Día de la Independencia

Por Carlos M. Duré

Buenos Aires, Agencia SICLA, 4/7/02.- El 2 de Julio pasado se suscribió un pacto internacional para la constitución de una corte penal internacional.

Todos los países miembro de las Naciones Unidas acordaron la jurisdicción de dicha corte en casos de genocidio, crímenes de guerra y otras atrocidades que se produjeren en enfrentamientos entre naciones o entre bandos de una misma nación.

El único país que no adhirió fue Estados Unidos, paradójicamente, el principal impulsor de la corte penal internacional durante la administración de Clinton.

Las razones de USA para semejante apostasía son sencillamente que esa nación no permitirá que se someta a ninguno de sus súbditos a otra jurisdicción que la de sus propias leyes. Y aunque la patria de Tom Sawer siempre fue consecuente con diversas formas de proteccionismo, es la precursora de la autodenominada Doctrina de las Soberanías Limitadas.

Doctrina de las soberanías limitadas

Tal doctrina fue ganando la teoría política en la última década aduciendo el fenómeno de la globalización, en éste caso del delito y la afectación de los derechos humanos.

El caso desencadenante fue el secuestro, suplicio y asesinato de un agente de la DEA (Drug Enforcement Agency), Enrique Camarena, por narcos mexicanos en 1990.

La Suprema Corte de EE.UU. emitió entonces una resolución que contenía la esencia de la doctrina de las soberanías limitadas. Sirvió de soporte legal para una intervención secreta de la DEA en México donde secuestró a varios oficiales de policía. También apoyó la invasión de Panamá y el secuestro del general Noriega acusado de narcotraficante el mismo año.

Uno de los hechos más recientes que pretende enmarcarse en la mencionada doctrina es el juicio al ex presidente de Yugoslavia, Slovodan Milosevic por crímenes de guerra y genocidio. Este juicio en un tribunal internacional fue patrocinado con todo entusiasmo por USA cuyas fuerzas armadas participaron en la guerra de secesión yugoslava.

El violento viraje hacia una política aislacionista del presidente Bush no significa que USA deje de inmiscuirse en asuntos internos de otros países como Afganistán, Venezuela o Filipinas. Sino que en lugar de hacerlo en nombre de la salvaguarda universal de los derechos humanos, lo hace en preservación de sus intereses, cosa que quedó bien clara en el discurso de su presidente el 11 de Septiembre de 2001.

Dentro de la ley, todo. Fuera de la ley,todo

El rechazo del pacto internacional resguarda a ciudadanos norteamericanos como Henry Kissinger, reclamado por varios jueces en varios países, implicado en casos de genocidio cuando era secretario de estado.

Una política internacional tan belicosa como la que guió las tácticas del famoso Dr K, puede reproducir émulos siempre que se les den ciertas garantías.

Cuando por inercia de la globalización el mundo político sigue preconizando la limitación de la soberanía de los países en aras del bien de la humanidad, hay dos formas de interpretar este desplante norteamericano.

Una es que pretende la impunidad para sus súbditos, hagan lo que hagan y donde lo hagan, siempre que se refugien en su soberanía. Otra es que Estados Unidos es una nación soberana orgullosa de sí misma, cuando otros países disimulan su baja autoestima en el estado gaseoso de la universalidad.

Si las demás naciones defendieran su soberanía como USA, probablemente la Doctrina de Soberanías Limitadas hubiera quedado limitada al claustro de la suprema corte de aquel país. En la Argentina, por ejemplo, no se hubiera derogado la ley de subversión económica para satisfacer las exigencias del FMI, organismo sincronizado con el voluble gobierno de George Walker Bush.


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