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Un camino posible

Por Juan Gabriel Labaké E-mail
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Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 20/06/03.- Conocida es mi posición sobre la posibilidad real que tenemos los argentinos de hacer caso omiso de las exigencias del FMI y de EEUU, para adoptar una política sensata que nos permita desarrollarnos plenamente y recuperar la moral, la dignidad, la cultura, la libertad, el poder de decisión, la justicia social y las riquezas perdidas desde 1976 en adelante. Mi pensamiento y mi propuesta al respecto están integralmente expuestos en el folleto "Un nuevo amanecer argentino", de enero de 2002, que se puede consultar en mi página web o solicitar en mi oficina política (*). Nada más tengo para agregar sobre ello.

Pero, aún suponiendo que ese paso decisivo y lógico no se quisiera dar, por las razones que fuere y que respeto en la medida en que son honestas, al menos se puede pensar en una política más contemporizadora, pero que nos permita ir saliendo poco a poco de este cepo que nos han tendido desde adentro y desde afuera.

Parto de dos datos de la realidad:

1.- Hasta hace unos meses, la gran mayoría de los argentinos creía (muchos de buena fe) que nada podíamos hacer para oponernos a las exigencias del FMI y de los países centrales, ni siquiera para suavizarlas un poco. La frase que se usaba para descalificar nuestras propuestas era: "Obedecemos al FMI o nos caemos del mapa".

Hoy la situación ha cambiado radicalmente. Ya durante los últimos meses del gobierno del Dr. Duhalde, y por obra evidente de su ministro de Economía, Dr. Lavagna, "desobedecimos" abiertamente al Fondo y nos fue tan bien, que hasta la propia Sra. Anne Krueger debió reconocer que estaba "sorprendida por nuestro éxito".

A ello se suma en estos días la actitud inteligente, y hasta elegante, con que el presidente Kirchner ha eludido la presión del señor Colin Powell para que enviemos tropas a Irak. Nuestro mismo juicio laudatorio y de apoyo sincero merecen los dos pasos decisivos que ha dado el Dr. Kirchner en el MERCOCUR: su alianza político-estratégica con el presidente brasilero Lula y el convenio bilateral con el gobierno de Chávez y su acertada insistencia en que Venezuela sea admitida rápidamente en el MERCOSUR (de paso, si esto último sucede pronto, la Unión Sudamericana habrá avanzado años luz en pocos meses).

Y bien, ante tales importantes "pecados de desobediencia", nada malo nos ha ocurrido. Al contrario, somos en la actualidad "la niña más cortejada" por el G7 y el FMI. Una lección de la realidad que no deberíamos olvidar jamás.

2.- Como anticipé en mensajes anteriores, en los próximos meses o semanas deberemos hacer frente a dos "test" cruciales para nuestro futuro: el acuerdo de largo plazo con el FMI y la opción por el ALCA o el MERCOSUR.

En esos dos temas vitales, un camino posible para liberarnos del cepo mencionado y volver a la sensatez, especialmente, insisto, teniendo presente la experiencia reciente de los Dres. Duhalde, Lavagna y Kirchner, podría ser:

A)- Acuerdo con el FMI
El FMI nos reclama firmar un acuerdo que contemple:

1.- Ajuste fiscal, ley de coparticipación federal y renegociación de la deuda

Los tres puntos están íntimamente relacionados entre sí. Nos están pidiendo un ajuste fiscal y una nueva ley de coparticipación federal, que garanticen un superávit primario total "óptimo" de 6,5% del PBI (4% en la Nación, y 2,5% en las provincias). El objetivo del Fondo es lograr esos aproximadamente 8.000 millones de dólares al año de superávit primario (ahorro forzoso) para dedicarlos al pago de la deuda externa. Ese monto producirá indispensablemente un mayor sufrimiento social, pues es imposible lograrlo sin nuevos despidos o reducciones salariales en el sector público. Además, con tamaña reducción del gasto público, sepultaríamos el veranito económico de estos meses, y el fantasma de la recesión aparecería nuevamente, como le sucedió, en un momento similar, a De la Rúa-Machinea apenas asumieron en 1999. La cifra sensata que deberíamos pagar al año por la deuda (para no trabar nuestra recuperación económica, y si se opta por dejar de lado la solución más lógica y justa, que es su investigación imparcial antes de comenzar los pagos), es como máximo de unos 4.000 millones de dólares, es decir, la mitad de lo que pretende el FMI.

2.- Reforma impositiva para eliminar casi todas las exenciones

Las exenciones que el FMI pide eliminar son, en realidad, subsidios que hoy se otorgan a ciertos rubros o sectores económicos que se desea impulsar (planes de competitividad) y economías regionales promocionadas. En ambos casos, se trata de medidas de política económica propias de cada nación, en cuya adopción es muy difícil aceptar que un acreedor extranjero (público o privado) tenga legítimo derecho a intervenir, ni siquiera a opinar, máxime cuando su único interés es cobrar sus préstamos. También es muy difícil creer que un extranjero (o varios de ellos), al margen de su preparación universitaria teórica, sepa si conviene promocionar o no un rubro o una región de la Argentina.

3.- Eliminación de las cuasi-monedas provinciales

Esta es una medida que cualquier gobierno sensato debe tomar, sin necesidad de que se lo solicite un acreedor. Lo reclama, simplemente, el sentido común y la indispensable seriedad en la emisión monetaria. Lo que no parece razonable es que constituya materia de debate con un organismo extraño a nuestro país.

4.- Metas estrictas y muy limitadas de emisión monetaria

Éste es un caso más para la lista de temas inadmisibles en las tratativas entre acreedor y deudor, por constituir materia exclusiva de la libre decisión de todo gobierno soberano. Además, las metas de emisión monetaria que reclama el FMI son, a todas luces, inexplicables y contraproducentes, sobre todo en un contexto de recesión como el que vivimos desde hace ya más de cuatro años, y de falta de dinero circulante y de créditos bancarios disponibles, como es del conocimiento de cualquier argentino, sea lego o especialista en economía y finanzas. Una vez más se juntan la ilegitimidad con la falta de razonabilidad en una exigencia del Fondo.

5.- Nueva reforma del sistema financiero para concentrar aún más la banca privada.

No hace falta ser muy perspicaz ni entendido en economía para comprender que se trata de eliminar más bancos privados nacionales, y dejar una mayor cuota del mercado en manos de los bancos extranjeros. Sin olvidar que estamos ante otro tema ajeno a las legítimas tratativas entre un acreedor (sea privado o estatal, argentino o extranjero) y el Estado nacional deudor.

6.- Tarifas de los servicios públicos

Es más lógico hablar de renegociación integral de los contratos con las empresas privatizadas de servicios públicos. Nadie duda de que con la devaluación dejaron de ganar los montos (casi siempre, o siempre, excesivos, según está documentado) a que estaban acostumbradas. Ahora hay que analizar si pierden y cuánto pierden con la nueva paridad cambiaria, y compensar ese resultado con los de años anteriores. Una empresa privada, cualquiera sea su objeto comercial, nunca hace sus inversiones en base a cálculos anuales de resultados, sino que toma períodos mucho mayores, y tiene presente los riesgos lógicos de este tipo de actividad. No pueden argüir que la devaluación fue un hecho no previsible, por cuanto todo el mundo sabía de nuestro retraso cambiario. Concederles los aumentos que solicitan (con el respaldo del FMI) es volver a la nefasta práctica de los "ferrocarriles garantizados" de fines del siglo XIX (y que permaneció hasta 1947), por la cual se le aseguraba a cada concesionario una utilidad mínima; caso contrario la pagaba el Estado argentino. Ello desvirtúa la naturaleza de la actividad privada, que conlleva indispensablemente el riesgo empresario. Además, es necesario estudiar todos y cada uno de los incumplimientos contractuales en que han incurrido virtualmente todas las empresas privatizadas, y aplicar las sanciones pactadas en cada contrato, aún la rescisión si se diera legalmente el caso. Insisto, no se trata de un simple aumento o actualización de tarifas. La cuestión es más compleja y debe ser resuelta integralmente.

7.- Ley de quiebras y ley de subversión económica o similares

Fuera de toda connotación ideológica, no veo motivo valedero alguno para que el FMI, ni cualquier otro acreedor, por legítimo que fuere, se inmiscuya en esos temas que son de exclusiva jurisdicción de un Estado nacional. Por otro lado, la postergación de las ejecuciones hipotecarias puede ser un remedio transitorio y excepcional para situaciones extremas como las que hemos vivido y aún vivimos. El castigo a la subversión económica, a su vez, aparece como lógica y necesaria en un país como el nuestro que ha visto esfumarse sus reservas internacionales y sus depósitos bancarios, debido especialmente al accionar ilegítimo e ilegal de un grupo de privilegiados, de adentro y de afuera, al cual no son ajenos los bancos extranjeros.

8.- Reestructuración (privatización) de los bancos Nación, Provincia y Ciudad

Ésta es otra decisión privativa del Estado nacional. Además, es público y notorio que la insistencia del FMI en estas privatizaciones esconde el deseo de tener a su disposición, y a la de los bancos extranjeros que son los principales acreedores, al menos 15 millones de hectáreas de las mejores tierras argentinas, hoy hipotecadas a favor de los bancos Nación y Provincia. Al respecto, parece muy peligroso seguir adelante con la decisión oficial de que los bancos del Estado deban:

  • contratar una auditoria externa (extranjera) para que les diagramen su propia reestructuración (esta medida es, además, ofensiva hacia los excelentes profesionales con que contamos);
  • limitar sus créditos a un millón de pesos por cliente, debiendo asociarse con u banco privado si desean prestar una cantidad mayor, y
  • transformarse obligatoriamente en una sociedad por acciones (sociedad anónima) y cotizar un 10% de sus acciones en la Bolsa; todos sabemos que ése es el primer e irreversible paso hacia la privatización de los bancos Nación, Provincia y Ciudad.

9.- Nuevas reformas estructurales, para lograr un mayor grado de liberalización económica

Se suma a los rubros que son de tratamiento exclusivo del Estado nacional. Por otro lado, nadie ha podido demostrar que hagan falta más reformas de ese tipo, luego del desastre que produjeron estos 15 años de desregulaciones y liberalizaciones económicas reclamadas por el FMI.

El propio FMI es consciente de las dificultades que traerían aparejadas sus exigencias, y por ello ya está hablando de "conceder" al gobierno argentino plazos prudentes para concretarlas. Poco y nada ganaríamos con tales "concesiones" si las medidas son perjudiciales o avasalladoras de nuestra soberanía. Hoy, o el año que viene, deberíamos aplicar esas medidas y ello sería nefasto.

Como se ve, hay cuestiones en las que se puede negociar, y otras que, además de ser visiblemente perjudiciales, no se pueden aceptar como parte de la agenda de conversaciones de un gobierno nacional con organismos extranjeros o multilaterales.

 

B)- ALCA, MERCOSUR y Estrategia internacional

Frente a la presión angloamericana para que nos incorporemos al ALCA, no cabe otra política que dilatar nuestra decisión, al menos hasta lograr la consolidación del MERCOSUR e, incluso, cierto grado de vigencia de la Unión Sudamericana. Conseguida esas metas vitales, podremos adoptar decisiones de política internacional, la de ingresar o no al ALCA en primer lugar, con un grado razonable de libertad de acción, que estamos lejos de tener.

En estos días, desde todas las usinas pro ALCA se lleva a cabo una intensa campaña para convencernos de que será muy beneficiosa nuestra inclusión en ese proyecto. Un argumento fuerte para ello es que ya ingresó Chile y que ese país vecino logró grandes "concesiones" por parte de EEUU. La mayor de ellas, y la más publicitada, es que Chile consiguió ampliar los rubros de libre exportación hacia el país del norte hasta llegar al 87% de los productos que le interesan. Otro argumento fuerte es que EEUU estaría dispuesto a incluir los productos agropecuarios en el tratado de libre comercio con nosotros. El tercer argumento que se esgrime es que si ingresamos los cuatro países del MERCOSUR juntos (la llamado estrategia de "4 por 1") las cosas cambiarán radicalmente. Veamos.

Aún en el supuesto de que EEUU, en un rapto de generosidad extrema e impensable, incluyera el 100% de nuestras exportaciones en el tratado (especialmente las agropecuarias), todavía el ALCA sería para nosotros más una tumba que un salvavidas. El mayor problema de nuestra economía (sin contar esta dura y larga recesión) es su escaso desarrollo industrial y tecnológico. De una vez y para siempre debemos dejar de ser una economía "primarizada" (predominantemente agropecuaria), para alcanzar una aceptable modernización en los dos sectores citados: industria y tecnología. El mismo problema sufre nuestro comercio exterior: importamos demasiadas manufacturas e insumos industriales, mientras los productos del agro (materias primas y manufacturas de ese origen) ocupan un porcentaje mayor a lo deseable de nuestras exportaciones. Esa situación se ha agravado en los últimos años por el uso masivo de granos transgénicos, lo que ha producido un aumento espectacular de la producción y de las exportaciones primarias, especialmente de soja. Hemos vuelto a una economía primaria y de virtual monocultivo que, además ser perjudicial desde el punto de vista económico, está destruyendo el entramado social de nuestra pampa húmeda y de otras regiones del interior.

Por otro lado, es necesario tener presente que EEUU absorbe en la actualidad más del 60% de las exportaciones industriales de las tres Américas. Brasil un poco más del 5%, México otro tanto o un poco más, mientras la Argentina sólo llega (llegaba en 2000, hoy debe ser menos) al 2,4%.

En tales condiciones, el ingreso al ALCA, aunque EEUU aceptara incluir en el acuerdo a todos los productos agropecuarios, estratificaría nuestra situación de una economía primarizada, y aún la agravaría, pues nuestras industrias no podrían jamás competir, por su volumen de producción y por el distinto grado de adelanto tecnológico y organizacional, con las angloamericanas. Y ese panorama no cambiaría en lo fundamenta si ingresáramos al ALCA con el sistema del "4 por 1". De poco vale tener el 7% de la producción industrial, en lugar del 2,4%, frente al coloso dueño de más del 60%, que posee, además, una brecha tecnológica a su favor de dimensiones gigantescas.

A la luz de la realidad y teniendo presente el interés nacional, parece indispensable resolver esta cuestión fortaleciendo el MERCOSUR y apresurando la creación de la Unión Sudamericana (y luego, quizás, la Unión Latinoamericana), sin entrar al ALCA, y no, como aparenta ser hasta ahora, en que nos unimos en el Cono Sur para aceptar juntos la invitación de EEUU y sentarnos a conversar 4 débiles frente a 1 superfuerte. Por eso estimo que la dilación (bastante más allá de 2005) de una decisión definitiva es, por ahora, la salida más elegante y beneficiosa.

Mientras se fortalece el MERCOSUR y se acelera la Unión Sudamericana, nuestro país debería encarar seria y organizadamente la conquista de nuevos mercados y la ampliación integral de nuestras relaciones con ellos, para morigerar hasta donde sea posible la objetiva dependencia que tenemos respecto de EEUU, Europa y Japón como socios comerciales. Entre los tres cubren más del 60% de nuestro comercio exterior, y de ahí surge (a valores del año 2000) un déficit comercial de 8.500 millones de dólares para nosotros. El resto del mundo, en cambio, abarca menos del 40% de nuestro comercio exterior y nos produce un superávit de más de 3.000 millones. La situación parece absurda por donde se la examine.

China, la India y los países árabes son las tres metas que deberían absorber nuestra preocupación y nuestra labor en esta materia. Son nuestros socios comerciales ideales para el futuro. El asunto queda como tema para el próximo mensaje político.

 
(*) Ubicada en la calle Tucumán 1650, PB, 1, Capital Federal, tel. 011-5811-1292.

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