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CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA

La universidad: historia y problema (Parte III)

Por Ricardo Vicente López (*)

Artículos de Ricardo Vicente López editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Bahia Blanca-Argentina, 03/11/07.- Contra el discurso iluminista del liberalismo oficial nos hemos encontrado con una institución medieval que fue el asiento de debates trascendentes que prefiguraron la modernidad. Sin esos debates no hubiera sido posible el despertar del humanismo renacentista. Significa esto no desconocer la presión que el poder de esa cultura ejerció sobre el ámbito de la universidad. Pero es necesario ubicarnos históricamente para comprender detenidamente este fenómeno. Nace en el marco de la cristiandad y este marco le servirá como suelo sólido sobre el cual edificar el pensamiento que la va a sostener. Adquiere en sus comienzos la estructura de los gremios artesanales, y reproduce la constitución de las corporaciones que da lugar a la forma de gremios culturales. Desde el siglo IX y X en las comunas se había comenzado a desarrollar una forma de organización económica artesanal, como modo de la producción manufacturera. Cada gremio estableció, en los talleres de producción, escuelas para la capacitación de aprendices, con reglas técnicas y morales.

Los gremios se agrupaban en corporaciones que reglamentaban y controlaban el ejercicio de la profesión. Esta forma organizacional sirvió de modelo para la formación de gremios culturales dentro de las universidades. También estos gremios se mantendrán en conflicto con la autoridad feudal y la Iglesia local y, a veces, con las burguesías regionales. Su objetivo primero, que mantendrá hasta nuestros días, es preparar a sus estudiantes para las funciones que demande la comunidad, es decir, está en su función de origen colocarse al servicio de esa comunidad. Resolverá los conflictos que esa tarea le produce de diversos modos, según los lugares y momentos, pero terminará sobre el siglo XVI adquiriendo una fisonomía predominantemente nacional, en la composición tanto del cuerpo docente como del alumnado.

La universalidad cultural y territorial que ostentaba en los comienzos fue dejando lugar a una impronta regional y nacional. Tal vez sea la Universidad de Praga la primera que adopta este carácter marcadamente nacional por un Decreto Real de 1409, siguiéndola en ese camino la de París, poco tiempo después. Pero esta presión que introducía la política en las universidades, al adquirir un tinte nacional las disputas que se libraban en sus aulas, se hizo sentir con más fuerza en dos momentos. Uno, probablemente, a partir del siglo XVI, con la Reforma y la Contrarreforma, etapa en la que recrudeció el enfrentamiento religioso, que no fue sólo religioso ya que revistió formas y contenidos eminentemente políticos. El otro, puede ubicarse en los siglos XVII y XVIII en el auge de la Ilustración y su intento de "limpieza" de los "resabios teológicos".

Completó este proceso la aparición de la universidad napoleónica que separó casi definitivamente la educación de la esfera de la Iglesia, dando origen a la educación laica y estatal. Debe destacarse el importante papel que juega un invento como el de la imprenta, que a partir del siglo XV quiebra el monopolio de los monasterios en el atesoramiento de la tradición escrita. El libro impreso amplía la gama del público que lee y la diversifica. La traducción e impresión de la Biblia en alemán, realizada por Lutero, será uno de los detonantes de la Reforma. Por todo ello la universidad ligada a la iglesia institucional se fue vaciando de una parte de la problemática socio-histórica en cuestión, y fue a debatirse fuera de ella, lo que ayudó al desmoronamiento de la etapa medieval de esa institución.

(*) Profesor de la Universidad Nacional del Sur. Web / Correo

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