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LA PÉRDIDA DE PANAMÁ: CIEN AÑOS (XII)

Los patriotas

Por José Fernando Ocampo T.

Rebanadas de Realidad - MOIR, Deslinde - Colombia, 09/11/03.-

"...el escritor como el caballero de Assas, debe dar el grito de alerta: ¡a mí Auvergne! ¡he ahí el enemigo! Aunque caiga después cubierto de dardos y, bañado en sangre; caer sin haber temblado es la Victoria".
Vargas Vila, Ante los bárbaros. pag. 80.

"...el miedo, centinela vil, guarda en la boca la palabra esclava … solo un himno, el himno de la victoria omnipotente, llena el espacio".

Vargas Vila, Ante los bárbaros. pag. 43.
"...si no hay ya, en ciertos países de nuestra América, hombres que sepan cómo se muere, es necesario que sepan siquiera de qué se muere…el yanqui va tras de ellos y, los ultimará de rodillas, ya que no supieron resistir puestos de pie".
Vargas Vila, Ante los bárbaros. pag.129.

Quiero exaltar la memoria de los patriotas que defendieron la soberanía nacional en la tragedia de Panamá, superando la vileza de la clase dirigente que gobernaba el país. En los tiempos que corren de auge globalizante, resulta reconfortante recordar a quienes se levantaron contra la ignominia. Por todas partes surgieron movimientos de protesta en el país, la mayoría de ellos todavía no consignados por la historia.

Si Oscar Terán escribió su obra de aullido doloroso contra Estados Unidos y los traidores; si Pérez y Soto no descansó hasta su muerte en un combate sin tregua contra la entrega; si Miguel Antonio Caro utilizó su demoledora oratoria clásica en el Senado de la República hasta derrotar el Tratado Herrán-Hay; si Joaquín F. Vélez obligó a Marroquín a aprobar un plan de lucha contra Estados Unidos por la defensa de Panamá; si Indalecio Camacho y Fabio Lozano Torrijos organizaron el movimiento de la Integridad Colombiana decidido a la reconquista del Istmo; si la Asamblea de Panamá votó por unanimidad contra la felonía de sus dirigentes; si la prensa antigringa del Istmo repudió de inmediato las maniobras secesionistas; si Pedro A. Cuadrado y Eleazar Guerrero renunciaron a su cargos en Colón por no seguir ensuciándose con el nuevo régimen; si cien mil colombianos combatientes de muchas guerras se alistaron para ir a luchar por Panamá; si el general Daniel Ortiz entrenó un ejército en Titumate decidido a atravesar el Darién por tierra a rescatar el suelo patrio perdido; si el general Antonio Roa Díaz reunió mil quinientos soldados de refuerzo a la expedición de Urabá; si el coronel Inanaquiña condujo a los indígenas de San Blas a los campamentos de Ortiz y Roa dispuestos a sumarse a la reconquista; si el pueblo de Bogotá se amotinó contra Marroquín, por su conducta criminal de haber dejado perder un pedazo de la patria y se levantó contra Reyes por el Tratado Cortés-Rooth, peor que el Herrán-Hay; si Diego Mendoza renunció a la embajada de Washington ante el desprecio del Gobierno americano y afrontó con valentía la persecución de Reyes por haber defendido los intereses nacionales; si los pueblos de Barranquilla y Magangué impidieron el desembarco de todo cuanto traidor intentó desembarcar proveniente del exterior-Vásquez Cobo, Pompilio Gutiérrez, Antonio José Uribe; si tantos intentos heroicos de los patriotas que se rebelaron por doquier contra el robo de Panamá resultaron inútiles en el propósito de mantener la "integridad nacional"; si todo eso y mucho más no está escrito, reconocido y exaltado, es más por la desidia de una historia oficial acobardada o por una historia que se ha dejado absorber de la adulación y la intriga.

Por eso le doy la palabra al más zaheriente de los escritores colombianos, a José María Vargas Vila, patriota integérrimo, expulsado de Estados Unidos por haber dejado estampada la verdad sobre el robo de Panamá, quien simboliza toda esa égida de combatientes de la pluma y de la espada, hoy tan olvidados de esta historia. En 1917, en plena guerra mundial, escribió un panfleto titulado Ante los bárbaros (los Estados Unidos ante la guerra) El yanqui; he ahí el enemigo. Extracto pasajes de allí porque me parece interpretan el sentir de todos aquellos patriotas que lucharon a brazo partido en tan diferentes escenarios por la integridad de Colombia. (Conservo en el texto la misma puntuación y la misma presentación del original; los puntos suspensivos entre paréntesis son míos)

 
por qué no tiene hoy, el mundo un canal internacional, sino un
canal yanqui, para unir el Atlántico y, el Pacífico, bajo la
feria de la luz de los trópicos?...
por su indiferencia culpable hacia los débiles;
por su complicidad con los altos escrocs de la política
internacional como Buneau-Varilla, que robaron
cínicamente a un pueblo -corrompido y, culpable, es
verdad- pero posesor indiscutible de la cosa robada;
porque Europa permitió y apoyó el despojo de Colombia,
protegida por la Fe de un Tratado, con su propio
detentor…
porque ella permitió el crimen del Gobierno yanqui, que con
una mano, mutilaba a un país débil y, con la otra,
desgarraba las hojas del Tratado, que lo unía a aquel
pueblo y, lo hacía protector de la cosa robada...
¡ese Tratado, que no tenía, como todos los suyos, sino el valor
irrisorio del juramento de un pirata ebrio, hecho ante los
mares y los cielos en una noche de orgía;
la Europa aprobó y aún aplaudió aquel despojo, bajo el
pretexto de la corrupción manifiesta de los políticos
colombianos;
yo, no niego y antes afirmo, esa corrupción;
pero; ¿desde cuando la corrupción de los débiles, es un pretexto
para la corrupción de los fuertes?...poner la corrupción
de los otros como escabel a su propia fortuna, es ser más
corrompido que aquellos que se explota;
la más baja forma de prostitución, es explotar la de los otros;
¿vamos a hacer de ese comercio una política?
¿vamos a proclamar la Ley del Contagio, como un postulado de
Ética, y, a declararla resolutiva, en los problema de la
Política internacional?
tanto valdría declarar la Trata de blancas, incluida como un
principio de nuestro Derecho de Gentes, más allá del
mar…
ante esta solución, los límites de la lógica retroceden
asombrados, más allá de los campos ilimitados del
absurdo;
por esa indiferencia y por esa complacencia culpables, fue
posible que el Canal de Panamá, ideado por el cerebro de
un francés, iniciado con capitales franceses, encontrase
un francés que haciendo traición a la Raza y al Honor,
fuese a ofrecerlo en almoneda en los mercados de
Washington...y lo vendiese como lo vendió a la raza
enemiga...
dueños
(…)
hay genízaros del pensamiento, como hay genízaros de la
Acción;
Roosevelt, es rouge-rider, y, es diarista;
con la una mano, despoja al débil, y, con la otra, hace apoteosis
de su despojo…
los Roosevelt, de las selvas africanas, no tienen esa osadía;
se conforman con robar a su víctima;
la matan…no la ultrajan…
siempre hay más pudor en la selva ecuatorial que en la Casa
Blanca…
(…)
son Roosevelt, Taft, Rooth, Wilson;
esos pastores de búfalos, no pueden ser sino la encarnación
raquítica de un cesarismo plutócrata, sin otro elemento de
grandeza que el alcance de sus cañones, de un
imperialismo matonesco, mostrando al mundo, como una
amenaza, el furor de sus puños de gañanes;
y, aún hay quien me critique, no haber admirado nunca estos
cazadores de pueblos débiles, que desmembraron mi
patria, que humillaron nuestra raza, que han hecho de
nuestra América hispana, el predio de sus codiciosas
aventuras;
que los admiren ellos, almas de esclavos, a quienes deslumbra el
alba escarlata en que pasan envueltos esos Nemrods de
vaudeville;
dejadle a un hombre honrado el acre placer de despreciarlos;
(…)
¿Cuál es el peligro de la América Latina? EL PELIGRO
YANQUI; (…)
y he ahí cerca de seis lustros, que vengo anunciando a los
pueblos de América Latina, el peligro yanqui;
y con sus oídos sordos por el rumor de sus vociferaciones, ellos
no oyeron;
y, con sus ojos turbios por brumas de esclavitud, ellos no lo
vieron;
desde la soledad de mis dolores, y, de mi ostracismo, sobre las
playas del infortunio y, del destierro, por todos los climas
donde la tempestad empujó mi barca, mi grito anunciador,
y, denunciador no se ha callado...
dondequiera que he puesto pie, he hecho tribuna de las tablas de
mi barca, rota por los naufragios, y, desde ella he
anunciado a la América Hispana, la llegada de los
bárbaros...
y, ella no me oyó;
y los bárbaros llegaron;
y, ellos han quitado los más bellos florones a la corona secular
de la latinidad vencida, dispersa en las selvas del trópico;
ellos han invadido a México, aprisionado a Cuba, a Haití, a
Santo Domingo, conquistado a Puerto Rico, y
despedazado a Colombia, y cometido el robo audaz de
Panamá...
¡pobres pueblos vendidos, no vencidos!
¡tristes fragmentos de patrias despedazadas, y, repartidas en
pública almoneda!
los mutiladores de México, los espoliadores del Istmo, tienen el
cuello de la América prisionero en esa tenaza formidable;
y, continúan apretando, y, estrangulando a esos pueblos, que se
debaten, prisioneros en ese círculo de hierro, amenazando
su existencia efímera, que despojada de la fuerza, parece
no tener una sombra de derecho para cubrirse;
¿cómo alzarnos, cómo organizarnos, cómo defendernos, ante
estas avanzadas de hoy, débil anuncio de las que vendrán
mañana, para despojar, anonadar, y, extirpar nuestra
raza vencida, sin fuerza, sin cohesión?
¿cómo prepararnos para resistir y, para vencer ante esta alba
profunda -alba de sangre- ante este enigma de fuego,
que nos cerca, poniéndose el pavoroso dilema de: Luchar
o abdicar; Vencer o desaparecer? No es posible otra
solución; ¡vencer! ¿y nuestra debilidad?
pero ¿por qué somos débiles?
porque estamos aislados, disjuntos y dispersos;
y, así extraviados, divididos, diseminados como tribus avenidas
por el huracán de una maldición bíblica, somos un campo
abierto a la conquista; y, con los ojos cerrados ante el
abismo, nada pensamos, nada acordamos, nada hacemos
para organizarnos ante la invasión de los bárbaros
(…)
es necesario combatir el yanqui, o declararnos francamente sus
esclavos;
to be or no to be;
pero en caso de decidirnos por la esclavitud, tener siquiera el
valor de proclamar altamente nuestra infamia;
y, probar claramente al mundo, que los leones de Castilla no
dejaron descendientes en nuestras selvas, donde manadas
de orangutanes bélicos, se dejan domesticar, apretando
entre sus manos de palmípedos venales, las bellotas de
oro que los conquistadores les arrojan, y, alzando al
viento sus colas, como estandartes de victoria;
la triste victoria de la animalidad doméstica por la Fuerza…
anticiparse a la derrota, es triste recurso de los pueblos que no
merecen el honor de ser vencidos;
Luchar o abdicar;
Vencer o perecer; Unirnos o morirnos;
La Unión o la desaparición;
he ahí el Inexorable dilema; es necesario escoger;
escojamos…
(…)
nosotros no podemos aprisionar el águila del Norte, y la
presentimos ya, señoreando sobre el horizonte patrio;
cumplimos con señalar su rumbo, designándola al tiro del
Arquero;
¡sagitarios de pampas y, montañas, allá van las águilas del
Norte! ... (…)
en este trance supremo, cuando merced a la confusión y, al
desconcierto y, a la espesa sombra que el estupor produce
en la conciencia, el enemigo avanza silencioso como los
soldados de Brunswick, el escritor como el caballero de
Assas, debe dar el grito de alerta: ¡a mí Auvergne! ¡he ahí
el enemigo!
Aunque caiga después cubierto de dardos y, bañado en sangre;
caer sin haber temblado es la Victoria.
Gentileza de MOIR y Deslinde.
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