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Muchos obedecen al FMI: unos, por corruptos, y otros, por amor al arte

Por Juan Gabriel Labaké E-mail

Rebanadas de Realidad - Ciudad de Buenos Aires, 15/12/03.- Se quebró el principal recolector y pagador, uno de los tantos "pícaros" y "rápidos" (¡y éste era "rápido" como ninguno!) de la sucursal legislativa de esa amplia y multifacética mafia nacida en el regazo del menemismo, y alimentada luego por las ubres del gobierno de la Alianza. Se quebró un "pícaro" y explotó la olla. Nadie sabe hasta dónde llegarán sus esquirlas y a quiénes dejará heridos (o muertos). Tampoco se sabe si esta vuelta habrá hijos (protegidos) y entenados (dejados a la buena de Dios, o del Diablo mejor dicho).

La primera reflexión que nace en el interior de quienes fuimos objeto de burla porque no queríamos "tranzar" ni con el menemismo ni con el aliancismo, es que los bol... no éramos nosotros, sino ellos. Porque, el que ríe último ríe mejor. En realidad, somos los únicos que reímos, aunque tengamos los bolsillos tan escuálidos como cuando juramos nuestros cargos en 1989. Ellos, los "piolas" que se las sabían todas y se mofaban de nuestra "ingenuidad", tarde o temprano terminan llorando porque se quiebran, o porque los repudia la inmensa mayoría de los argentinos y no se animan a presentarse en una segunda vuelta electoral.

Antes de entrar al fondo de la cuestión (fondo en el cual está como siempre el Fondo), conviene decir que el señor Pontaquarto actuó en muchos otros episodios "raros", antes del caso de los sobornos a senadores peronistas y radicales que se pagaron para aprobar una ley antiperonista y antirradical (nos referimos, por supuesto, al peronismo de Perón, y al radicalismo de Yrigoyen, ¡dos arcaísmos...!, no a estas caricaturas actuales).

En efecto, Pontaquarto fue secretario administrativo del Senado, antes de serlo parlamentario. Fue en la época en que Carlos Ruckauf era el vicepresidente de Menem y, por ello, presidía esa Cámara legislativa. Y, ¡qué casualidad!, Ruckauf lo designó a Pontaquarto en un puesto por donde pasan millones y millones de pesos: la Dirección de Asistencia Social, la conocida DAS, del Congreso. En esas funciones de tanto manejo monetario, Pontaquarto fue acompañado por un grupo de senadores y diputados peronistas (oficialistas) y radicales (opositores). ¿No sería interesante investigar qué hizo el "rápido" Pontaquarto desde tan interesante y jugoso sitial? Por ejemplo, ¿no conviene averiguar por qué se rescindieron muchos contratos con sanatorios y profesionales, y se contrataron otros nuevos sin dar razones de ello? ¿No fue durante la era Pontaquarto que la DAS tuvo la "feliz" idea de contratar una gerenciadora que cobraba por capitación, y luego, en nombre de la propia DAS, contrataba a los centros asistenciales y a los profesionales? Y esa práctica, ¿no es justamente la que permite cobrar "retornos" más seguros y jugosos? Los sobornos del Senado constituyen un hecho muy grave, terrible, porque, al parecer, el presidente de la Nación pagó coimas para que senadores corruptos aprobaran una ley contraria a los principios que decían defender y perversa para con sus respectivos electorados. Pero, si fuera por su monto exclusivamente, esos cinco millones quedarían hechos un porotito al lado de aquella eventual "mega-incentivación". Finalmente, ¿quiénes son los reales dueños del Sanatorio Güemes, al cual te llevan las ambulancias de la DAS quieras o no, porque es el centro asistencial "preferido" de la DAS desde ese entonces y hasta hoy?

El Dr. Canicoba Corral le puede hacer un gran favor a la Argentina si abre esa Caja de Pandora.

Lo más grave es que en el fondo está el Fondo

Ahora, sí, vayamos al fondo de la cuestión. Poco y nada han dicho los medios grandes y serios (¡!) sobre las razones por las cuales un presidente habría caído en el abismo moral de pagar coimas para que se apruebe una ley, y varios senadores de los dos mayores partidos políticos exigieran esa coima para votarla. Profundidad de caída que se agrava cuando se le agrega el hecho de que esa ley era y es antitética con los principios que decían sustentar todos los protagonistas del bochorno, y visiblemente perjudicial para la Nación y su pueblo.

Lo que ocurre es que nadie se anima a mencionar dichas razones, ni a contarnos la historia completa, porque el amo de la Argentina actual está amenazando con su garrote detrás de cada uno de los corruptos. Esa historia es que la ley de reforma laboral, por la cual y en la práctica se abría la puerta para abolir los convenios colectivos de trabajo, fue una de las varias medidas draconianas que exigió en ese momento el FMI para otorgarnos una de sus conocidas "ayudas". En este caso, era lo que luego se llamó el "blindaje", de fines de 2000.

Dicho sea de paso, tal "blindaje" no blindó nada. Tres meses después, el gobierno debió llamar de urgencia al entonces mimado del FMI, el incombustible (gracias al traje de amianto que se supo ganar con el sudor de su frente "primermundista"...) Dr. Cavallo, a quien recomendaba insistentemente "Chacho" Álvarez como el único que podía salvarnos... Al cabo de ese año, el corralito y las cacerolas pusieron en fuga al salvador y a quien (¿mitad por idiota y mitad por corrupto?) lo nombró, creyendo en el infalible (¡!) olfato político de "Chacho" (que no es corrupto, ya lo sabemos, pero, por lo visto, sí lo otro).

La verdad es que esas "ayudas" del FMI y las del BM, es decir de EEUU, nunca sirvieron para nada bueno. Sólo son la piedra que nos cuelga al cuello el Imperio para que tengamos siempre doblada la cerviz.

Nadie duda de que la corrupción reinante es producto directo de la abyecta inmoralidad en que ha caído la dirigencia argentina (por favor, no sólo la política). Pero, así como el tango se baila de a dos, en este caso hay otro grupo culpable también directo: el FMI, el BM y el gobierno de EEUU. Lo denunció Joseph Stiglitz hace al menos dos años (un poco antes de las coimas en el Senado): las privatizaciones, afirmó, se lograron, a pesar de ser tan perjudiciales para la Argentina, porque desde el BM y del FMI se les depositó en Suiza jugosas coimas a los funcionarios "privatizadores".

Hace unos días supimos que Henry Kissinger se reunió con los represores de la dictadura militar y les pidió (exigió, en realidad) que apresuraran las "desapariciones" para llegar a las elecciones anglo-americanas de 1976 con esa macabra tarea ya cumplida... De modo que es razonable pensar que desde el FMI, o desde el BM, o desde el despacho del sucesor de Kissinger en el Departamento de Estado, alguien haya sugerido a De la Rúa, "pague coimas si hace falta, pero la reforma laboral debe salir rápido". Al menos no es disparatado pensarlo.

Haya o no existido realmente tal "apretada" primermundista para que la ley maldita saliera rápido, lo real es que, si hubo coimas, se pagaron para satisfacer la exigencia del FMI de tener "su" reforma laboral. De eso no puede caber duda alguna. Ese tango lo bailaron entre dos: los corruptos y claudicantes de acá, y los corruptos e imperialistas de allá.

Esa verdad incontrastable se une a otra, también evidente: el mayor dolor de cabeza del gobierno actual son los piqueteros y sus acciones cada vez más audaces. En otras palabras, el mayor problema del Dr. Kirchner deriva de que no hay más presupuesto para subsidiar como corresponde a los hambrientos de nuestra patria, y para realizar el plan de obras públicas que podría crear empleos aceleradamente. La razón de esa escasez es ya conocida: las recetas del FMI y el 3% del PBI que debemos destinar al pago de sus "ayudas".

Es cierto que la economía está creciendo, y que lo seguirá haciendo previsiblemente el año próximo, pero de ninguna manera lo hace al ritmo que le permitiría al presidente achicar rápida y visiblemente la desocupación, como para que los piqueteros dejen de tener motivo valedero para salir a la calle, o, si se prefiere, dejen algunos políticos de tener clientela hambrienta para hacer su "negocito" bastardo (que en algunos casos puede ser lo que está ocurriendo, pero de ninguna manera en todos).

¡Otra vez el FMI como trasfondo y principal generador de nuestras desgracias!

La pregunta vuelve a rondar en nuestra cabeza: ¿Valía la pena firmar el acuerdo con ellos en setiembre, por miedo a nadie sabe qué "represalias" fantasmagóricas con que nos corrieron como si fuéramos principiantes?

Primero fueron las coimas a los "privatizadores". Luego el soborno en el Senado. Hoy el piqueterismo. ¿Y mañana? Nadie lo sabe, como nadie supo decirnos nunca cuáles eran esas tan terribles represalias que habrían adoptado si no obedecíamos.

El señor Pontaquarto puede ser un genuino arrepentido, o un "apretado" para que se arrepienta y distraiga a los argentinos del problema piquetero y de lo que muchos temen para el 20 de diciembre. Tampoco ello no puede saberlo nadie con certeza... salvo alguna gente del gobierno, si es que actuaron detrás de Pontaquarto para "animarlo" a arrepentirse...

Lo cierto es que la sombra perversa y dañina del FMI estuvo y sigue estando detrás de cada drama de nuestra patria desde hace casi 28 años. Con los Pontaquarto de turno o sin ellos.

Es necesario decir, además, que si bien hubo al parecer senadores que votaron la ley por amor al dinero mal habido, hubo otros que la apoyaron fervientemente por amor al arte... al arte de obedecer al FMI. "Chacho" Álvarez, todos estamos totalmente seguro, no recibió un céntimo, pero apoyó la ley con el fervor de los conversos (si es que alguna vez fue un militante de la lucha por la liberación nacional, y no un amigo "progre" y confiable de EEUU). Antonio Cafiero es otro caso semejante, junto con Jorge Villaverde, el otro senador bonaerense. Ninguno de ellos actuó como corrupto, pero apoyaron la ley maldita. Terragno, Storani, todos los ministros y muchos más hicieron otro tanto por amor al arte...

Merecen en cambio un reconocimiento público los cuatro senadores que se opusieron al atropello y son (estos ejemplos hay que señalarlos, aunque discrepemos en otros puntos con sus autores; nobleza obliga): el santacruceño y amigo de Kirchner, Varizat, los dos puntanos, Alberto Rodríguez Saá y Saignesse, y el entrerriano Héctor Maya. Cuatro peronistas, o argentinos a secas, que, con su gesto, nos dijeron que no todo está perdido.

Otro reconocimiento que corresponde hacer es que todos los legisladores nacionales "de" Kirchner (gobernador en ese tiempo), tuvieron una actitud digna, comenzando por su esposa Cristina, quien como diputada se opuso tenazmente a la ley de la vergüenza. Y digo esto último porque los eternos embarradores de la cancha ya han comenzado a hacer correr el rumor de que "Kirchner frenaría la investigación porque ésta puede salpicar a alguien muy cercano a él", refiriéndose a su esposa. Hasta ahora eso es sólo una mentira, propia de la bajeza con que suelen moverse algunos politiqueros. Desde esta columna hemos criticado duramente a la esposa del presidente cuando festejó el día de la militancia peronista con un discurso "progre" pronunciado durante una lujosa cena en la Sociedad Rural, pero cada cosa en su lugar: en 2000, la Sra. de Kirchner levantó la bandera correcta frente al atropello del FMI y a las coimas que asomaban. Y eso hay que destacarlo y apoyarlo.

Confiamos en que el presidente impulsará una investigación exhaustiva e integral, y nos comprometemos a "ayudarlo" a no recular (aunque vengan degollando): ni frente a las coimas, ante las cuales parece que no lo hará, ni frente al FMI y EEUU, ante los cuales hace falta más firmeza y "dotes" masculinas (sin desconocer el ejemplar coraje de muchas mujeres) que en el caso anterior.

Nuestra patria necesita indispensablemente un presidente firme ante ambas lacras, no sólo ante una de ellas.

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