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OPINIÓN

La universidad: historia y problema (Parte II)

Por Ricardo Vicente López (*)

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La universidad: historia y problema (Parte I) - Por Ricardo Vicente López

Rebanadas de Realidad - Bahia Blanca-Argentina, 22/10/07.- La necesaria mirada hacia la historia, mencionada en la nota anterior, nos remite a la institución fundada por Platón, en la Atenas en el siglo IV a. C. que aparece como sede de los Diálogos que llegaron hasta nuestros días, en los que el personaje central es, por regla general, su maestro Sócrates. La continuidad puede encontrarse en el Liceo donde enseñaba Aristóteles. Aunque esto no refleje necesariamente la verdad histórica nos sirve como punto de partida para ir desenvolviendo la historia de esta institución. Podemos extraer de esas experiencias el arte de la polémica que se daba alrededor de los temas planteados. Polémica que era la traslación del arte militar del ataque y la defensa al nivel discursivo. Con lo cual el camino hacia la verdad aparecía, al menos en la intención, como una construcción colectiva.

Posiblemente en aquella Academia platónica se colocaron los cimientos primeros de una institución que reservaría para sí el espacio del más alto nivel del saber. Para los fines de la reflexión que me propongo, no va a ser necesario ahondar en las particulares vicisitudes por las que pasó durante veinticinco siglos de historia en Occidente. La universidad, en su constitución actual o, por lo menos, con una estructuración que hoy reconoceríamos, tuvo nacimiento entre los siglos XI y XIV. Es Bolonia la primera en fundarse en 1088, la seguirá la de París y otras ciudades como Montpellier, Oxford, Orleans y Salamanca vieron aparecer estos nuevos templos del pensamiento. Su creación es obra del cristianismo católico. Nunca antes, en otro tiempo o lugar, había aparecido una institución de estas características. Nació junto a la Iglesia y como una parte de ella.

Allí se encontraron las diversas corrientes de pensamiento en un ámbito abierto a las ideas, para lo que la cultura de esa etapa histórica aceptaba que, si bien tuvo condicionamientos socio-históricos y políticos, gozaron de la posibilidad de confrontar argumentando en pos de sus verdades. No siempre en el mejor clima de libertad que hubiera sido deseable, para nuestra mirada de siglo XX, en el que tampoco encontraría esa pretendida libertad. No por ello puede dejar de reconocerse que fue la cuna de los más apasionados debates, cuyos resultados posibilitaron el avance del conocimiento. También es necesario afirmar, y se desprende de lo dicho, que es una creación de Occidente. Sólo una cultura con las formas que había adquirido ésta, por su herencia helénica y hebrea, reunía las condiciones para un nacimiento tal. El Oriente no produjo obra semejante, aunque esto no quiere decir que allí no haya florecido el pensamiento, pero éste transitaría por formas menos institucionales. Era imprescindible haber dado forma al concepto de "persona", ya prefigurado en Grecia, pero que adquiere toda su profundidad con el cristianismo, para que esta aventura del espíritu fuera posible. En una palabra, la Universidad es la tarea de una cultura, la occidental en su etapa medieval dentro del mundo católico. Este nacimiento le dará un sello que deberemos luego retomar para repensar el futuro posible.

(*) Profesor de la Universidad Nacional del Sur. Web / Correo

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