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La frustración empieza a invadir a mineros en Utah

Al menos una docena de voluntarios deja las tareas de rescate por el riesgo que hay.
Por Claudia Núñez / Enviada especial

Rebanadas de Realidad - La Opinión, HUNTINGTON, Utah, 15/08/07.- Los sentimientos de frustración sobre la lentitud para rescatar a seis mineros, tres de ellos mexicanos, atrapados aquí desde hace más de una semana empezaron a escalar ayer al tiempo que expertos cuestionaban la estabilidad de la mina Crandall Canyon.

Algunas compañías mineras consideran el tipo de trabajo que se hace en Crandall Canyon tan peligroso que prefieren no extraer el carbón para proteger la seguridad de sus trabajadores.

Aunque las posibilidades de encontrar con vida a los mineros atrapados disminuyen cada día que pasa, los esfuerzos de rescate continuaron ayer en la parte trasera del yacimiento, con la esperanza de que los hombres hubieran buscado refugio y aire en esa área.

Al mismo tiempo, máquinas pesadas trataban de limpiar el corredizo principal de la mina Crandall Canyon, atascado por roca tras el desplome del 6 de agosto. Se prevé que la operación demore varios días, aunque por primera vez desde el derrumbe los rescatistas progresan sin interrupciones.

Si no encuentran nada en el tercer agujero, las autoridades perforarán otro en el centro de la mina, dijo Bob Murray, director de Murray Energy Corp., empresa copropietaria y operadora de Crandall Canyon. Si después de ello no sucede nada, "nos estaremos quedando sin posibilidades".

Los rescatistas ya han cavado dos agujeros y han hecho descender una cámara de video a través de uno de ellos, pero se ignora la suerte de los mineros.

Por otro lado, las difíciles condiciones del rescate han empezado a mermar no sólo el ánimo sino la disposición de seguir adelante entre los mineros que llevan a cabo esa tarea.

"Ni aunque me paguen 10 mil dólares la hora me vuelvo a meter a esa mina. Quiero mucho a mi primo, pero quiero más a mis hijos. Ahí adentro no sólo la mina tiembla cada ratito; nosotros también", dijo Abel Olivas, primo del minero sepultado Luis Hernández y ex voluntario del cuerpo de rescate, quien la mañana del lunes decidió no regresar a las entrañas de la tierra.

Su rostro refleja preocupación y tristeza. No puede ocultarlo. La decisión de no ser más voluntario y darle la espalda al rescate de su primo le ha llenado el alma de dolor, pero siente que es su mejor decisión. Ante todo, sus dos hijas lo necesitan.

Sentado en el patio trasero de su humilde vivienda en Huntington, Abel, un hombre de 33 años, originario del pueblo de Zapotillo, Sinaloa, habló con La Opinión sobre lo que nadie quiere decir, lo que todos ocultan: el miedo entre los rescatistas y el paso que ahora muchos están dando.

"No soy el primero, en esa mina ya casi nadie quiere ser voluntario. Está horrible adentro. Los videos que ese señor enseña [Robert Murray, propietario de la mina] muestran que hay un espacio pequeño entre el techo y el piso, pero lo que nosotros vemos es que el camino está completamente tapado y con cada piedra que quitamos estamos poniendo en riesgo nuestra vida", comentó Olivas.

En una reunión reciente con el dueño de la mina, comentó Olivas, "Murray pidió más voluntarios para el rescate. Nadie, en mi cuadrilla, levantó la mano".

El mismo Robert Murray confirmó el martes en la mañana que 12 mineros voluntarios ya no regresarán a las labores de rescate. "Es su decisión y nosotros la respetamos. Son voluntarios", aseguró Murray en rueda de prensa.

Sin embargo, según Murray, la cuadrilla de rescate está integrada únicamente por un pequeño equipo de mineros porque un número mayor estorbaría la misión.

Al igual que Olivas, Natividad Flores también faltó a trabajar. Después de casi cuatro días de ser parte del equipo de rescate, este residente de Huntington y originario de Guerrero, México, optó por quedarse en casa.

Para él, más vale ser despedido que regresar embalsamado a su tierra natal.

De los 139 hombres que están trabajando actualmente en esa mina, sólo un equipo de entre seis y 10 mineros trabajan en la localización de sus compañeros atrapados. Los demás realizan labores de limpieza y reforzamiento de la mina.

"Pero conseguir a esos seis mineros cada vez le cuesta más a la Murray. Todos tenemos familias y no queremos que nuestras esposas sean las próximas viudas", recalcó Olivas.

Pero Murray no ha querido reconocer el peligro que encierra la mina Crandall Cayon.

"Esta es una mina completamente segura", refutó molesto ante la pregunta de si la mina ofrece las condiciones mínimas de seguridad para realizar un rescate.

Según informes oficiales, la cuadrilla de rescate que trabaja en la mina avanza un promedio de tres a seis pies durante cada jornada laboral, lo que significa que hacen falta casi dos semanas más para llegar hasta donde creen que están los seis mineros atrapados.

Sin embargo, conforme los rescatistas se internan más en el corazón de la mina, la pregunta que muchos se hacen no es cuándo llegarán, sino cuándo se quedarán sin los suficientes voluntarios para cumplir la misión.

Mientras tanto, Carlos Payán, Luis Hernández, Manuel Sánchez, Kerry Allred, Don Erickson y Brandon Phillips son como el tesoro más preciado que encierra Crandall Cayon, pero la montaña los aferra a sus entrañas mientras los compañeros de los mineros siguen aferrados a la idea de sacarlos. El tiempo dirá quién gana.

Nota:

Para la elaboración de esta nota se usaron servicios de agencias.

Gentileza del diario La Opinión.
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