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OPINIÓN

La universidad: historia y problema (Parte I)

Por Ricardo Vicente López (*)

Artículos de Ricardo Vicente López editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Bahia Blanca-Argentina, 20/10/07.- La universidad como un problema a pensar se presentó ante el gran público, probablemente, cuando en 1968 los estudiantes de París tomaron La Sorbona y los medios del mundo se hicieron eco de la noticia. El entusiasmo de aquellos jóvenes, impregnados de anarquismo y romanticismo, apeló a la imaginación y a la creatividad y nos ofrecieron una cantidad de consignas que despertaban las simpatías de un público no habituado a tener la universidad como tema de conversación: "Si no nos atrevemos a pensar lo imposible deberemos aceptar lo insoportable", por ejemplo. Aquel estallido fue para la historia nada más que una llamarada en la cabeza de un fósforo, puesto que se apagó pronto y poco dejó para pensar el problema de la universidad como tal.

Esto nos impone volver a los orígenes de esta antigua institución, seguir su recorrido, comprender los objetivos originarios y ver qué nos queda de todo aquello para enfrentar el caos de ideas en el que estamos sumergidos hoy. Tal vez, una idea madre que podríamos colocar en el centro de nuestras búsquedas es que en alguna parte deberíamos centrar el debate acerca de cómo construir un mundo mejor que el que tenemos, si es que el debate nos puede ofrecer alguna salida posible. Pero sólo ello, esta tan sencilla pretensión, nos habla de que el debate es imprescindible para comenzar a plantear el problema, que exige ciertas condiciones para las cuales se presenta como necesario abrir un ámbito que posibilite que pueda ser maduro, profundo y abierto a todas las voces.

El escenario del mundo actual parece comenzar a desasirse de las manos de los poderosos, por lo cual debemos preguntarnos dentro de los temas de ese debate: ¿No es hora de escuchar el reclamo de los que siempre pierden, de los siempre postergados, de la gente de "nuestro pueblo"? ¿No ha llegado el momento de que las aulas, los laboratorios, las salas de reunión de las universidades se hagan eco de las demandas de tanta gente que se ve excluida, cada vez más, de una "vida digna"? ¿No debiera ser la Universidad unos de los ámbitos privilegiados y más aptos para pensar toda esta problemática? ¿Por qué no lo hace? ¿No es nuestro pueblo el que aporta el dinero con que se financian nuestros estudios? ¿Por qué no devolver, entonces, a ese pueblo el esfuerzo de mantener abiertas las puertas, dando las respuestas necesarias para comenzar a avizorar un mañana mejor? Preguntas que hoy la Universidad, como institución, no parece hacerse aunque haya en su seno gente preocupada por estos temas. Pues, para intentar abrir un camino de discusión de toda esta problemática presento esta serie de notas.

Mi intención no es pontificar desde la "altura" de la cátedra las verdades que, envueltas en el ropaje de la ciencia, se impongan por su contenido indubitable de "verdad". Tan sólo, y esto no creo que sea poco, intentar abrir ese debate con la conciencia clara de que son muchas las aristas del problema y que nadie por sí mismo puede dar las respuestas necesarias. Esta es una tarea abierta a todos, que reclama el aporte de todos, con una exigencia mayor para los que estamos dentro de la universidad y que hacemos profesión de la tarea de pensar. No por que ello suponga que somos los que estamos en mejores condiciones, sino porque somos los que no podemos eludir esta exigencia.

(*) Profesor de la Universidad Nacional del Sur. Web / Correo

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