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OPINIÓN - ARGENTINA
Morir en alta mar (Nota 3)
Reflexiones argentinas luego de la matanza del Mavi Marmara
Influencia judeo-sionista en la Argentina y en EE. UU.
Por Juan Gabriel Labaké E-mail
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Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 05/06/10.- El silencio sepulcral que las organizaciones judeo-sionistas (1) de nuestro país, DAIA, AMIA y OSA fundamentalmente, guardan ante la masacre israelí de los pacifistas del barco Mavi Marmara en aguas internacionales, contrasta visiblemente con la hiperactiva campaña que desplegaron para disimular, tergiversar y, en todo caso, hacer olvidar rápidamente las terribles acciones que cometió Israel cuando invadió el Líbano en 2006.

En aquella oportunidad se movilizaron ágil y enérgicamente para reclamar comprensión hacia el “sufrido” Estado de Israel, que “se veía obligado a reprimir el terrorismo”… libanés. Incluso llegaron a movilizar a algunos prelados del Episcopado argentino en tareas de distracción planificada, como fue la exitosa campaña judeo-católica para que se enseñara la “historia oficial” del Holocausto en las escuelas primarias de la Capital Federal, mientras el ejército israelí masacraba libaneses inocentes, muchos de ellos, católicos… sin que ningún obispo (o siquiera un sacerdote) dijera una palabra de protesta o en defensa de sus hermanos de fe.

El contraste entre aquella actividad y esta anomia de hoy del sionismo criollo tiene una explicación: en los cuatro años que pasaron desde la matanza de libaneses, el Estado de Israel ha perdido una enorme cuota de confiabilidad en el mundo, y también en la Argentina.

Hasta mediados de 2006, Israel, si bien con fórceps y mucho disimulo, lograba aún hacer creer a la gente que, en esta macabra película, a)- él era un humilde David enfrentado involuntariamente al feroz Goliat árabe, b)- que su posición era altruista porque se limitaba a ejercer el derecho a la legítima defensa ante la amenaza “terrorista” musulmana, c)- que era la “única democracia del Medio Oriente” y otras falacias por el estilo, lanzadas a correr por sus servicios de acción sicológica.

Pero aquel martirio de tantos libaneses inocentes logró perforar el blindaje informativo con que Israel ocultaba su verdadero rostro, algo que no había sucedido con la matanza inicial de Deir Yassin y de las otras 440 aldeas palestinas arrasadas con furia en 1948, que costó unos miles de palestinos asesinados y otros 700.000 expulsados hacia Jordania, Egipto, Siria, Irak y el Líbano. Digamos, de paso, que aquellos 700.000 “terroristas” palestinos expulsados por las “democráticas” bandas de Ben Gurion-Golda Meier y Menahen Begin, suman hoy 4.000.000 de seres humanos, que también son “terroristas” ya que pretenden regresar a su patria… ocupada por Israel.

Ésa es la “historia oficial“, la realidad virtual (si la Sra. de Kirchner me permite usar ese recurso retórico de su invención) difundida por las usinas pro-Israel, y es también la versión que ya no convence a la Argentina ni al resto del mundo (me refiero a la versión de Israel, no a la de la señora presidente… por supuesto). El proceso de descreimiento comenzó antes de 2006, pero la invasión al Líbano le dio un inmenso impulso, que la super-auto-estima ancestral del judeo-sionismo le impidió detectar. Ahora, con la matanza del Mavi Marmara, se ha completado el círculo de la desconfianza hacia Israel, y sería muy difícil que las organizaciones judeo-sionistas de la Argentina lograran hacer una campaña efectiva para disimular que el terrorismo actual está en Tel Aviv, no en Ramallah, Gaza o Beirut.

No tengo dudas de que ése es el motivo del actual silencio del judeo-sionismo criollo.

Pero es riesgoso creer que ha cesado para siempre la actividad de esos grupos dependientes de Israel, que intentan condicionar y torcer nuestra política exterior, y aún la interior, en beneficio de su “metrópolis”. La influencia judeo-sionista volverá a notarse en la Argentina, y la sufriremos con mayor intensidad que antes, quizás, porque detrás de ella están los mayores y más inescrupulosos intereses y poderes económicos, políticos y militares del planeta.

Como ejemplo aleccionador de dicho riesgo, vale la pena mencionar la obra de investigación académica que, con el título de “Informe Harvard”, efectuaron en 2007 los profesores universitarios norteamericanos John J. Mearsheimer, director del Departamento de Ciencia Política-Universidad de Chicago, y Stephen M. Walt, decano administrativo de la John F. Kennedy School of Government-Universidad de Harvard (agradezco a mi amigo y compañero Adrián Salbuchi el envío de esa valiosa información, así como su traducción al español).

Según estos investigadores académicos:

… la toma de conciencia sobre las actividades e impacto del lobby israelí en EE. UU. se vio aumentada a raíz de la guerra desastrosa que libró Israel en el Líbano en el verano (del Hemisferio Norte) de 2006, la continuada debacle en Irak, los ataques personales contra Jimmy Carter tras la publicación de su libro “Palestina: Paz en lugar de Apartheid”, la guerra caliente de palabras entre Estados Unidos e Irán, y los esfuerzos conspicuos pero fallidos de silenciar o ensuciar a otros críticos prominentes de dicho lobby.

(…) No hacemos esto por ninguna animosidad hacia Israel o quienes lo apoyan en los Estados Unidos, o porque deseemos enfatizar la mala conducta de Israel. En verdad, abordamos este tema porque resulta central a algunos de los motivos morales que suelen esgrimirse a menudo para justificar el nivel excepcional de apoyo de EEUU a favor del Estado judío. Nos centramos en el comportamiento de Israel, entonces, debido a que los Estados Unidos despliegan un excepcional apoyo a favor de Israel.

El interés nacional de los EEUU debería ser el objetivo primordial de la política exterior estadounidense. A lo largo de las últimas décadas, sin embargo, y especialmente desde la Guerra de los Seis Días de 1967, el objetivo central de la política de EEUU en Medio Oriente ha sido su relación con Israel. (…)

Como era de esperar, nuestro ensayo generó una verdadera tormenta de críticas de grupos o individuos prominentes del lobby israelí, y se nos denunció como antisemitas por la Anti-Defamation League (la Liga Antidifamación es un poderoso “lobby” judeo-sionista de EE. UU.) y por redactores de opinión en los diarios Jerusalem Post, New York Sun, Wall Street Journal y Washington Post. The New Republic dedicó cuatro artículos a atacar nuestro trabajo, y varios críticos nos acusaron equívocamente de haber cometido numerosos errores históricos o fácticos…

Continuaré la transcripción de este resumen del libro “Informe Harvard”, preparado y traducido por Adrián Salbuchi, en las siguientes notas de esta serie.

Notas:

(1) Escribo “organizaciones judeo-sionistas”:

a)- porque hay sionistas que no son judíos, como algunos destacados WASP norteamericanos que, por intereses económico-petroleros o por lo que fuere, apoyan contra viento y marea la eufemísticamente llamada “alianza estratégica” entre Israel y EE. UU.;

b)- y porque el lamentable silencio de la inmensa mayoría de los argentinos de religión judía está haciendo caer sobre ellos, como comunidad, las culpas del sionismo y de Israel. Volveré sobre este tema por su importancia central para nuestro país.