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CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA

La universidad: historia y problema (Parte V)

Por Ricardo Vicente López (*)

Artículos de Ricardo Vicente López editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Bahia Blanca-Argentina, 10/11/07.- También Bernardo de Chartres en el siglo XII había señalado que era necesario aprovechar el "estar sentado sobre los hombros de gigantes para mirar hacia adelante", en alusión clara a los grandes pensadores de la Antigüedad. Lo rescatable para nuestra reflexión es que la unidad fundante de los saberes era sostenida por una filosofía explícita en la que se libraba la batalla por la Verdad, verdad que "no ha sido hasta ahora conquistada enteramente por nadie", percíbase el espíritu libre que la afirmación contiene. Esa filosofía, que no excluía el debate, era compartida por toda la cultura de la cristiandad que servía, como ya quedó dicho, de sostenimiento de todo el edificio del saber. También la Grecia clásica había compartido una unidad fundante que daba una coherencia a sus saberes. Esa unidad no dificultó el avance de las controversias, por el contrario le dio un piso común, tanto en el clasicismo como en la cristiandad. Pero la tensión de las disparidades era contenida por esa unidad. Dice Julián Marías que la Universidad "exige la discusión... pero sería ingenuo pensar que la discusión revela hondo desacuerdo: al contrario, es la prueba de la concordia; por eso en los tiempos en que el desacuerdo es radical, se deja de discutir". Situación que se dará con la "universidad ilustrada".

Desde el siglo XIII la universidad medieval albergó a pensadores de la talla de Alberto Magno (1193-1280), dominico, filósofo y teólogo, traductor de las obras de Aristóteles, maestro de Tomás de Aquino y propulsor de la investigación científica; a Roger Bacon (1214-1294), franciscano, con aportes en el campo de la física y la química, como lo fueron los de sus investigaciones sobre las leyes de la reflexión y refracción de la luz, sobre el magnetismo y astronomía; a Nicolaus Krebs (1401-1464) conocido como el Cardenal Nicolás de Cusa, que se anticipó a Descartes y a Leibniz al proclamar a la matemática como la verdad superior de las ciencias, fue también precursor del canónigo Nicolás Copérnico (1473-1543) al afirmar que la "tierra no puede estar fija, sino que se mueve como las demás estrellas", teoría que éste desarrollaría después; Francis Bacon (1561-1626) padre del empirismo y del experimentalismo, autor del Novum Organum en el que expone las bases del conocimiento inductivo.

Todavía en el siglo XVI puede formar a un hombre del tamaño de Galileo Galilei (1564-1641) cuyas investigaciones matemáticas lo llevaron a confirmar la revolución copernicana del universo, tema en el que fue apoyado por el jesuita Cristóbal Clavius (1537-1612), gran matemático y astrónomo, ejecutor del calendario gregoriano. Aunque la persecución desatada por la Contrarreforma lo obligara a retractarse, esto no niega que su formación la deba a la universidad medieval y que dentro de ella contara con numerosos apoyos, aún de hombres de la Iglesia. Tres de los cardenales del tribunal, entre ellos el sobrino del Papa, se negaron a firmar la sentencia que lo condenó. En esa universidad se formaron, y formaron a otros hombres como Guillermo Heybtesbury, Ricardo Syneshead, Nicolás de Autrecourt, Juan Buridán, Nicolás Oresme, Alberto de Sajonia, entre otros, considerados como los grandes sabios que anticiparon la ciencia moderna. En todos ellos se puede ya encontrar la mayor parte de las ideas que desarrollaron después Copérnico, Da Vinci o Galileo, por ejemplo.

(*) Profesor de la Universidad Nacional del Sur. Web / Correo

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