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OPINIÓN - ARGENTINA

Me enseñaron todo mal (Parte I)

Por Ricardo Vicente López, Profesor de la Universidad Nacional del Sur. Web / Correo

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Rebanadas de Realidad - Bahia Blanca, 01/04/10.- Apropiándome de las palabras de una canción de Julia Zenko comenzaré diciendo cuál es el objeto de esta serie de notas, es decir, justificar la necesidad de su lectura: Hacer una investigación sobre los orígenes de este capitalismo sostenido por la cultura burguesa, a partir del siglo XVI, momento en que Europa comienza a desplegar su proyecto imperial, verdadero origen de la globalización. Mostrar cómo se fue adueñando del mundo sometiendo a los pueblos de la periferia. Cuáles han sido los instrumentos ideológicos que utilizó y cómo, a partir de ellos, fue moldeando la conciencia de la opinión pública internacional para adaptarla a esos propósitos. Podemos colocar este proyecto bajo la denominación de cultura occidental moderna. La prédica del fin de la historia ha sido parte de la política de ese proyecto, partiendo de la convicción de que se había logrado la madurez institucional necesaria para estabilizar y congelar la historia en este punto. El resultado, que está a la vista, es el predominio de un escepticismo, muy funcional a los objetivos dominantes, que descree de la posibilidad de un futuro mejor para todos. "Nada puede ser cambiado porque las leyes que rigen el sistema han dispuesto este rumbo, que ha logrado ya el objetivo propuesto". ¿No es eso lo que ocurre hoy? ¿No se ha "arraigado vigorosamente en las conciencias" del rebaño desconcertado, tal como denominaba Walter Lippmann (1889-1974) a la masa de la población, una imagen de derrota en las mayorías empobrecidas, una actitud apoltronada en las capas medias que acepta aletargada el estado del mundo actual? Esta conciencia, a su vez, impide apreciar que no todos aceptan mansamente este final, hay muchos que todavía sueñan y luchan por un futuro más equitativo. Para los primeros es imposible apreciar los cambios que se aproximan, casi inexorablemente por la acción de los otros, a pesar de todo ello.

Ésta es la importancia que tiene el estudio crítico y reflexivo de la Historia, permite apreciar a la distancia los procesos que dieron como resultado la realidad que enfrentamos, con la frialdad y la tranquilidad que da el tiempo transcurrido. Y que, si bien ha habido pueblos derrotados que desaparecieron, siempre han aparecido los rebeldes que señalaron otros caminos. Si bien la descripción de los mecanismos ideológicos que nos colocaron en este resultado puede dar la razón a los escépticos, la percepción crítica abre el conocimiento mostrando que, por debajo de la superficie, se van acumulando fuerzas históricas que preanuncian futuros mejores. En esto radica la sabiduría que nos transmite, cuando estamos en condiciones de "ver y oír" lo que nos está señalando.

Es mi intención que la lectura de este trabajo sea un aporte a la comprensión de un pasado para detectar los impedimentos que hoy tenemos para pensar un futuro diferente. Ese pasado, no tan lejano, se constituyó como la modernidad. A pesar de sus ideas conservadoras o, tal vez precisamente por ellas, José Ortega y Gasset (1883-1955) era capaz de afirmar:

Siempre ha acontecido lo mismo. Lo que va a ser la verdadera y definitiva solución de una crisis profunda es lo que más se elude y a lo que mayor resistencia se opone. Se comienza por ensayar todos los demás procedimientos y con predilección los más opuestos a aquella única solución. Pero el fracaso inevitable de éstos deja exenta, luminosa y evidente la efectiva verdad, que entonces se impone de manera automática, con una sencillez mágica. (1)

Debo decir que este pensador español no está hablando de la liberación de los pueblos, pero podemos apropiarnos de sus palabras y aplicarlas a nuestra línea de exposición. Decir también con sus palabras lo que cuadra perfectamente al tema de este trabajo, aplicado a Europa, y al imperio que continuó su proyecto, los EE. UU.: "La historia de una nación no es sólo la de su período formativo y ascendente: es también la historia de su decadencia". En este preciso punto de la historia de Occidente estamos. El objetivo central que me propongo mostrar es que, estando en este tiempo y en este lugar, estamos en las mejores condiciones para lograr la mejor mirada, clara y profunda, sobre los tiempos que se avecinan. La cantidad de promesas incumplidas que la modernidad dejó en el camino es un acicate para volver a reclamarlas. Libertad, Igualdad, Fraternidad son promesas "para todos los hombres del mundo" que sólo se cumplieron, en parte, para los habitantes del centro del imperio. Esos momentos históricos nos exigen estar preparados intelectualmente para percibir las mejores oportunidades que ofrecen los tiempos de decadencia. La, tantas veces utilizada, analogía del fruto y la semilla también se puede utilizar aquí: es necesario que el fruto entre en putrefacción para liberar la nueva vida que contiene la semilla.

Nota:

(1) Ortega y Gasset, José, España invertebrada, Revista de Occidente - Alianza Editorial, 1981, pág. 21.