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CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA

La universidad: historia y problema (Parte IX)

Por Ricardo Vicente López (*)

Artículos de Ricardo Vicente López editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Bahia Blanca-Argentina, 26/12/07.- Continuando la idea ya expresada, podría quedar para nosotros más claro, desde nuestra particularidad latinoamericana, que la universidad es universalidad, sólo como imagen de un mundo proyectado o conformado a partir de un hombre, hijo de una determinada cultura, la de occidente, como antes lo fue de la cristiandad, o antes aún de la grecolatina. De allí que la universalidad que encierra es el producto de un modo de enfrentar el universo, que sí entonces adquiere la verdad de ser "una-versión". La universalidad de las universidades medievales y renacentistas lo eran sobre la base de compartir una versión del mundo. Otro tanto debería decirse para las modernas. La catolicidad de origen de las universidades hace referencia a esta universalidad, catolicismo, palabra de origen griego kath' ólou, universalidad totalizante.

Cabe pensar el impacto que, para el hombre medieval significó, este ataque a un paradigma de pensamiento que sustentaba el andamiaje de su época. Las jerarquías del cielo justificaban las de la tierra. El apego de teólogos y laicos al sistema aristotélico-ptolemaico ofreció dura resistencia a los cambios que anunciaban. Por detrás de estas disputas ideológicas se comenzaba a pintar un nuevo telón de fondo, el mundo comercial de las burguesías florecientes. Sin embargo, los ataques que se llevaron adelante contra el modo de pensar medieval, que contenía una concepción totalizadora del saber (que englobaba al hombre y al mundo cósmico, dentro de una modalidad ética) parecen hoy planteos cuestionables dados los resultados con que nos enfrentamos. La crisis ecológica consecuencia del pensar fragmentario, a que dio lugar la entronización del nuevo paradigma científico, nos obliga a replantear la necesidad de volver a un pensamiento holístico, totalizante, abarcador, sostenido por una filosofía que privilegie la vida humana.

La fragmentación del pensamiento, correlato de la división del trabajo que profundizaba la sociedad industrial capitalista, empujaba hacia una autonomización del saber científico y, dentro de él, la autonomización de los fragmentos especializados. Es decir, el desarrollo del gran taller industrial, con su demanda de respuestas específicas a las necesidades de la producción maquinizada, en masa, fomentó el desarrollo de una tecnología y de un tipo de ciencia que privilegió las investigaciones puntuales por sobre los grandes temas de la ciencia premoderna.

Quiero agregar aquí una muy sugerente reflexión de Juan D. García Bacca de la Universidad de Caracas: "Si la etimología de una palabra encerrara el logos o logia de lo auténtico, de lo étymon, de lo que una cosa es, la esencia de universo, de universalidad y de universidad, descubiertas por su etimología, por su partida de nacimiento en palabras, vendrían a decirnos que todos ellos: universo, universalidad y universidad conspiran, aspiran, inspiran, -y para agotar los compuestos de spirare-, expiran hacia o contra unidad o de unidad o con unidad. La universidad es, pues, una institución de Unidad, de unificación, cuando universum, universo, es vivido y sido como hacia (versus) unum. Empero, al vivir, ser y moverse en un universo en que el versus signifique, o se lo haga significar, contra, la Universidad, -y el universo en que la universidad sea y viva, se mueva y trabaje-, será el órgano, el sismógrafo delator del movimiento disgregador, del grado de desunión, de especialización, característico del ambiente propio de la concepción del universo en que los hombres estén viviendo y siendo".

(*) Profesor de la Universidad Nacional del Sur. Web / Correo

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