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La universidad: historia y problema (Parte VI)

Por Ricardo Vicente López (*)

Artículos de Ricardo Vicente López editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Bahia Blanca-Argentina, 25/11/07.- En toda esa etapa la filosofía aristotélica era la base que sustentaba esos saberes y posibilitaba, aún con contradicciones y debates, que los temas del hombre tuvieran un tratamiento similar a cualquier otro tema, por lo que la física del universo en un extremo y el problema de la muerte en el otro, (los cito con bastante arbitrariedad sólo como excusa de lo que pretendo decir) fueran parte del mismo arco, de una temática que no excluía el problema de Dios. Es que la ciencia medieval podía preguntarse sobre cualquier problema que la razón humana pudiera pensar, no sufría, todavía, el duro estrechamiento que le impuso el método matematizante, y después el experimentalismo.

Dice Friedrich Dessauer, médico, ingeniero y filósofo alemán, contemporáneo nuestro: "Descartes había enseñado que, en cierto sentido, es preciso enfocar matemáticamente la ciencia. Matemáticamente es un concepto más estrecho que científicamente". Decir entonces que esa discusión estaba teñida por la ciencia dominante, la Teología, no significa otra cosa que decir que el hombre, la sociedad, la naturaleza y el universo eran parte de una misma problemática. Sin embargo, es necesario decirlo una vez más, esto no impidió que se fuera abriendo camino un nuevo modo de pensar naturalista, cuya tendencia a la experimentación confrontó finalmente con la concepción aristotélica, dando lugar a un nuevo paradigma. Pero es destacable que todo ello sucedió en el seno de la universidad medieval.

Quiero citar, una vez más, estas palabras de Heidegger, alrededor de cuyo contenido nunca se termina de sacar toda la riqueza de lo que expresan: "La grandeza y la superioridad de la ciencia natural del siglo XVI Y XVII reside en que los investigadores eran todos filósofos. Ellos sabían que no hay meros hechos, sino que un hecho sólo es lo que es, a la luz de un concepto fundamentador y según el alcance de tal fundamentación. Por el contrario, la característica del positivismo, que nos rodea desde hace algunas décadas y hoy más que nunca, es creer que bastará con hechos actuales o con otros nuevos hechos futuros, mientras pretende que los conceptos sólo son sostenes que se necesitan por alguna razón, pero de los que no hay que ocuparse demasiado, pues eso sería hacer filosofía".

La ruptura con la concepción aristotélica no significó, en principio un enfrentamiento con el cristianismo. El mismo Galileo fue cristiano hasta su muerte, no sólo no abjuró de sus creencias sino que sus investigaciones eran impulsadas por el conocimiento del universo "como el rostro visible del Dios invisible". Pero la persecución que sufrió y la censura impuesta a su obra, y a la de todos los que enseñaran doctrinas similares, alejó a la física del ámbito de la Iglesia. Por lo que las investigaciones posteriores se realizaron fuera de ella. Esto da lugar a la aparición de una ciencia laica, despegada de los temas teológicos, pero no de la filosofía todavía. Las autoridades eclesiásticas se colocaron del lado del "divino Aristóteles" y rechazaron los nuevos caminos del pensamiento naturalista. Más que una discusión teológica fue un enfrentamiento ideológico sobre la concepción del universo. No estaba en juego la cuestión de Dios, era una disputa entre el pensamiento especulativo y el pensamiento experimental, al que no eran ajenas cuestiones de poder y de defensa de privilegios académicos.

(*) Profesor de la Universidad Nacional del Sur. Web / Correo

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