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DESDE 1994 A HOY

Hay un sólo ALCA... y siempre fue y será injusto y dañino

Por Juan Gabriel Labaké E-mail

Rebanadas de Realidad - Ciudad de Buenos Aires, 23/12/03.- Tengo ante mí las actas de las dos reuniones presidenciales (Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno, de 1994 y 1998) y las de las ocho reuniones ministeriales del ALCA efectuadas desde 1996 a hoy. Al acta de las dos Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno las firma Menem, mientras que las de las cinco primeras reuniones ministeriales (dos de 1996, 1997, 1998 y 1999) están suscriptas, en nombre de nuestro país, por los respectivos ministros de Relaciones Exteriores y de Economía de Menem (Guido Di Tella, Cavallo y Roque Fernández); la de 2001 se aprobó y firmó por la seguidilla de ministros de Economía de De la Rúa (Machinea, López Murphy y Cavallo) y por su canciller (Rodríguez Giavarini); la de 2002 está signada por Lavagna como ministro de Duhalde, y por su canciller Rackauf; y la de este año (20 de noviembre, en Miami) por los respectivos ministros de Kirchner, el mismo Lavagna y Bielsa. No quedó ninguno de los grandes responsables de los últimos 14 años sin dejar su impresión digital en el ALCA.

Si hay una cuestión donde se comprueba que todo está como era entonces, que nada sustancial ha cambiado desde 1989 (y aún desde 1976) a hoy, esa cuestión es la del ALCA y sus tediosas y sobre-abundantes reuniones cumbres y ministeriales.

El drama es que en el tema del ALCA nos estamos jugando nuestro destino, en forma mucha más profunda y con alcances enormemente mayores en el tiempo, que en el acuerdo con el FMI. Realmente, en el ALCA nos jugamos el destino como pueblo nacional latinoamericano.

Desde que obtuvimos nuestra independencia política, en 1810/1816, periódicamente se nos presenta la disyuntiva histórica de cumplir un destino de nación grande, justa, libre y soberana, y ahora indispensablemente en unidad con toda Latinoamérica, o al menos Sudamérica, o repetir el error de conformarnos con ser el apéndice más austral del Imperio de turno.

La presión de los intereses por-Imperio es tan grande, y sus personeros se han infiltrado a tal punto en los grupos de poder locales, que parecemos autistas: de nada sirvió la dolorosa comprobación de que era falsa la posibilidad de vivir felices como una colonia próspera de Inglaterra (comprobación que se produjo con la crisis de 1929/1930). Tampoco logró sacar las telarañas de la mente y de los corazones de las egoístas y ciegas elites argentinas de aquella década (bien calificada de infame) el desprecio y la humillación que sufrimos a manos de Inglaterra con el Tratado de Ottawa (nos dejó afuera del trato preferencial dado a sus colonias formales, las del Commonwealth) y del Tratado Rica-Runciman, verdadero bochorno para los argentinos.

Luego de 1955 volvimos a reclamar un lugarcito bajo el sol del Imperio, esta vez EEUU, y así nos fue.

En 1976, el Imperio decidió "convencernos" de cualquier manera, aunque fuere con miles de desaparecidos, de las bondades de vivir bajo su ala y de conformarnos con ser sus aliados menores (verdaderamente, sus súbditos), olvidando "para siempre" nuestros periódicos raptos de "atrevimiento" independista. Recuerdo que, cuando estuve en prisión en el barco "33 Orientales", en 1976, uno de sus oficiales, hijo de ingleses (terratenientes de la pampa húmeda, si la memoria no me falla), me dijo un día, a manera de reproche:

"Ustedes los peronistas cometen el error de querer ser dueños de la estancia, cuando en realidad sólo pueden ser su mayordomo".

Sólo atiné a responderle:

"Bueno... esa estancia es la nuestra, ¿no?".

No lo he olvidado, y creo que no lo olvidaré jamás. Con la directa y brutal sinceridad que usan los anglosajones cuando hablan con sus "vasallos", aquel teniente de fragata dijo en voz alta lo que nuestros dirigentes no se atreven a reconocer: se conforman con ser mayordomos, y cambiar de collar de vez en cuando.

Esa nueva experiencia de colonia próspera, la del Proceso militar-liberal, terminó en el fracaso y en el baño de sangre conocidos. Pero, apenas seis años después, la dirigencia argentina (¡argentina!, bueh...) volvió a sus andadas y nos sumergió en las degradantes relaciones carnales con el Imperio. De ese pozo aún no hemos salido, ni hay visos de que salgamos durante este período presidencial. El compromiso de constituir el ALCA a más tardar en 2005, suscripto por Menem, ha sido mantenido y profundizado por De la Rúa, luego por Duhalde y, ahora, a pesar de las apariencias y de las picardías comunicacionales, por Kirchner.

De esa forma, nos estamos dirigiendo casi alegre e inconscientemente hacia la dependencia total de EEUU, con abandono de nuestra misión y de nuestra vocación históricas de constituir una gran nación, justa, libre y soberana. Una nación cuyos límites futuros, de un futuro que debemos acelerar, no deben ser los actuales de la República Argentina, sino los de Sudamérica, y luego los de Latinoamérica. Ese destino es contrapuesto e incompatible con el ALCA, con el único ALCA que hay: el de 1976 que firmó Menem, ratificado por De la Rúa, después por Duhalde y ahora por Kirchner. El que habrá para siempre si no hacemos algo el próximo año.

ALCA hay uno solo

Veamos.

El ALCA nace, crece y se reproduce (y rogamos que muera) bajo un concepto diametralmente opuesto y destructor de nuestro destino nacional y regional. En efecto, ya Menem, en 1994, firmó la sentencia de muerte de nuestro proyecto, cuando aceptó que:

"La libertad de comercio y la apertura de la economía a través de la eliminación de las barreras aduaneras es el camino para lograr el fortalecimiento de la democracia, la creación de prosperidad y la realización del potencial humano".

Dijo Borges alguna vez que los peronistas éramos incorregibles. En realidad, la experiencia demuestra que los incorregibles son los Borges de la política argentina, es decir, los liberales que nos han hecho tropezar cien veces con la misma piedra desde 1810. Ya en la abortada Constitución de 1819 se introdujo la libertad de comercio y de navegabilidad de los ríos como si fuera nuestra salvación, cuando no pasaban de ser exigencias de la imperial Inglaterra.

Luego se repitió la hazaña en la nonata Constitución de 1925, y se plasmó en la de 1853, para ser eliminada recién en la de 1949 (¡por algo la derogaron a ésta por un decreto militar en 1956..., eso sí, "democráticamente"!).

No es casualidad tanta y tan temprana insistencia de "nuestros" dirigentes: siempre actuaron por "sugerencias" de Inglaterra, que a pocos años del 25 de mayo se hizo firmar un acuerdo bilateral consagratorio del principio de la libertad de comercio y de navegabilidad de los ríos. Con esa consigna, "la libertad de comercio", masacramos a los "díscolos" hermanos paraguayos de Francisco Solano López, en la década de 1870. La misma bandera flameó hasta 1943, y desde 1955 a 1973, para reaparecer manchada de sangre en 1976, y de ignominia carnal en 1989.

La libertad de comercio ha sido el dios en cuyo altar profano hemos sacrificado riquezas, soberanía, justicia social, dignidad y, finalmente, la vida de nuestro pueblo, y ahora estamos próximos a sacrificar la de nuestros hijos.

En el ALCA hemos elevado la libertad de comercio a la categoría de principio continental irrenunciable, a cuyos pies abandonaremos para siempre, si ese proyecto se concreta, nuestro futuro.

La libertad de comercio, sin aduanas "molestas", entre un tiburón y una sardina, tiene un solo nombre: entrega. No nos engañemos. Es la misma libertad que firmamos con Inglaterra en la Constitución de 1853 (y que aún subsiste): ellos, con la más poderosa flota mercante y militar del mundo, podían navegar libremente el río Paraná, mientras nosotros, con tres botes a remo y una barcaza a vela, conservamos el sagrado derecho a navegar el Támesis... 150 años más tarde, queremos firmar la segunda Constitución de 1853, o el segundo Tratado Roca-Runciman, pero ahora sin retorno posible.

En definitiva, el presidente Kirchner, a través de sus ministros Lavagna y Bielsa, ha rezado el mismo credo del libre comercio que Menem, que De la Rúa y que Duhalde (sin olvidarse que también lo recitaron Rivadavia, Mitre, Sarmiento, Pinedo, Alsogaray, Krieger Vasena, Martínez de Hoz y Cavallo):

"Los Ministros reafirman su compromiso (compromiso, dice) con un ALCA comprehensivo y equilibrado, que fomentará con la mayor eficacia el crecimiento económico, la reducción de la pobreza, el desarrollo y la integración a través de la liberación del comercio" (punto 5.- de la Octava Reunión Ministerial, Miami, 20 de noviembre de 2003).

¿Tozudez de autistas, ignorancia de la historia, demasiados compromisos con los "dueños de la estancia", producto de la "dicha de caminar por la Quinta Avenida"...? Nuestro futuro está en las manos de alguien que tiene alguna o varias de esas peligrosas características.

Casi con las mismas palabras, a esa declaración dogmática y reverencial de fe liberal la estamparon en las otras siete Reuniones Ministeriales, desde la primera de 1996 a la séptima de 2002, los anteriores presidentes argentinos.

Siempre lo mismo

Pero ese no es el único concepto fatal que figura en las actas de las ocho Reuniones de Ministros del ALCA. Para no alargar demasiado este mensaje, resumo:

El gobierno del Dr. Kirchner se ha comprometido a firmar un ALCA que abarque nueve rubros vitales para nuestra economía:

  • 1.1.- Acceso a los mercados: significa la eliminación de barreras aduaneras, para que haya libre comercio internacional entre los países del ALCA (un tiburón frente a 33 sardinas, algunas más grandes que otras, pero sardinas al fin).
  • 1.2.- Servicios públicos y privados: idem para esos rubros.
  • 1.3.- Inversiones: los extranjeros deben gozar de protección y seguridad (las llamadas garantías de inversiones) e igual trato que los nacionales (por ejemplo, no podrán otorgarse créditos de promoción a las empresas argentinas, o reducciones impositivas, sean PyMEs o no).
  • 1.4.- Compras del sector público: significa prohibir toda cláusula de "compre nacional".
  • 1.5.- Propiedad intelectual: ya está garantizada por "nuestra" Ley de Patentes, aprobada en 1995 (Menem-Cavallo-Di Tella), y ampliada a favor de los extranjeros en todo lo que reclamaban, por tratativas iniciadas durante 2002 (Duhalde-Lavagna-Ruckauf) y completadas por ley de 2003 (Kirchner-Lavagna-Bielsa).
  • 1.6.- Política de competencia: para garantizar la libertad total de comercio.
  • 1.7.- Subsidios, medidas "antidumping" y derechos compensatorios, que no obstaculicen el libre comercio.
  • 1.8.- Solución de controversias: se crearán Tribunales Arbitrales especiales del ALCA, cuyas resoluciones serán inapelables, ante los cuales las empresas privadas tendrán el mismo status jurídico de "Entes de Derecho Internacional" que los Estados soberanos. La Coca Cola, o Mc. Donald, o la Enron... frente al Estado Argentino...
  • 1.9.- Agricultura: este es el único punto que podría interesarnos, pero perjudica a EEUU, por lo que ya hemos aceptado (en julio de 2003: Kirchner-Lavagna-Bielsa) que lo resuelva la OMC... nunca.

Y ahora lo más sorprendente: esos mismos nueve puntos figuran aprobados desde hace años en las actas de las Reuniones Ministeriales.

Así, en la Primera, la de 1996, se comprometieron a incluir los puntos 1.1, 1.3, 1.6 y 1.7. Luego, en la Cuarta (1998) ya aparecen todos, los nueve, y de ahí en más se los repite cada año como si fueran letanías (lo son, en realidad: las letanías de la religión del libre mercado, dios que nos dará desarrollo, realización humana, democracia... y autismo político).

Las letanías no terminan ahí. Al leer el acta de la Octava Reunión (la de Kirchner-Bielsa-Lavagna) a uno se le levanta el ánimo al ver que nuestro actual gobierno ha logrado plantar varias picas en Flandes: "deseamos un ALCA comprehensivo y equilibrado", "se necesita flexibilidad para tomar en cuenta las necesidades y sensibilidades de todos los socios", "que aborde la cuestión de las diferencias en los niveles de desarrollo y tamaño de las distintas economías, con especial atención a las necesidades de las economías más pequeñas... las cuales recibirán asistencia técnica y apoyo financiero (¡pobres, qué mala suerte tienen!)". Parece un gran logro del Dr. Kirchner y su equipo, y eso tranquiliza porque nos han prometido "un nuevo ALCA", "un ALCA justo". Pero el entusiasmo y la tranquilidad se nos va al suelo cuando uno sigue leyendo "para atrás": las mismas almibaradas frases figuran en por lo menos las últimas cinco reuniones ministeriales. Las diferencias, la sensibilidad, la especial atención, la asistencia técnica (recetas de ajuste) y el apoyo financiero (préstamos a interés usurario) fueron un descubrimiento de Menem, Di Tella y Cavallo... Nada nuevo.

En el acta de la Octava Reunión de Ministros hay más letanías aunque sin sabor a miel: "el ALCA puede coexistir con acuerdos bilaterales y subregionales" (¡Muy bien: se salva el MERCOSUR!), en la medida que los derechos (debió decir "en que los derechos", pero prefiero copiar textualmente) y obligaciones bajo tales acuerdos no estén cubiertos o excedan los derechos y obligaciones del ALCA" (se nos fue el alma a los pies nuevamente, es puro jarabe de pico: sólo se permiten acuerdos subregionales, como el MERCOSUR, si en ellos las ventajas que se otorgan mutuamente los socios son menores a las del ALCA, en cuyo caso, ¿para qué demonios sirven?). Otras sin miel firmadas prolijamente por Kirchner-Lavagna-Bielsa: "reafirmamos el compromiso de que las negociaciones por el ALCA concluyan a más tardar en enero de 2005"; "el ALCA será congruente con las reglas y disciplinas de la OMC" (si algo faltaba para atarnos de pies y manos era esta remisión a la Organización Mundial de Comercio, engendro que nació por una imposición "manu militari" de EEUU y Gran Bretaña en 1993); "las negociaciones sobre 'acceso a mercados' (la clave) deben concluir a más tardar en setiembre de 2004".

Insisto, todas estas letanías, las que vienen recubiertas con miel y las de gusto amargo directamente, figuran en el acta de la Octava Reunión, pero también en la de la Séptima, de la Sexta, y así hasta llegar a las primeras, sino a la Primera. ¿Cuál es, entonces, el nuevo ALCA que dio motivo a tan encendidas como eufóricas declaraciones oficiales?

Hay sí algo nuevo este año, una especie de parto de los montes: antes, el ALCA era único para todos, es decir, las mismas reglas regían para los 24 países; ahora se reconoce el "derecho de cada país a asumir diferentes niveles de compromiso", pero (siempre hay un pero tramposo cuando de firmar algo con EUU se trata), habrá "un conjunto común y equilibrado de derechos y obligaciones que sean aplicables a todos los países", y, para que no haya lugar a dudas, agregan los ministros de la Octava Reunión, "el conjunto de derechos y obligaciones comunes incluirán disposiciones en cada una de las siguientes áreas", y enumeran los nueve rubros mencionados más arriba. En definitiva, cada país es libre de firmar hasta donde quiera, siempre que se comprometa a cumplir los nueve puntos... Verdaderamente, el parto de los montes, que produjeron un tremendo estruendo, con rayos, truenos y centellas, para anunciar que parían un ratoncito.

Mucho me temo que con este parto, además, ha quedado al borde de la muerte nuestro destino como nación y como región.

La construcción del gran proyecto de Unidad Sudamericana, o Latinoamericana, que nos devuelva la vocación y el rumbo histórico y nos abra un lugar en el mundo multipolar del futuro, es absolutamente imposible dentro del ALCA, sea nuevo o viejo, "justo" o injusto. Son todas meras versiones publicitarias de un mismo ALCA, siempre dañino para los latinoamericanos.

Y esa afirmación tan dura como realista no surge de la mente afiebrada de un ideólogo "arcaico", sino de las frías actas de ocho Reuniones de Ministros y de dos Cumbres de Presidentes del ALCA, desde 1996 a 2003, desde Menem a Kirchner.

Quizás Kirchner-Lavagna-Bielsa le tuerzan la mano a los EEUU de Bush. ¡Dios quiera! Aunque temo que todo sea una picardía comunicacional más: firmaron lo mismo que Menem-De la Rúa-Duhalde, pero "bajo protesta"... publicitaria. Hace muchos años que los olmos no dan peras, y que se sabe que a la cama se puede ir con la naturalidad de una "veterana experta" o bajo una permanente declamación de virginidad (¡el discreto encanto de caminar por la Quinta Avenida...!).

A pesar de todo, les deseo feliz Navidad y Año Nuevo, con la esperanza de que el Niño Dios nos ayude en 2004 a cambiar este rumbo suicida.

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