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Balance de fin de año

Por Juan Gabriel Labaké E-mail

Rebanadas de Realidad - Ciudad de Buenos Aires, 31/12/03.- Toda táctica debe responder a una estrategia. Toda estrategia sirve a un objetivo de largo plazo. Todo gobierno, para favorecer realmente a su país, debe tener un claro objetivo de futuro, una sensata y realista estrategia para alcanzarlo (según los medios de que dispone) y una táctica que le permita avanzar cada día, venciendo los obstáculos que se le presentan y que razonablemente debió prever. Eso es tan obvio como indispensable, aunque demasiadas veces ha brillado (y, al parecer, aún brilla hoy) por su ausencia en la Argentina posterior a 1976.

En nuestro particular idioma político, el objetivo de largo plazo, y aún la estrategia para lograrlo, se llaman proyecto nacional. Y en el caso muy específico de la Argentina que deseamos construir o reconstruir los nacionales y populares, el primer principio, o axioma, que fundamenta el proyecto nacional es justamente el de ser la nación que podemos y debemos ser, es decir grande, justa, libre y soberana (pueden cambiarse esos adjetivos por algunos de sus sinónimos, para que la frase no tenga tanta connotación peronista, pero al final los cuatro conceptos serán siempre los mismos). Hoy, claro está, hablar de nación es hacerlo en términos latinoamericanos, o al menos sudamericanos.

En realidad, son cinco principios, y no cuatro, porque, la afirmación de ser una nación (en el verdadero sentido de la palabra) en el caso de la Argentina es ya una meta, y no cualquiera, sino la basal. Lo contrario, y que constituye el proyecto de nuestros verdaderos adversarios (y aún enemigos) es el de ser un apéndice (una colonia, un socio menor, como cada uno prefiera llamarlo) del país dominante.

De la forma en que se resuelva esa disyuntiva insoslayable (ha sido siempre insoslayable desde 1810, o 1806, en adelante) dependerán las otras metas y las estrategias que conforman en conjunto el proyecto de largo plazo. El nuestro es un proyecto de nación, el de ellos es el de un acompañante del Imperio: "perla de la corona británica", la llamó Julio Argentino Roca (h); "aliado estratégico extra-NATO", la rebautizó Menem (elijo el nombre más decente entre los varios que mereció nuestro país en esa época); "colonia próspera" la llamaron los autores nacionales que nos antecedieron; "país posible" la llaman ahora.

Lo de "país posible" tiene su miga. De él deriva el aserto (falso de toda falsedad) de que "no hay otro camino posible", y su hermano gemelo, el favorito de nuestros adversarios verdaderos: "la política es el arte de lo posible". En verdad y para todo político patriota, "la política es el arte de hacer posible lo necesario" (no recuerdo a quien le estoy plagiando la frase). Si se me permite un ejemplo simple, casi de pizarrón, sacado de la historia que es maestra de vida y de política, y no algo "arcaico" como pretenden algunos: si Perón en 1943 se hubiera atenido a "lo posible", hoy estaríamos "festejando" la octava década infame consecutiva. Afortunadamente, el General fue un utópico que vio un futuro de nación con todas las de la ley, donde sus enemigos "sensatos", atados a "lo posible", sólo veían una colonia más o menos próspera. Sería lamentable que, hoy, nosotros viéramos sólo "un país cuyo mejor amigo es EEUU".

La adicción al poder

Y bien, luego de estos primeros siete meses de gobierno, ¿cuál es el proyecto de largo plazo, y cuál la estrategia, a los que responden o parecen responder las acciones tácticas del Dr. Kirchner?

No es fácil deducirlo. Normalmente el presidente amaga para un lado, y luego arranca para el lado contrario. A veces nos gusta el amague, y otras, el arranque. La cuestión es que, para decir con certeza cuál es el proyecto de largo plazo de un gobernante, todos sus actos deben estar claramente encaminados hacia él, aunque las circunstancias le aconsejen ir más despacio en algunas oportunidades, y aún hacer la vista gorda en otras. Lo que no puede haber en un proyecto lógico y coherente son acciones contrarias al objetivo supuesto. Y en este gobierno, francamente, se observan varias de ellas.

Lo que motivó a Albert Einstein a formular la teoría de la relatividad, y a Max Planck la de las partículas ondulatorias, fueron tres hechos o experimentos que no se podían explicar por la ley de la gravedad. Sólo tres hechos inexplicables en más de un siglo bastaron para que esos dos sabios dieran por tierra con la ley de Newton, al menos como teoría general (única) del Universo. Con el actual gobierno, en cada intento que hacemos para encontrar un proyecto de largo plazo que le dé sentido a su accionar diario, nos topamos con bastante más de tres hechos inexplicables. Hay una sola excepción, un solo proyecto de largo plazo que, objetivamente analizado, torna coherente lo que el presidente hizo en estos primeros siete meses: es el de acumular poder, y más poder, sin que se note aún en qué y para qué lo usará.

Proyecto nacional, no vemos. Tampoco proyecto ideológico, ni de cruzada anti-corruptos. Al principio, y debido a ciertos nombramientos y "purgas", muchos creyeron (quien escribe incluso, para ser honesto) que se marchaba hacia un gobierno de "centro-izquierda" anti-corruptos, y que se reemplazaría al peronismo por otro "movimiento transversal".

El tiempo nos está demostrando que no es así. Sólo queda en pie, como único objetivo visible de corto, mediano y largo plazo, el proyecto de poder personal, o conyugal. Últimamente hemos conocido de fuente directa una prueba irrefutable y definitiva de lo que digo: el Dr. Sergio Acevedo, hombre de la más íntima confianza del presidente y delfín suyo en la gobernación de Santa Cruz, se vio moralmente obligado a presentar su renuncia por escrito en las horas previas a la asunción como gobernador, debido a la exigencia de la Sra. de Kirchner y del ministro De Vido (tropa propia e incondicional del presidente, sin duda) de "designarle" ellos el Gabinete completo, más los cargos de funcionarios medios e inferiores. Se evitó el escándalo porque la senadora Kirchner y el ministro De Vido "cedieron" algunos cargos de menor jerarquía al gobernador, a cambio de que éste retirara su renuncia. La gran prensa tapó todo, pero el episodio es totalmente real y trascendió. En el banquete del presidente no se deja caer una sola miga al suelo.

Un proyecto exclusivo (y excluyente) de poder no es buena señal. Demasiado nos costó sacarnos de encima a Menem, que sufría la misma voracidad adictiva de poder.

En el resto no hay claridad

Es cierto que existe un "núcleo duro" de amigos del presidente, cuyos orígenes se remontan a la JP Lealtad, y también a la otra, la que desobedeció en 1974. Pero, al lado de ellos, y en cargos de la misma importancia, revistan muy recientes menemistas y cavallistas, sacerdotes devotos del neoliberalismo globalizador, de las relaciones carnales y de las ventajas de confiar en el "derrame" que nos salvaría de caer en "el infierno de la demagogia distribucionista". Ideológicamente hablando, y por su pasado remoto y reciente, el equipo del presidente se parece más al famoso tango de Discépolo que a un grupo de tendencias definidas: está la Biblia junto al calefón.

Por otro lado, si hubiera un proyecto nacional, la diversidad ideológica de los componentes del gobierno sería lo de menos, pues el proyecto común une, como sucedió en la época de Perón y en el Movimiento creado por él (sin olvidar que, además del proyecto y del Movimiento, estaba Perón...). Pero, en las actuales condiciones, sin un proyecto definido, mezclar el agua y el aceite ideológicos, insisto, está resultando más Cambalache que Movimiento.

También es cierto que el presidente ha anatematizado como enemigos públicos número uno a muchos menemistas, pero se alió con otros tantos de ellos cuando le vino bien para ganar una provincia.

Y es cierto, además, que está llevando adelante loables tareas de moralización en la Policía, en la Corte y en el Senado, entre otras, pero, para ganar poder en algunas provincias (siempre el apetito de poder) hizo y mantiene la vista gorda, muy gorda, con personajes ética, moral y penalmente impresentables. Además, cuando se trata de cuidar el favor de los amigos poderosos (Repsol-YPF, nuevos concesionarios de los peajes, empresas mafiosas de pesca en el Sur, banco de San Juan-Santa Cruz-Santa Fe), el fervor moralizador del presidente parece decaer a límites bastante débiles.

De paso, sería un gran ejemplo ético para los argentinos, y un baño de confianza en nuestras instituciones y en el rumbo económico del actual gobierno, que el presidente repatriara los millones de dólares (¿450 ó 700?) de su provincia, que él como gobernador envió al extranjero en la época de Menem-Cavallo. Antes de asumir la presidencia, el pretexto para tan extraña (y siempre injustificable) conducta fue la desconfianza de Kirchner en lo que podría hacer el gobierno nacional con los depósitos en dólares, pero ahora el presidente es él...

Otro tanto puede decirse de su inicial ímpetu para hacer "rancho aparte" del PJ, con el proyecto de transversalidad: peronistas de "izquierda", más Elisa Carrió, Aníbal Ibarra, Chacho Álvarez, etc. En pocos meses, dicho proyecto se ha transformado en el actual intento de conquistar internamente al PJ y sumarle una "rama" nueva: la piquetera (la de los piqueteros que son amigos de Kirchner, los otros no, por supuesto). Sugestivamente, han aparecido afiches costosos (¿quién los paga?) en las paredes de Buenos Aires, sin la firma de dirigente alguno, en los que un ignoto "Movimiento de Recuperación Peronista" promete luchar contra la transversalidad y (o para) defender a Kirchner... (¡!).

De todos modos, con el proyecto transversal de rancho aparte, o con el internista-piquetero-antitransversal, siempre asoma con nitidez el mismo objetivo, ganar poder, y la misma duda o incógnita, ¿para qué? Sin olvidar que, para ganar la batalla interna en el PJ, hay que tragarse muchos sapos nada izquierdistas y bastante corruptos, que harían empalidecer a las alianzas "non sanctas" que hizo el presidente con tal de ganar el favor de algunos dirigentes provinciales que en los '90 fueron barones intocables del menemismo.

La peor consecuencia: una mala inserción internacional

La consecuencia más importante y grave de la falta de un proyecto nacional, o al menos de la poca claridad sobre él, son las muy particulares relaciones internacionales que mantenemos hoy, y que nos han llevado a una errónea inserción en el tablero mundial. Al respecto, en los últimos tiempos he sido repetitivo hasta el cansancio, y lo seguiré siendo, pues en ese terreno nos jugamos el futuro a suerte y verdad.

Tal como he detallado antes, en materia internacional tenemos dos grandes problemas actualmente: el trato con el FMI y el ALCA. Si se los analiza con cuidado, son uno solo: nuestra relación con EEUU. Creímos que EEUU era nuestro mejor amigo y sobre esa base falsa hemos trazado una política internacional equivocada. Ello es, a la vez, causa y consecuencia de la falta de un proyecto nacional: la ausencia de tal proyecto nos deja a merced del más fuerte, y éste estrangula toda posibilidad de constituirnos en una nación verdadera.

De ninguna manera puede decirse que considerar a EEUU como el mejor amigo de la Argentina es igual a las relaciones carnales del Dr. Menem (al menos, porque con los amigos uno no practica ese tipo de relaciones...), pero, en el fondo, ambas posiciones responden al mismo error conceptual: condicionar toda nuestra política internacional, nuestra vital inserción en el mundo, al humor de la Casa Blanca. De esa forma, reitero, no hay posibilidad alguna de adoptar e impulsar un proyecto nacional.

A lo ya dicho en mis mensajes anteriores en oposición a la firma del malhadado acuerdo con el Fondo, sólo debo agregar la novedad de que, a pesar de haber cedido en temas vitales y/o innegociables (colocar el pago de la deuda como premisa privilegiada y condicionante de todo plan o medida económica; prometer "a priori" un superávit fiscal del 3% del PBI para pagar sus intereses y después ver cuánto nos queda para cubrir nuestras necesidades; comprometernos a que de ese 3% de ahorro forzoso se pagará primero al FMI, BM y BID sin quita alguna y así haya que hacerlo con reservas del Banco Central como sucede ahora; derogar la ley de subversión económica; otorgar impunidad a los directivos del Banco Central; reformar la ley de quiebras; "perfeccionar" la Ley de Patentes de Medicamentos; compensar a los bancos, etc., etc.), a pesar de ello digo, las prometidas inversiones externas y los generosos créditos (que vendrían, ambos, "cuando acordáramos civilizadamente con el FMI y que nos evitarían la suicida caída del mapa"...) siguen sin aparecer y seguirán así por mucho tiempo. Y si faltaba algo para convencernos de que otra vez nos hicieron (les hicieron, a los políticos y economistas serios y sensatos) el cuento del tío y cedimos (cedieron) todo por nada, ahora el FMI reclama cambiar lo firmado hace tres meses, para dar otra vuelta de tuerca, bajo amenaza de que, si no lo aceptamos, no habrá inversiones ni créditos externos y nos caeremos del mapa...

¡Triste lección para quienes nos tildaron de locos e irresponsables cuando hace cinco meses dijimos que aceptar las exigencias del FMI no serviría para nada bueno, y que mejor era afrontar la realidad y resistir a pie firme!

¡Lástima que, prensa seria y grande de por medio, quienes se burlaron de nosotros de esa forma y ahora quedan incómodamente desautorizados por la realidad, seguirán siendo los prudentes y sabios académicos y los políticos confiables, mientras a nosotros nos mantendrán, siempre poniendo cara de cemento, en el banquillo de los locos irresponsables! Aún así, es necesario que digamos desde ya que, si el presidente mantiene su palabra de resistir esta nueva y sucia (como todas) estocada del FMI, nosotros estaremos a su lado para ayudarlo en lo que podamos, o en lo que él nos permita hacerlo.

Y si el Dr. Kirchner mantuviera ahora su palabra, significaría que también puede resistir en el asunto del ALCA, en cuyo caso redoblaremos nuestro compromiso de ponerle el hombro, pues en ese caso se habrían dado los dos primeros y fundacionales pasos para un proyecto nacional, con su correspondiente estrategia incluida. Tenemos pocas esperanzas de que ese milagro suceda, pero la esperanza es lo último que se pierde, o así debe ser al menos para seguir viviendo y, con más razón, luchando.

Las asignaturas pendientes

La falta de objetivos definidos de largo plazo ha producido, no sólo una desacertada inserción en el mundo, asunto decisivo a la hora de encarar cualquier proyecto nacional, sino también las grandes deudas o asignaturas pendientes de este gobierno, justamente en los temas que constituyen el resto de la estructura de aquel proyecto de nación en serio. En siete meses, el gobierno no ha dicho nada sobre:

  • - plan de desarrollo económico, especialmente industrial y tecnológico, pero también agropecuario (vaya por caso: la soja transgénica cultivada extensivamente está diezmando nuestras mejores tierras y produciendo el despoblamiento del agro, sin que el gobierno se dé por enterado): lo único conocido en materia de plan económico son los compromisos con el FMI que encorsetan nuestra economía;
  • - plan de promoción de la investigación científica y tecnológica: no sólo no hay nada concreto, sino que las partidas del presupuesto de 2004 que aumentaban los fondos para dichos rubros acaban de ser vetadas por el presidente;
  • - política territorial y poblacional (algo de primerísima y vital importancia en un país tan extenso y poco poblado como el nuestro, y cuyo territorio es visiblemente, casi groseramente, apetecido por gente... extraña): ya relaté el "cajoneo" incomprensible que sufrió mi proyecto de Ley General de Tierras, preparado por especial y espontáneo pedido del canciller Bielsa;
  • - planes de educación, cuando hay una deserción escolar y un semi-analfabetismo alarmante aún entre los bachilleres, y la matrícula en las universidades estatales disminuye en forma notoria; la única propuesta de fondo (en realidad, es del Fondo) que ha hecho el ministro de Educación es el canje de deuda por educación, por el cual nuestros acreedores decidirán cuáles proyectos educativos serán financiados...
  • - promoción de la cultura nacional, al margen de las lamentables y poco decorosas peleas entre la ex presidenta del Fondo Nacional de las Artes y el secretario del ramo;
  • - salud, cuya situación es más que calamitosa;
  • - defensa, salvo la "purga" de oficiales con que se inauguró este período y cuyos reales motivos son aún secreto de Estado, y la doctrina militar nacional del Jefe del Ejército a quien el presidente ha respaldado afortunadamente;
  • - conservación ambiental y explotación racional de los recursos, transportes, comunicaciones, etc., etc.

Menos aún se ha informado acerca de una indispensable (y saludable) investigación sobre la legitimidad de la deuda externa: al respecto debemos recordar que el fallo del Dr. Jorge Ballestero, en el que ese juez solicita al Senado y a Diputados que la investiguen, es de junio de 2000, lo que suma más de tres años de "cajoneo" multipartidario. A la deuda la inflaron los militares del Proceso, Martínez de Hoz, Alfonsín-Sourrouille, Menem-Cavallo y De la Rúa-Machinea-López Murphy-Cavallo; y la "cajonearon" y "cajonean" la tropa legislativa de De la Rúa, la de Duhalde y la de Kirchner. No se salva nadie. Un poco más y es un gol al mejor estilo de Fuenteovejuna, pero en contra.

Estas serias falencias del gobierno, más que asignaturas pendientes, son síntomas inequívocos, insisto, de que no hay proyecto alguno (ni nacional, ni del otro), salvo el de acumular poder.

Por otro lado, la misma falencia de planes serios y propuestas de fondo (no las del Fondo que son, objetivamente dicho y sin ironía, las únicas existentes) está llevando al presidente a llenar el vacío con el uso y el abuso de la manipulación mediática y de la política del "rating" prefabricado. El ejemplo arquetípico de tal política exclusivamente mediática fue, en esta quincena, lo sucedido con la meneada derogación de la reforma laboral aprobada en 2000 a punta de "banelcos" en el Senado. El presidente anunció enfáticamente que esa norma, tan inmoral y bochornosamente obtenida, sería derogada. Pero, al día siguiente, su tropa propia en Diputados resolvió "patear la pelota" para el año que viene, "porque en el Poder Ejecutivo creen que habrá muchas complicaciones jurídicas con su derogación..." Está todo dicho.

La marcha de la economía

Esta es una materia donde el gobierno muestra sus mejores logros. Los exagera convenientemente, sin duda, al calor de una prensa complaciente, a veces groseramente complaciente, pero el aumento de la actividad y por ende del PBI es un hecho real y palpable. También cierto aumento del empleo.

Importa ahora analizar las características de este ya largo veranito, cuáles han sido los motores que lo impulsaron, y cuál será su futuro previsible.

  • 1.- La baja de la desocupación se observa hasta en la vida diaria, de la misma manera que es notorio el aumento del trabajo en negro y la simétrica disminución del empleo formal que aporta, no sólo estabilidad laboral, sino también mejores salarios, cobertura social y trato digno para el trabajador. Este aumento de la inequidad social se observa también en la mayor diferencia de ingresos entre los sectores más pobres y los más ricos. Otro índice de ello, igualmente doloroso, es el crecimiento de la matrícula en las universidades privadas (pagas) y la grave disminución de ella en las gratuitas del Estado. La explicación es clara: las clases elevadas (rica y media alta) han recobrado rápidamente este año su posición económica y su confianza como para gastar una buena suma mensual en una universidad cara, mientras los pobres ya no pueden enviar sus hijos a la universidad gratuita en la proporción de antes. Nada tiene que ver este lamentable resultado con la supuesta excelencia de la enseñanza privada, frente a la también supuesta deficiencia de la oficial. Hay estudios recientes que avalan lo dicho, pero el argumento irrebatible es que, en escasos doce (o siete) meses, ninguna universidad privada pudo mejorar tanto su nivel, y ninguna estatal empeorarlo, como para explicar el fenómeno. En ese aspecto, estamos como hace un año, mientras las respectivas matrículas marcharon en sentidos opuestos.

De cualquier forma, los aumentos de salarios privados y jubilaciones mínimas, si bien fueron pequeños y parciales (no se los concedió a los empleados públicos dado el compromiso asumido en esa materia con el FMI, y siempre el FMI...), han producido una leve mejora en el nivel de remuneraciones populares. Pequeños y parciales, pero positivos y doblemente plausibles, pues, además de justos, fueron un incentivo para que aumentara un poco la demanda privada y con ella la actividad económica.

  • 2.- A su turno, las causas del aumento del PBI son todas indudablemente producto de la naturaleza o del azar, menos en el caso de la devaluación. Y no podía ser de otra manera ya que durante este lapso no hubo plan de desarrollo alguno, promoción industrial o de cualquier tipo, incentivos y fomento de las exportaciones (las industriales especialmente que son, lo diremos hasta el hartazgo, las que agregan valor de mano de obra nacional), ni política cambiaria, monetaria y crediticia activas y pro-crecimiento, ni reforma impositiva justa y pro actividad económica.

Al respecto, me inclino a tomar en consideración las conclusiones de dos fuentes confiables que últimamente han estudiado el tema: el Dr. Eduardo Conesa y FIDE-Fundación de Investigaciones para el Desarrollo Económico (Lic. Héctor Valle y Lic. Mercedes Marcó del Pont).

Conesa, en un artículo publicado en LA NACIÓN del 29-10-03 y que ya comenté, ha demostrado que el Dr. Lavagna (y, por supuesto, el Dr. Kirchner) no siguen una política keynesiana, ya que usan la política monetaria (y lo que conlleva: crédito, etc.) para mantener baja la inflación, y no para generar empleo, como aconsejaba el economista inglés para situaciones de recesión con alta desocupación como es la nuestra. En la práctica (y esto es de mi cosecha, no de Conesa), ese enfoque monetario de Lavagna (y Kirchner) fue justamente el que aplicaron desde Martínez de Hoz y Roberto Alemann, hasta Machinea, pasando por Cavallo y Roque Fernández.

FIDE, a su vez, en su Desayuno de Trabajo de diciembre, ofreció la tribuna al Dr. Eduardo Curia, quien se mostró proclive a confiar en el rumbo actual, aunque en algunos momentos creí percibir más una expresión de deseos que un pronóstico en las palabras de mi amigo Curia. Luego, Valle y Marcó del Ponto proporcionaron datos de gran importancia (también lo hacen en su revista Coyuntura y Desarrollo de diciembre):

  • a)- El presupuesto de 2004 prevé el congelamiento de los salarios públicos (compromiso con el FMI), y como en ese año se espera una inflación del 10%, tales salarios sufrirán idéntica reducción real.
  • b)- Para la actividad privada, el gobierno deja todo librado a que los empresarios acepten compartir con los trabajadores los aumentos de productividad y de rentabilidad que se produjeren. Y agrego yo: esa fórmula fue "descubierta" por Martínez de Hoz (en realidad, antes la había usado Krieger Vasena, con Onganía) y mantenida por Cavallo-Machinea, etc.
  • c)- Los aumentos de $50 dados este año sólo benefician al 20% de los trabajadores, por el alto porcentaje de empleo en negro y otros factores. Muy pequeña cosa, sobre todo cuando, entre diciembre de 2001 y setiembre de 2003, el salario real ha disminuido un 18% como nos recuerdan Valle y Marcó del Pont.
  • d)- La actual reactivación económica, en opinión de FIDE, es producto fundamentalmente de tres factores: la importante devaluación de 2002 (que alentó la industria de sustitución de importaciones, y cuyo auge fue menor a lo esperado por la falta de crédito y de consumo masivo), el aumento de la cosecha de soja y de su precio internacional, e idéntica situación excepcional para el petróleo y el gas. Por ello, FIDE alerta sobre la posibilidad de que, a mediados de 2004, si los precios de la soja y del petróleo bajaran, y la paridad del dólar se achatara (como desea el FMI), podrían recomenzar nuestros problemas (siempre que sigamos con piloto automático, claro está).
  • e)- Un hecho que aumenta las prevenciones de FIDE sobre los resultados del segundo semestre de 2004, es que para esa época, y si la reactivación sigue al ritmo actual, se habrá completado el aprovechamiento de la llamada capacidad industrial o productiva instalada (las fábricas estarán trabajando a pleno), y hará falta un fuerte aumento de la inversión pública (virtualmente prohibida por el FMI) y privada para mantener el crecimiento, situación que hoy no existe ni se avizora.
  • d)- Finalmente, Valle y Marcó del Pont marcan el enorme peso que significa para nuestra economía el pago de los intereses de la deuda (con quita y todo) y la virtual prohibición del FMI de aumentar el gasto social.

Debo agregar, por mi cuenta, que un mérito destacable de Kirchner en persona, es haber devuelto el optimismo a los argentinos (con desplantes mediáticos, o con lo que fuere, pero el "milagro" está logrado), y ello, unido a la baja cotización del dólar, ha sido un factor importante para el aumento de la inversión, sobre todo en la construcción (los dólares salieron del colchón donde fueron a parar por el miedo generalizado) y también en el consumo de los sectores pudientes.

Vale la pena una disgresión más: el aumento más notable de ventas durante 2003 se observa en el rubro de los llamados "shopings", que no son justamente lugares frecuentados por los pobres. Otra prueba de que la economía crece, pero la inequidad social no disminuye y quizás esté aumentando.

Un harnero para tapar el cielo

Creo que ese panorama en conjunto es realista: hay un logro efectivo, el optimismo de los argentinos; hay un proyecto de largo plazo pero es casi exclusivamente de poder; hay una errónea inserción en el mundo y muchas asignaturas pendientes; hay algunos aciertos puntuales siempre en el terreno táctico, y hay una reactivación económica que es fruto más de factores ajenos al gobierno que de su labor orgánica, y cuya permanencia (la de la reactivación) está puesta en tela de juicio para el mediano plazo. Todo ello, y especialmente la falta de planes sólidos y de políticas de largo plazo, se disimula gracias a las picardías comunicacionales del presidente y su equipo, y a la complacencia notoria de la gran prensa.

Pero ese permanente juego de distracción tiene un límite, del cual, en mi opinión, ya estamos cerca, aunque los periodistas y encuestadores amigos del gobierno traten de tapar el cielo con un harnero.

El mes pasado les informé sobre la enorme (y sugestiva) diferencia que existía entre las encuestas de opinión efectuadas por consultoras "piadosas" con el presidente, y el llamado Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que prepara la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, un instituto que difícilmente pueda ser tachado, ni siquiera sospechado, de "anti-kirchnerista".

La historia se ha repetido en diciembre

Evolución mensual del ICG
Fuente: UTDT / Catterberg y Asociados

Según el Centro de Estudios de Opinión Pública-CEOP (de propiedad del grupo CLARÍN), en la primer quincena de diciembre Kirchner mantiene un 88,5% de imagen positiva, y su esposa un 79% (ver CLARÍN del 28-12-03). Cifras tan altas, o semejantes, dan también otras consultoras del mismo palo.

Pero la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella, a través del trabajo ya citado que dirige el catedrático de su Departamento de Ciencia Política, profesor Sergio Berensztein, obtiene resultados apreciablemente distintos durante la misma quincena. Para mayor precisión, transcribo textualmente:

Recordamos que el ICG se presenta en una escala que varía entre un mínimo de 0 y un máximo de 5, y está confeccionado en base a una metodología utilizada en muchos países donde este tipo de índice constituye una herramienta valiosa para monitorear en forma periódica la confianza de la sociedad en el gobierno.

El ICG obtuvo en diciembre un valor de 2,65, 13 puntos menos que en noviembre, lo que implica una nueva corrección a la baja del 5% (el mismo guarismo del mes anterior)... En el período julio-diciembre, el ajuste (la caída) del índice fue de casi 23% (61 puntos).

La variable que mide la imagen general del gobierno tuvo una caída de 7%. Con todo, un 55% de la población tiene una imagen positiva de esta administración.

Asimismo, el 48% piensa que se gobierna en beneficio del interés general (5% menos que en octubre), mientras que el 74% piensa que el gobierno sabe cómo resolver los problemas del país, pero necesita tiempo (6% menos que el mes anterior). A su vez, el 46% piensa que la mayoría de los miembros del gobierno son honestos, lo que representa una leve recuperación de 2% respecto del mes pasado.

Reflexiones finales

Al cumplirse los primeros siete meses de gobierno, críticas por hacer hay muchas, no sólo las arriba expuestas pero, nobleza obliga (y la cordura también), estamos mejor, apreciablemente mejor que con Menem, De la Rúa y aún Duhalde. Nadie puede confundirse al respecto, nuestra oposición de fondo a lo hecho por Kirchner en este lapso, y las dudas sobre lo que hará en el resto de su mandato, de ninguna manera significan que todo pasado fue mejor. En todo caso, ahora habría que invertir el dicho popular: hemos salido de Guatepeor, y entramos en Guatemala.

Y es Guatemala y nada más, a pesar de algunos logros puntuales, porque, con las indefiniciones (que son toda una definición) del presidente, los argentinos perdemos otra oportunidad (¿la última, debido a la amenaza del ALCA?) de encarar seriamente nuestra recuperación como pueblo nacional, de comenzar, alguna vez, a construir ese nuevo proyecto nacional que quedó descripto al principio.

Con Alfonsín pudo ser; él lo intuyó y muchos le creyeron. Con Menem nos ilusionamos nosotros antes de su asunción en 1989. Con De la Rúa-Chacho Álvarez más de uno pensó que había llegado el momento. Con Kirchner hicimos fuerza para que renaciera alguna esperanza al respecto en nuestros corazones, y le pedimos a Dios que se concretara.

¿Fue mucho pedir? ¿O era lo menos que podíamos esperar si realmente deseamos, no ya desarrollarnos como gran nación, justa, libre y soberana, sino al menos salir del pantano? El año próximo, que les deseo sea muy feliz a todos ustedes, despejará esa incógnita. Ahí veremos si lo hecho por Kirchner alcanza, o se ha quedado en la mitad del camino cambiando algo para que nada cambie.

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