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El problema de los medios de comunicación masiva (Parte V)

Por Ricardo Vicente López (*)

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Rebanadas de Realidad - Bahia Blanca-Argentina, 12/10/07.- Para entender hasta donde llega el control que ejercen los medios de comunicación internémonos en los ámbitos institucionales en los cuales se forman nuestros periodistas. Esto adquiere especial relevancia por la fascinación que esta profesión irradia sobre muchos jóvenes. En un texto que se lee en las carreras de comunicación, permítanme callar más datos, se enfrenta uno con lo siguiente: "Es la misión más hermosa de la comunicación: el entendimiento con los demás, la vivificación de la vida comunitaria que es la vida de todos. La auténtica comunicación debe buscar unir y ser veraz, procurando poner énfasis en lo bueno que tiene "el otro", sea una persona, una institución o un pueblo. En la medida en que una columna de opinión, o un comentario de tertulia, aciertan a transmitirnos una realidad o un punto de vista que desconocíamos -un hecho alegre o desolador para una persona o un pueblo, por ejemplo- ya nos están sacando del aislamiento y uniéndonos a los demás. Pueden -y deben- despertar en nosotros el interés por lo que sucede a otros, padecer con ellos, movernos a pensar remedios: hacernos más solidarios. Además ha de ser un trabajo veraz, que es otro aspecto sustancial de la comunicación. Hay que acercarse a las personas y los sucesos con gran respeto a la realidad, sin retorcerla por superficialidad o buscando un provecho. Respetar la realidad requiere cierto esfuerzo: hay que contrastar los datos y fundamentar las opiniones, sobre todo cuando está en juego el buen hacer o el buen nombre de otros. Y requiere sobre todo honradez intelectual, para no convertir la comunicación en instrumento de poder, de propaganda, o en simple engaño".

El problema, del que debemos hacernos cargo, es que cuando se hacen encuestas sobre la credibilidad del periodismo, se encuentran respuestas que se encuadran en esta angelical definición. Muchos de los "periodistas" que salen de tales institutos o facultades afines a la comunicación, en las que aprenden con profesores que trabajan en esos medios, oyen repetir, sin el menor pudor, palabras como las leídas más arriba. El alumno, luego periodista de algún medio, que al egresar sale a trabajar lo hace con un grado de inocencia, ingenuidad, además de gran ignorancia, que da espanto. Pero, se dirige a un público que lleva un largo acondicionamiento por parte de los medios concentrados. Se produce así una dialéctica perversa entre quien miente sin saberlo y quien cree ingenuamente.

Si esta afirmación puede resultar exagerada, perversa, mal intencionada, propongo un ejercicio de la memoria. Volvamos a la década de los ochenta y comienzos de los noventa, no tanto tiempo atrás. Recordemos lo que todos esos medios, ya concentrados, dijeron con "la certeza de un investigador o de un catedrático", avalados por comentaristas internacionales "muy serios", acerca de las empresas en manos del Estado y a la necesidad de ser privatizadas. Algunos de ellos no informaron que mientras se postulaba para nuestro país la necesidad inmediata de desprenderse de ellas, en los países centrales los ferrocarriles eran del Estado, empresas fabricantes de automóviles también eran estatales, nuestras aerolíneas eran malvendidas a un Estado, lo mismo que nuestro petróleo, etc. Muchos de esos medios nos atormentan hoy con las dificultades que esas privatizaciones nos han provocado. Deberían tomar "Memorex".

Cómo es posible comprender que una parte importante de nuestros compatriotas le sigan creyendo a esos medios que mintieron, ocultaron, distorsionaron la información publicada. Que no se perciba que las opiniones que se vierten en las charlas cotidianas están condicionadas por una información sesgada por los intereses de los grupos inversores internacionales. Sin todo esto no es posible hablar sobre la información que nos llega cotidianamente.

(*) Profesor de la Universidad Nacional del Sur. Web / Correo

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