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Reflexiones en los andenes de Atocha

Por Juan Gabriel Labaké E-mail
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Rebanadas de Realidad - Ciudad de Buenos Aires, 20/03/04.- Muchas veces en la historia ha sido la muerte, la muerte a raudales, la que obligó a los dirigentes y aún a los pueblos a meditar sobre sus actos. La muerte de su padre fue la que inspiró los más bellos versos de Jorge Manrique, y lo hizo reflexionar sobre "cómo se pasa la vida" y "cuán presto se va el placer". El espanto de Atocha nos obliga hoy a meditar descarnadamente, aún cuando ello nos duela, desnude intereses inconfesables, enfrente a los poderosos, voltee viejos tabúes o aniquile dogmas políticos y sociales. Fue demasiado grande, demasiado doloroso. Exige una condigna y sincera meditación, como si estuviéramos ante nuestra propia muerte.

1ª reflexión. En enero de 2002, muy poco después de los atentados o auto-atentados del 11-09-01, publiqué mi trabajo Un nuevo amanecer argentino, por el cual recibí varios apoyos y otras tantas críticas. En él sostuve básicamente que la Argentina no debía permanecer pegada al Imperio angloamericano, entre otras razones porque el monstruo había entrado en su etapa de decadencia, muy probablemente en forma irreversible. Con el objeto de sustentar tal posición (para algunos, disparatada) di abundantes datos de la realidad internacional, no sólo en lo económico, e hice mía una de las tesis de Arnold Toynbee. Este historiador y ensayista inglés de mediados del siglo XX fue, sin duda, el vocero, ideólogo y auxiliar valiosísimo de la dominación anglosajona en el mundo, que él, donosa y eufemísticamente, llamaba "misión civilizadora de Occidente". Pero, al margen de su perversa colaboración con el imperialismo anglosajón (que en dicho estudioso era explicable y hasta natural por ser inglés), Toynbee fue un brillante pensador y ensayista. En su monumental obra Un Estudio de la Historia, afirma (y da numerosos ejemplos de ello) que las civilizaciones dominantes (los imperios) comienzan a decaer cuando, a falta de una respuesta sensata y pacífica, superadora de los desafíos externos, militarizan su estrategia hacia afuera y se transforman en Estados policíacos en lo interno.

En base a ello, y ante la decisión de Bush de actuar en nombre de Dios que no era neutral, la justicia infinita, la guerra preventiva, el eje del mal, y cuanta zoncera o cinismo inventaron los estrategas y los publicistas angloamericanos en aquellos meses, me decidí a sostener que EEUU era un gran Imperio con un poder incontrastable, pero que tenía los días, los años, o quizás las décadas contadas. Tarde o temprano caería en el abismo con más estrépito que las Torres Gemelas. Había comenzado a bajar la cuesta de la Historia. La descendente y degradante cuesta que comenzó con la militarización total y bruta de su estrategia. Hace algunas décadas, un presidente argentino en el exilio escribió un libro que ha hecho escuela: "La fuerza es el derecho de las bestias". Tenía razón. Afganistán y luego Irak marcaron el camino de la militarización ciega del Imperio y de su decadencia sin remedio.

Los adulones, vocacionales o pagados (que los hay en todo el mundo, también en España, Italia, Inglaterra y la Argentina), se apresuraron a pronosticar mil años de predominio angloamericano, pues no tenía rival a la vista en el terreno militar. Monopolizaban todo el derecho de las bestias. Ergo, eran los buenos. Son poderosos, luego existen, corregían a Descartes.

Los trágicos y deleznables atentados de Madrid de estos días parecen demostrar que el gigante tiene pies de barro. Efectivamente, EEUU y su presidente tejano tienen todo el poder militar del mundo. Todo. Tienen el PBI más grande del mundo. Guardan celosamente las tecnologías más avanzadas del mundo. Pero, de un solo hondazo, con diez mochilla cargadas con dinamita, el inasible Ben Laden los ha hecho temblar de terror. Peor, les ha demostrado que ellos ya no tienen el monopolio del terror, ni siquiera mantienen la delantera en ese terreno. Un "mártir de Alá" forrado con dinamita crea hoy más terror que las 40.000 ojivas nucleares que atesora el Pentágono, pero que no puede utilizar. ¿Para qué sirven las mortíferas bombas atómicas de EEUU, más las de la OTAN (toda Europa incluida), si no hay un enemigo a la vista para tirárselas? A este paso tendrán que encontrarles algún otro uso, aunque fuere en medicina proctológica.

¿Dónde tiene su capital el enemigo, para pavimentarla con misiles como en Bagdad y en Kabul, o antes en Dresde, Hamburgo, Berlín, Vietnam, Nicaragua, Kosovo, etc, etc.? ¿Dónde está el cuartel general del terrorismo para aniquilarlo? ¿En Afganistán, en Irak, en Siria, en Irán, en Corea del Norte, o en ningún lado? ¿Dónde? He ahí la base del terror "occidental" y "primermundista". ¿No estará en Washington y Nueva York? He ahí la cuestión que aterroriza al resto del mundo.

2ª reflexión. De ahora en más, el temor a recibir un castigo semejante al que hoy lloran los españoles paralizará a muchos gobernantes otrora dispuestos a colaborar con EEUU en sus aventuras bélicas. La superpotencia con ambiciones hegemónicas pasará a ser, este mes o en los venideros, el socio indeseable del mundo, el leproso de la aldea global.

Esa reticencia de los "aliados" forzosamente producirá cambios en el tablero internacional, y en forma muy probable en la política interna del coloso con pies de barro y en su actual proceso electoral.

Si EEUU baja la cabeza ante la brutalidad del ataque de los dos "11" y ante la ferocidad que todos suponemos para los próximos (¿Roma, Londres, una ciudad o una Embajada anglo-americana?), perderá de inmediato su calidad de Imperio dominante. Los Imperios no se dan por vencidos. Si arremete como toro ciego (lo más probable, hoy por hoy) contra los fantasmas que lo aterrorizan, éstos transformarán el planeta en un infierno, hasta que todos, aliados, amigos, neutrales, indiferentes y enemigos, le digan ¡basta! al agresor causante de tantas desgracias. En ese caso, EEUU dejará de ser el Imperio hegemónico en el mediano plazo (quizás más pronto de lo que ellos mismos temen). En este aspecto, lo de Atocha puede ser la bisagra de la era post caída del muro de Berlín. Su efecto político será mayor aún que el de los atentados contra las Torres Gemelas, y el del ya virtualmente seguro auto-atentado con un misil (no con un avión) en el Pentágono.

3ª reflexión. El mensaje para el resto del mundo, y especialmente para los pueblos oprimidos o que buscan su independencia y libertad, es terrible: sólo con la fuerza bruta de los atentados terroristas se le tuerce el brazo al Imperio. Es el único lenguaje que entiende. Lo que no obtuvieron las interminables y alambicadas reuniones de las Naciones Unidas, y la farsa de su Consejo de Seguridad, lo que no consiguieron los ruegos del Papa, ni el clamor de millones de seres humanos en todo el mundo, ni la oposición sólo teatral de Francia y Alemania (que luego estiraron la mano para recibir desde Washington su parte del botín irakí), lo que no se obtuvo por las buenas durante años y décadas, lo logró Al Qaeda con diez mochilas llenas de dinamita en dos minutos. Entre todos, incluidos los españoles como ya veremos, le han dado la razón a Marx (la violencia es la partera de la Historia), a nuestro Sarmiento (la letra con sangre entra) y a... Ben Laden. Son todos hijos del terror. No entienden otro lenguaje. Ése es el mensaje. Mala cosa, realmente.

4ª reflexión. También el pueblo español, aunque esté todavía golpeado por la desgracia, debe reflexionar. Hace más de un año que Aznar embarcó a España en el genocidio de irakíes. Hace rato que la TV, la radio y muchos medios muestran los horrores cometidos por las tropas invasoras, entre las cuales hay 1.300 militares españoles. Todo eso lo aceptó la mayoría del pueblo sin protestar demasiado. Las cosas iban bien con Aznar, Blair y Bush en sociedad. España formaba parte del muy exclusivo "club de los 3", una especie de super Consejo de Seguridad, inapelable y hermético, que decidía sobre vida y fortuna de iraquíes, árabes y seres humanos en general, y se machaba en las Naciones Unidas. ¡España estaba en la cúspide del planeta! Aznar era uno de los tres dioses del Olimpo. Hasta el 10 de marzo los españoles estaban dispuestos a darle al Partido Popular un amplio triunfo, a pesar del genocidio. Recién cuando probaron en carne propia la amarga e infernal medicina de Ben Laden se acordaron de quitarle el apoyo. Y todavía está por verse si el voto castigo contra Aznar y su Partido se debió al reconocimiento popular de que en Irak se cometió un error (perverso e infame error), o sólo se lo castigó por no haber dicho la verdad sobre la autoría del vandalismo. Nadie propuso castigar a Aznar por haber asesinado o dejar asesinar alevosamente a miles y miles de iraquíes para que su socio anglo-americano se quedara con el petróleo ajeno. El señor Rodríguez Zapatero, si bien se opuso a la presencia de tropas españolas entre los invasores, se cuidó siempre de acompañar sus palabras con tremendas diatribas contra Saddam, dejando la sensación de que la perversidad de éste, sino justificaba, al menos explicaba o atenuaba el atropello de la invasión. Y ese silencio cómplice de la mayoría del pueblo español (ante lo de Aznar y ante lo de Rodríguez Zapatero) es grave. Tendrán que reflexionar los españoles: ¿a quién han condenado y por qué lo hicieron?

Por otro lado, Atocha, ¿no ha sido el costo terrible y lejano de "entrar" a Europa, de ser "europeos", tal como insistía Ortega y Gasset, abandonando el espíritu español que deseaba conservar don Miguel de Unamuno? Me refiero al espíritu hispano que se forjó en la integración virtuosa, genial, de godos católicos, árabes musulmanes, y judíos, y que dio nacimiento a la cultura mudéjar con su refinado arte. Esa España mudéjar es la que conquistó y colonizó América. Nosotros somos hispanoamericanos, pero entendiendo por hispano lo que acabo de exponer. Hasta ciertas palabras usadas en aquella época, y que hoy en España son arcaísmos, hemos conservado en nuestro lenguaje diario. Somos el resultado de la unión, muchas veces violenta, de la España de antes y de la América precolombina. Muertos los Reyes Católicos, y debido a la locura de su hija Juana, primero los austria y luego los borbones, ambos ajenos a España, quedaron con las manos libres para desmantelar prolijamente todo lo mudéjar, es decir todo lo auténticamente español. En la medida en que se hacía un poco francesa y otro tanto alemana o flamenca, España abandonaba lo suyo. Tal proceso parece haber culminado con su ingreso a Europa. El triunfo de Ortega y Gasset sobre Unamuno aportó a España riquezas y modernismo, y le quitó la identidad. ¿Han ganado con el cambio? ¿Pueden volver a ser España sin "caerse" de Europa? Ello interesa a españoles, hispanoamericanos (y aún a latinoamericanos) y árabes por igual, pero la primera decisión es de España: ¿Socio del Primer Mundo invasor y genocida, o pivote de una nueva alianza estratégica que atraviese Europa por España y Portugal, y la una a América latina y al Medio Oriente? Una nueva alianza basada en el humanismo mudéjar, el refinadamente culto, el de Avicena, Averroes y Maimónides, el tres veces monoteísta, el que hizo grande a España.

5ª reflexión. Quizás ésta sea la más delicada, la más escabrosa para exponer, pero hay que encararla porque es la clave de todo. Hemos colocado a Ben Laden al lado mismo de Satanás. El hombre no es un santo, claro está. Pero, si realmente estamos ante una terrible tragedia que nos obliga a meditar sin hipocresía ni cinismo, debemos prestar sincera y desprejuiciada atención a las noticias que nos traen los diarios: para los árabes, sobre todo para los árabes del pueblo común, no sólo es Bush quien está a la diestra de Satán y no Ben Laden, sino que éste es un héroe amado por Alá. Y si un personaje es infernal para unos y celestial para otros, algo digno de ser analizado está sucediendo. Los "occidentales" y "primermundistas" (EEUU y Europa, pues nosotros gracias a Dios no somos ni lo uno ni lo otro), para quienes y como siempre la civilización termina en sus propios límites, es decir en sus propias narices, pues el resto es barbarie, dirán que esos árabes piensan así de Ben Laden porque son unos fundamentalistas incorregibles, producto de una religión absurda, atrasados, oscurantistas, fanáticos, violentos y el resto del rosario que escuchamos y leemos a diario. Pero, veamos la realidad tal cual es, no según como la cuentan interesadamente.

Los "occidentales" y "`primermundistas" hace ya 8 siglos que invadieron a los países árabes, en nombre de la Cruz (¿?), con el objeto de recuperar para la Cristiandad los Santos Lugares y, para sus mercachifles, las especias de Oriente. En el siglo XIX los invadieron nuevamente y controlaron el Canal de Suez, porque esos árabes incultos no iban a utilizarlo adecuadamente y en favor de la democracia. Los mismos "occidentales" y "primermundistas" apoyaron y apoyan a las bandas terroristas de Israel, fundadas y dirigidas inicialmente por Ben Gurion y Menahen Begin, en el desalojo violento y aún genocida del pueblo palestino de tierras que ocupaba pacíficamente desde hace al menos 5.000 años. Y ello, para cumplir con una supuesta promesa de Jehová, y para ayudar a las empresas "occidentales" y "primermundistas" a controlar el petróleo de toda la región hostigando a los árabes. Luego, en ese tren de saqueo y asesinato, los "occidentales" y "primermundistas" invadieron y masacraron a los afganos y a los iraquíes, en búsqueda de Ben Laden y de armas de destrucción masiva. Con tal pretexto se afincaron en Afganistán, para construir ellos el oleoducto que les interesaba, y manotearon impúdicamente el petróleo de Irak, sin que aún aparezca Ben Laden ni las armas de Saddam. Con los dólares de ese petróleo iraquí, pagan a sus empresas (y sólo a las suyas, a las amigas y aún a las de su propiedad personal o familiar) para que reconstruyan lo que sus misiles destrozaron en Bagdad, Basora y otras ciudades mártires. Además, le imponen a ese país su Constitución, como hicieron con Japón 60 años atrás, le digitan su futuro gobierno y siguen matando "sospechosos". Frente a todo ello, luego de haber probado infructuosamente y durante décadas y décadas todos los otros métodos, surge un Ben Laden que reclama con bombazos inmisericordes que los "occidentales" y "primermundistas" se vayan de una vez por todas de sus tierras. Para los árabes, entonces, desde el punto de vista estrictamente lógico y justo, ¿quién es el héroe, y quien el asesino terrorista? Y para todos nosotros, en conciencia y sin hipocresía ni cinismo ya que estamos en la hora de la verdad brutal, dentro de este infierno, ¿quién es el agresor y quién el agredido que se defiende?

Quizás un poco de fantasía nos ayude a responder esa pregunta inquietante. EEUU y la NATO deciden que en la Triple Frontera hay armas de destrucción masiva y que desde allí se financia el terrorismo (el de los árabes, porque el de ellos se financia desde Wall Street). Exigen que les demos autorización para enviar inspectores. Se la otorgamos. Vienen una, dos, tres, cien veces. No encuentran nada. Bush, Blair y Aznar, a pesar de ello, nos invaden; matan o encarcelan como a una rata a nuestro presidente (bueno o malo, pero es nuestro presidente) y a millares más, soldados y civiles inocentes; destruyen todos nuestros edificios públicos; asaltan y saquean nuestro Museo de Bellas Artes, el de Arte Decorativo, el MALBA, la fragata Sarmiento, la tumba de San Martín y la de Belgrano, destruyen negocios y barrios enteros, y cometen algunas gentilezas más para que nos hagamos democráticos. Derogan "manu militari" (y extranjera) nuestra Constitución (que aunque haya nacido de un pacto espurio avalado por una dirigencia claudicante, es nuestra Constitución), se erigen en gobierno de ocupación, determinan que este político puede actuar pero este otro no. Se apoderan de nuestra soja y de las fuentes de agua potable, para pagar con ellas la reconstrucción (otorgada a sus propias empresas, por supuesto) del Obelisco, la Casa Rosada, el Palacio del Congreso y el de Tribunales, derribados todos previamente por orden de Bush, Blair y Aznar para que aprendamos a ser democráticos. En ese momento, Osado Ben López, acaudalado residente de Río Cuarto, huye a la Cordillera de los Andes, y desde ahí, con su fortuna personal, comienza a organizar y financiar la resistencia patriótica. Entablar una luchar regular contra el invasor, es decir, declararle la guerra, armar un ejército, vestirlo con uniformes vistosos, marchar sobre Buenos Aires para expulsar a los usurpadores, como en 1806 y 1807, es impensable. Más aún, ridículo. El pobre Ben López se transformaría en el hazme reír de sus compatriotas y del planeta todo. Le queda una sola vía: el ataque por sorpresa, la guerrilla. Vamos, el terrorismo. Decide comprar explosivos donde se los vendan (siempre con su fortuna personal), adiestra valientes temerarios, les previene que irán a una muerte segura, y los manda a dinamitar el cuartel general que las tropas invasoras habían instalado en el Hipódromo de Palermo. Mueren invasores y también automovilistas y transeúntes inocentes. Luego, dinamitan los centros cívicos de los traidores argentinos (siempre los hay, en todos los pueblos) que se habían creado para colaborar con el invasor y, de paso, sucederlo en el gobierno. Se repite la desgracia: mueren muchos inocentes, además de los traidores. En ese momento Ben López comprueba que todo eso no conmueve a los invasores. Hay manifestaciones multitudinarias en muchos países y cataratas de discursos en la ONU a nuestro favor (como en la guerra de las Malvinas), pero a los invasores no se les mueve un pelo (como en las Malvinas). Siguen dirigiendo la masacre desde su cuartel general que, por el ataque terrorista de Ben López al anterior, ahora está ubicado en otro lugar, siempre en Palermo y muy cerca del Hipódromo: en la Av. Colombia s/n, entre la Av. Sarmiento y la Av. Darregueyra. Ante la terca insensibilidad de los invasores, Ben López opta por el único camino que tiene disponible y que le parece eficaz: envía un equipo de comandos suicidas que dinamita el Capitolio, con la esperanza de que así escuchen la voz de los argentinos invadidos y oprimidos. Otra vez mueren culpables e inocentes.

Ficción, pura ficción, pero no un imposible. En ese hipotético caso, nadie diría que Ben López es un ángel pero, ¿alguno de nosotros, los argentinos, lo calificaría como se hace hoy con Ossama Ben Laden?

Otro caso, ahora real, de nuestra doble moral: Margaret Thatcher, en 1982, y para bloquear la gestión de paz del presidente peruano Belaúnde Terry, ordenó hundir el crucero Gral. Belgrano mientras éste navegaba fuera de la zona de exclusión. Murieron más argentinos en ese atroz episodio de terrorismo que españoles en Atocha. Si nosotros hubiéramos ganado esa guerra, y tuviéramos el poder del Primer Mundo, la Sra. Thatcher habría sido condenada, como criminal de guerra que es, a la pena de muerte o a prisión perpetua, y su memoria habría sido escarnecida para siempre. En lugar de ello, la Sra. Thatcher fue incorporada a la nobleza británica, como lo fueron los piratas Drake y Morgan, y es uno de los paradigmas de la democracia "occidental" y "primermundista" que nos quieren enseñar. Mientras tanto, para el Primer Mundo "occidental", el autor del atentado de Atocha es Satanás, como lo sería nuestro Ben López.

6ª reflexión. A pesar de la sangre que ya han hecho correr en Afganistán e Irak, sin que Ben Laden y las armas de Saddam aparezcan, ni el terrorismo amaine (al contrario, ha aumentado exponencialmente desde la invasión), ¿en serio creen que con más violencia "occidental" y "primermundista" van a terminar con la violencia de "los otros"? Peor aún, matando gente que elige la muerte y la busca alegre y orgullosamente, porque es una muerte gloriosa para ellos, ¿creen que van a frenarlos? Que simule creerlo Bush y se grupo militar-industrial-petrolero es lógico, porque ambicionan vender armas y quedarse con el petróleo del mundo. Pero, ¿también lo creen los españoles?

Conclusión. Es hora de que ese Primer Mundo "occidental", avaro y dominador, soberbio y depredador en los últimos cinco siglos, comprenda que hay otros mundos más allá de sus narices, y otros seres que también son humanos como ellos. Y que para uno de esos otros mundos, aunque nos parezca increíble y nos exaspere, Ben Laden es un héroe, como lo sería para nosotros el Ben López de mi fantasía. También deben entender que los árabes se están tomando revancha (si no queremos decir que se están defendiendo) de 8 siglos de matanzas "occidentales" y "primermundistas" en búsqueda de riquezas y poder ajenos. Y deberán comprenderlo pronto, porque no falta mucho para que el coloso chino se sume a la revancha y recuerde los bombardeos a sus puertos para envenenarlos con opio a fin de enriquecer a su Graciosa Majestad Británica. Tampoco esta lejano el tiempo en que la India alcance el poder suficiente y le pase, a la misma Graciosa Corona y al Primer Mundo "occidental", la factura por el dedo índice de sus mujeres tejedoras.

Si el Primer Mundo comprende cabalmente la elemental verdad de haber sido el gran agresor genocida del planeta de los últimos siglos, y que ya no puede seguir con sus tropelías impúnemente, es probable que termine el terrorismo. De lo contrario, sólo nos espera el infierno en la tierra. En ese caso, no podremos quejarnos de los nuevos Atocha. Seremos nosotros los primeros culpables, no los Ben Laden o los Ben López hipotéticos pero no imposibles.

Yo sé que lo que acabo de escribir es muy duro, durísimo y cruel, y que me traerá algunos dolores de cabeza, pero era indispensable ponerlo en blanco y negro. Ya murió demasiada gente en Atocha, en el Gral. Belgrano, en toda la Argentina por culpa de las recetas del FM, en Irak, en Afganistán, en todo el mundo. Es hora de que todos, todos sin excepción, pero el Primer Mundo "occidental" en especial, meditemos sobre cuán cerca estamos del abismo y "cómo se viene la muerte / tan callando".

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