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Trabajadores ¿huéspedes o esclavos?

Revelan graves violaciones laborales en programas de trabajadores temporales.
Por Pilar Marrero

Rebanadas de Realidad - La Opinión, Los Ángeles, 02/04/07.- Pasó con el programa bracero, que entre 1942 y 1964 usó a trabajadores mexicanos para ocupar 4.5 millones de empleos en los años de la prosperidad de la posguerra.

Y, según estudios, vuelve a pasar con los programas actuales de trabajadores huéspedes que la ley estadounidense contempla ya desde hace años: a pesar de las "reglas" y protecciones legales que existen en el papel, en la práctica abunda la explotación, el engaño y los abusos laborales.

Aunque el Programa Bracero fue eliminado en 1964 -y muchos de los sobrevivientes, ahora ancianos, aún esperan que les cumplan las promesas que les hicieron de devolverles parte de sus ingresos retenidos- la ley estadounidense tiene un programa de trabajadores temporales inscrito en sus leyes: la sección H2 de la Ley de Inmigración y Nacionalidad.

Estos programas fueron divididos en dos tras la reforma de 1986: el H2A, que permite la importación temporal de trabajadores agrícolas cuando la mano de obra escasea y el H2B, un equivalente para tareas no agrícolas, existen en las leyes desde 1943.

En 2005, unas 121 mil personas vinieron a Estados Unidos por medio de estos programas: 32 mil para trabajo en el campo y otros 89 mil para ocupar empleos de construcción, forestales, hoteleros, procesador de alimentos, jardinería y otros.

La mayoría de los trabajadores importados son de México, aunque también hay guatemaltecos (muchos de los cuales trabajan plantando pinos), peruanos, dominicanos, bolivianos y jamaiquinos, entre otros.

El programa, según el análisis de miles de casos de trabajadores huéspedes por parte de la organización de asistencia legal Souther Poverty Law Center (SPLC), con sede en Alabama, equivale a un estilo de esclavitud moderna y da pie a mayores abusos, incluso, los que a menudo se somete a los trabajadores indocumentados.

"El principal problema con estos programas es que los trabajadores están al margen de las protecciones esenciales del mercado libre, porque no pueden cambiar trabajos si están inconformes con el que tienen. Están, esencialmente, atrapados", dijo Mary Bauer, directora del Proyecto de Justicia para el Inmigrante de SPLC.

El SPLC publicó hace poco un extenso reporte, resumen de su trabajo legal con miles de casos de trabajadores huéspedes durante los últimos años, que revela lo que parece ser una rutina común: los trabajadores temporales se endeudan en sus países de origen para pagar a los reclutadores, que lucran significativamente con ellos, cuando llegan aquí no obtienen los trabajos o los salarios prometidos, terminan viviendo en condiciones deficientes, no se les ofrece asistencia médica y, si se quejan, son amenazados con la deportación a sus países.

La idea de crear un programa masivo de trabajadores huéspedes ha sido parte central de la propuesta migratoria del presidente George W. Bush desde que llegó a la presidencia en 2000. Los activistas pro inmigrantes de base se oponen a este tipo de programas, a los que consideran una especie de esclavitud sancionada por el gobierno y que, por lo general, sólo beneficia a las compañías privadas.

En su Discurso del estado de la Unión el pasado mes de enero, Bush invocó una vez más la necesidad de un "camino ordenado y legal para que los trabajadores extranjeros vengan a nuestro país a trabajar en forma temporal". Para el Presidente, esto proporcionaría a la economía estadounidense con la mano de obra que necesita, y protegería a los trabajadores "que no tendrían que intentar colarse por las fronteras".

Pero los observadores apuntan a los programas que ya existen como un ejemplo de los problemas que habría que superar, para que un masivo plan de trabajadores temporales pudiera funcionar no sólo con beneficio para Estados Unidos sino con respeto a las leyes y los derechos civiles.

"Si, como hemos visto, hay tanta explotación y abusos en programas que supuestamente tienen protecciones laborales, queremos saber si van a poner los recursos, que ahora no existen, para asegurar que esas protecciones y leyes se cumplan.", afirmó María Elena Hincapié, directora de programas del Centro Legal Nacional de Inmigración (NILC).

La respuesta a esa pregunta no está nada clara. Muchos se cuestionan si es posible controlar un programa así, cuando el gobierno actualmente no monitorea realmente los programas, mucho más pequeños, que existen hoy en día.

Por ejemplo, un estudio de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental que evaluó los programas en 1997 encontró que el Departamento de Trabajo nunca ha negado una solicitud de importación de trabajadores huéspedes a empresas a las que se les comprobaron casos de abuso e incumplimiento de contrato.

El congresista demócrata de Nueva York, Charles Rangel, presidente del importante Comité de Medios y Arbitrios, dijo recientemente que: "El programa de trabajadores huéspedes es lo más cercano que he visto a la esclavitud".

Actualmente, en Washington hay al menos dos propuestas concretas de cómo debería funcionar un programa de trabajadores huéspedes. Una es la que ha impulsado el gobierno de George W. Bush y cuyos detalles se filtraron esta semana a la prensa.

La propuesta de la Casa Blanca para una reforma migratoria, eliminaría los programas H2A y H2B y los sustituiría con un programa de visas "Y" para trabajadores temporales. El número de visas anuales sería determinado por el mercado y revisado cada dos años.

En principio, funcionaría igual que los programas actuales: el potencial empleador debe "demostrar" que no hay trabajadores locales para esos trabajos, el sector privado se encargaría del reclutamiento y habría una lista de empleos aprobados.

Un elemento nuevo y diferente sería la posibilidad de los nuevos "braceros" de cambiar de empleo, aunque sólo podría hacerlo entre trabajos certificados por medio del mismo programa.

En cuanto a optar por la residencia, el trabajador tendría que regresar a su país de origen al terminar un determinado período de tiempo y su única opción de legalizarse sería por una categoría regular aparte, "poniéndose en la fila" y, aun así, tendría que regresar a su país al término del período de su contrato.

Los cambios no impresionaron a los abogados que conocen íntimamente los desmanes que se cometen con estos programas.

"Serían mejoras, pero un problema que sabemos que ocurre es que los empleados que se quejan caen en una lista negra, es decir, son tachados de problemáticos. Y si sólo pueden trabajar en empleos de una lista, van a tener miedo de no conseguir otro trabajo, lo que podría resultar en los abusos de siempre. No veo que esto resuelva el problema".

Una propuesta presentada en la Cámara de Representantes por los congresistas Luis Gutiérrez y Jeff Flake crearía un programa de "nuevos trabajadores".

"No se trata de traerlos y luego mandarlos de nuevo a sus países", dijo el congresista Gutiérrez, demócrata de Illinois. "La idea es que si desean integrarse a esta sociedad, puedan hacerlo y tengan las mismas protecciones laborales que otros trabajadores".

La propuesta de Gutiérrez daría visas por tres años, renovables por otros tres y al final permitiría al trabajador optar por la residencia permanente con un período condicional inicial de otros tres. En resumen, tomaría nueve años la legalización permanente.

Gentileza del diario La Opinión.
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