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El problema de los medios de comunicación masiva (Parte II)

Por Ricardo Vicente López (*)

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Rebanadas de Realidad - Bahia Blanca-Argentina, 09/10/07.- La historia que conté en una nota anterior exige algunas consideraciones adicionales para una reflexión más profunda. Este es un tema de importancia excluyente para una mejor democracia, lo que equivale a decir para instituciones más sanas y transparentes en el seno de la Nación.

La historia de los medios de comunicación, contada desde el poder, muestra aspectos altamente positivos respecto de la necesaria información que todo ciudadano debe tener sobre los actos públicos. Pero, al mismo tiempo, oculta la temprana comprensión que el poder tuvo de la importancia de esos medios para hacer llegar su opinión a la ciudadanía. No mucho tiempo después de la aparición del libro de W. Lippmann, en el que se analizaba la penetración de los medios gráficos, el presidente Roosevelt fue asesorado sobre la importancia del uso de otro medio de reciente aparición en su primer mandato (1932-36), la radiofonía. Éste comprendió y se dispuso de inmediato a su utilización. El presidente les hablaba a los ciudadanos que se reunían en torno al receptor para escuchar su mensaje. Se lograba así una especie de "diálogo" entre el presidente y el pueblo, "diálogo" en el que sólo tenía voz el presidente. Sin embargo el resultado fue asombroso, el presidente aparecía para quien escuchaba como una persona allegada de cada hogar norteamericano.

Esto nos demuestra que la toma de conciencia de la utilización de los medios masivos para la comunicación pública no es nueva. De allí en más los medios y el poder entretejieron una estrecha relación de mutua dependencia. El paso previo, necesario, fue la instalación de la sociedad industrial desarrollada que concentró en las ciudades grandes cantidades de habitantes, dejando atrás la cultura de las sociedades tradicionales. Se dio un efecto nuevo para aquella época: cantidades importantes de personas se relacionaban entre sí cotidianamente sin nombre y apellido, anónimamente. La paulatina desaparición de las relaciones personales fue reemplazada por las relaciones funcionales. Es decir, la sociedad de masas. Ese tipo de sociedad posibilita la aparición de la comunicación masiva, que no significa hacia grandes cantidades de receptores solamente. El investigador de medios de comunicación George Gerbner la define como: "... la extensión de la aculturación pública institucionalizada más allá de los límites de la interacción cara a cara o de la realizada a través de cualquier otro tipo de mediación personal. Esto sólo resulta posible cuando se dispone de medios tecnológicos y surgen organizaciones sociales para la producción y distribución masiva de los mensajes".

El fenómeno de la comunicación de masas debe ser estudiado y analizado detenidamente por las importantes implicancias que tiene como obstáculo para la consolidación de un cuerpo comunitario sano y sólido en el nivel nacional, como así también para la comunicación entre los pueblos. Puesto que ha logrado un grado de fascinación tan extremo, en el seno de la sociedad de masas, que no es sencillo poder despegarse de él para adquirir la distancia necesaria para su estudio. Por la misma razón no es fácil hacerse escuchar respecto de las críticas imprescindibles hacia la utilización que se hace de ellos. Se ha logrado un efecto perverso que es necesario denunciar, aun a riesgo de ser tildado de antidemocrático. Puesto que toda crítica que aparece sobre ellos es denostada como un intento de atacar la libertad de informar. Éste es el recurso tan utilizado en la defensa de la libertad de prensa, que encubre la exigencia de la libertad de empresas. Este recurso es utilizado por las empresas de comunicación con intereses espurios, por muchos comunicadores como defensa de su negocio y lo más grave, en mi opinión, por muchos periodistas por ingenuidad o ignorancia.

(*) Profesor de la Universidad Nacional del Sur. Web / Correo

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