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ARGENTINA

Subversivos y "subversivos" (Nota I)

Serie: Han convocado a los espíritus. ¿Sabrán conducirlos?
Por Juan Gabriel Labaké E-mail

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 20/01/07.- Jamás imaginé que, salvo para escribir un libro de historia, algún día necesitaría desempolvar y consultar mi abultado archivo sobre los años de plomo que van de 1973 a 1976. De esa época fui, no sólo testigo, sino también protagonista. Me tocó en suerte ser diputado nacional y estrecho colaborador de sus tres presidentes: Cámpora, Perón e Isabel. Y luego debí asumir la defensa jurídica de la señora del General, única sobreviviente de esa tríada de víctimas del terrorismo de "izquierda" y de "derecha".

Los tres fueron presidentes constitucionales legítimamente plebiscitados por el pueblo argentino el 11-03-73 y el 23-09-73 respectivamente, y los tres debieron soportar el brutal y permanente asedio e intento de desestabilización por parte del terrorismo de "izquierda" y de "derecha", que usaban distintos pretextos pero perseguían idéntico objetivo: derrocar al gobierno constitucional para enfrentarse "a cara de perro" y en forma directa, con los fierros en la mano, sin terceros "molestos", e imponer por la violencia su muy particular ideología... o sus intereses inconfesables.

Los de la "izquierda" juraban que usaban las armas contra Perón e Isabel para defender al pueblo, pero ese gobierno había sido recientemente elegido por el 63% de los votos populares.

Los de la "derecha" proclamaban que lo hacían para salvar al pueblo de la tiranía del "trapo rojo", pero en el gobierno no estaban los "rojos", sino los auténticos y legítimos representantes de ese mismo pueblo.

Los de la "izquierda" atacaban a balazos a sus oponentes, y creaban así el clima de terror que necesitaban los de la "derecha" para justificar tramposamente el golpe que ya preparaban en la sombras (luego lo harían a la luz del día y con todo desparpajo).

Los "compañeros de ruta" de la "izquierda", que actuaban en la superficie, algunos como senadores nacionales y muchos como diputados nacionales (los 34 del llamado "grupo de trabajo") boicoteaban al gobierno constitucional y le negaban a la Cámara el quórum indispensable para funcionar, creando asi la creencia de que había "vacío de poder"… Justo lo que necesitaban los de la "derecha" para dar su golpe del 24-3-76.

Y los de "derecha" echaban leña al fuego a través de la Triple A, cuyo mando era visiblemente militar, como lo veremos luego.

Cuando los de "derecha" produjeron su cuartelazo, cargaron todas las culpas sobre el gobierno constitucional para justificar la matanza vengativa de los de "izquierda" y de miles de otros argentinos que nada tenían que ver en esa pelea feroz entre dos grupos terroristas. Por eso mantuvieron en prisión prepotente (farisaicamente disfrazada de sentencia judicial) a la ex presidente Isabel, a quien, en el Mesidor, llegaron a rapar "a la papa", porque "había muchos piojos en la residencia neuquina" (textual). Y, no conforme con ello, inventaron el rumor infame de que "Isabel había quedado embarazada porque mantenía un amorío con el capitán de su propia guardia militar". El pobre hombre, un peronista al fin y al cabo, había cometido "el delito" de solicitar a Isabel que se sacara una foto junto a él. Isabel accedió a la foto, lo cual le costó al capitán la inmediata y deshonrosa destitución de su cargo, y el retiro obligado. A Isabel le costó el rumor infame de los militares sobre su fantasmal embarazo. El relato detallado de esta incalificable calumnia me fue hecho por la propia Isabel alrededor de 1987. El rumor del embarazo corrió por todo el país. En 1977, el ex ministro de Educación Pedro Arrighi, el ex de Economía Emilio Mondelli y yo pedimos audiencia con el cardenal primado Mons. Aramburu para rogarle, como católicos, que la Iglesia intercediera por la libertad de la ex presidente constitucional. Mons. Aramburu estaba "muy ocupado". En su lugar nos recibió un obispo auxiliar, de cuyo nombre no quiero acordarme, quien, al escuchar nuestro ruego, nos respondió que la Iglesia no podía interceder "por una mujer que había quedado embarazada del capitán de su guardia"… Lo difundo con mucho dolor, porque soy creyente y practicante católico, pero es indispensable hacerlo para que se comprenda hasta dónde había llegado el odio de ciertos sectores de poder hacia Isabel y su gobierno, y hasta dónde la ex presidente debió sufrir ese odio atroz e insondable. Si un obispo de la Iglesia llegó a sumarse a esa deleznable calumnia (pecado gravísimo, si los hay) y a ese implacable rencor contra la viuda del conductor del peronismo (me refiero al peronismo auténtico y decente, al de antes), no puede extrañarnos que hoy haga lo mismo un equipo de gobierno que se ha olvidado de dónde salieron los votos en 2003 y que ahora se mantiene gracias a una descomunal Banelco alimentada con fondos públicos.

Lo cierto es que este gobierno, donde figuran en cargos prominentes varios terroristas de la "izquierda" setentista (que, insisto, creó conscientemente el clima indispensable para que la "derecha" diera su golpe del 24-03-76) acaba de abrir la Caja de Pandora y ha convocado a los espíritus. Ahora veremos si sabe manejarlos. Nosotros nos encargaremos de averiguarlo. Es nuestro deber.

Para completar el relato sobre la forma en que los terroristas de Estado maltrataron a Isabel, digamos que, estando presa en su propia quinta de San Vicente (1980/81), la ex presidente contrajo una úlcera gastroduodenal hemorrágica. Los militares, por rencor o por miedo a que se supiera que la estaban torturando moralmente al punto de producirle dicha herida típica del sufrimiento y del "stress", se negaban a internarla en un centro médico adecuado para tratar esa grave enfermedad. A través de una fuente amiga (y compañera), cuya identidad no difundo por no tener su autorización expresa, Isabel me envió un mensaje personal pidiéndome urgente ayuda. Se me ocurrió entrevistar al jefe de redacción de la Agencia DyN y proponerle un trato delicado: ellos publicarían la noticia, y yo me haría responsable públicamente de su autenticidad. Así le evitaría a DyN algunos "dolores de cabeza" frente al gobierno de la dictadura. El jefe de redacción aceptó y publicó la noticia junto con mi respaldo personal a su veracidad. De esa manera se supo que Isabel estaba gravemente enferma, y el gobierno militar no tuvo más remedio que internarla en un sanatorio de Buenos Aires y, recién ahí, hacerla tratar como a un ser humano.

Subversión y "subversión"

Es indispensable distinguir entre el accionar de grupos armados que luchan por restituir el imperio de la Constitución frente a un gobierno usurpador del poder, de facto, o militar, es decir subversivo, que subyuga al pueblo, y la guerrilla subversiva que otros o los mismos grupos ejercen contra un gobierno constitucional legítimamente elegido por el pueblo.

En el primer caso, y salvo acciones aberrantes (asesinato intencionado de civiles inocentes, colocación de bombas para matar indiscriminadamente, sevicia o crueldad extrema, etc.), la acción armada contra los dictadores golpistas es justa y legítima, porque en esos casos los verdaderos subversivos o usurpadores son los gobernantes. Tal fue la situación de quienes lucharon con las armas (y sin caer en esos extremos aberrantes mencionados) durante los tres períodos tiránicos habidos desde el 16 de setiembre de 1955 hasta hoy. Al respecto, y para quienes se interesen por el fondo moral y filosófico del tema y no caigan en el sectarismo de negarse a leer a determinados pensadores sólo por ser "viejos" o "dogmáticos", Santo Tomás de Aquino lo tiene amplia y exhaustivamente estudiado.

Pero, bajo gobiernos constitucionales como fueron los de Cámpora, Perón e Isabel, nada justifica la violencia armada ejercida por los particulares, sean de "derecha" o de "izquierda". Insisto, ambas violencias, la de "izquierda" y la de "derecha" son, en esas circunstancias, vulgares y crueles actos de terrorismo, que deben ser combatidos con la ley en la mano y con toda decisión y rigor. El gobernante que no procediera de esa forma, estaría incurriendo al menos en el delito de incumplimiento de sus deberes de funcionario público.

El accionar de esas bandas terroristas está sancionado muy severamente por la Constitución Nacional (art. 22: "Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete el delito de sedición") y por el Código Penal (el art. 226 pena con hasta 25 años de prisión el delito de rebelión, que se agrava cuando es cometido por personal militar).

Convengamos, pues, en que Perón e Isabel, no sólo podían combatir legalmente la subversión durante su gobierno, sino que tenían la obligación legal de hacerlo, y de hacerlo con eficacia.

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