceden desde la campaña electoral que entronizó a Uribe, con el objeto de disuadir cualquier colaboración popular con las FARC.

Desde hace tres años se estima que hay un millón de colombianos que se desplazan de un lugar a otro, de un país a otro, trasladando consigo causas y efectos de una guerra que Estados Unidos, al menos en su retórica, trata de circunscribir a Colombia.

Semejante cantidad de emigrantes es, de suyo, una crisis económica para el país que los reciba. No obstante no se trata de cientos de miles de variables económicas. Van con ellos su ideología, años de convivir con la violencia -lo que genera una subcultura-, el deseo de retornar a su comarca ni bien termine el conflicto y, fundamentalmente, la dinámica social, la predisposición a los cambios abruptos que tienen los fugitivos.

Los ojos de Dios y los ojos de águila

La sociedad ecuatoriana, que se ve impactada de lleno por la guerra, es un reservorio bucólico de otros tiempos. La iglesia católica allí fomenta y ejerce un patriarcado conservador. La mayoría de las escuelas le pertenecen. Y los patronatos para pobres exhiben desde su nombre el sentimiento de superioridad social sobre el 80% de la población.

La prensa ecuatoriana da noticia permanente de la opinión policial y episcopal respecto de los forasteros colombianos. Una y otra institución (operativo ojos de águila) repiten que en ese tránsito fronterizo se infiltran combatientes irregulares. La iglesia se considera como un eficiente detector de ilegales, pues en su dramática condición acuden al apoyo espiritual u otro tipo de amparo.

Es así que los curas pueden llevar un conteo más exacto de colombianos que la policía a la que le enmiendan los números cotidianamente.

Las estrictas cláusulas de residencia hacen que muchos sean devueltos al valle de lágrimas que es el del río Putumayo. Una chica de 15 años fue expulsada de su escuela y deportada. El jueves pasado cuatro mujeres se presentaron ante la monja directora, María Cecilia Velazco del colegio Sagrado Corazón de Jesús, para que guareciera allí a una niña de tres años. La monja -dice la prensa- las encontró sospechosas y las echó, solicitando posteriormente fuerzas de seguridad.

La guerra y las dos iglesias

Confirma la identificación de un sector del catolicismo con procesos que alcanzaron al paroxismo en los '70. Otra iglesia católica es la brasileña. EL Movimiento de los Sin Tierra (MST) son 4 millones de campesinos que van de un sitio a otro procurando alguna hectárea para sobrevivir. En la opinión de la Secretaría de Defensa de EUA, ampara a emigrantes colombianos de la Amazonia y combatientes de las FARC. El MST ha sido inspirado por los curas de la teología de la liberación. Como aquel obispo de Chiapas, Samuel Ruiz, lo une un fuerte vínculo a ese éxodo de hambrientos tan bien descrito por el escritor peruano Mario Vargas Llosa en "La guerra del fin del mundo", una novela profética.

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