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| OPINIÓN - ARGENTINA | ||||||||
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Juventud ¿divino tesoro? (Parte I) |
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| Por Ricardo Vicente López, Profesor de la Universidad Nacional del Sur. Web / Correo | ||||||||
Rebanadas de Realidad - Bahia Blanca, 05/04/10.- Hay veces en que uno siente que un tema que está pensando durante mucho tiempo es demasiado difícil para decidirse a escribir sobre él. Tal vez, éste sea uno de los más difíciles. Su dificultad radica en que debería pasar mucho más tiempo de la historia de esta sociedad para ver con más claridad este tema que se ha convertido en problema. Pero, es este tiempo el que nos acosa sobre la necesidad de aventurar algunas respuestas sobre él. Por lo que debo decir desde el principio: todo lo que diga es provisorio y requerirá de más de una revisión. Se trata en el fondo del problema de las generaciones. Hace más de una década que Jaime Barylko (1936-2002) contó un viejo cuento de la tradición hebrea: "Estaba Dios escribiendo las Tablas de la Ley cuando se presentó Moisés a buscarlas, tenía tanta ansiedad que llegó demasiado temprano y no estaban todavía terminadas. Dios lo invitó a sentarse para esperar. Mientras Dios seguía escribiendo sobre la piedra el Decálogo le llamó la atención a Moisés que utilizaba una especie de comillas entre las letras. Todavía éstas no estaban en uso en tiempos del libertador de Israel, por lo que no comprendía qué significaban. Dios le dijo que en el futuro vendría un profeta que le explicaría su significado. No conforme con la respuesta preguntó cuándo vendría. Dios le dijo que dentro de unos siglos. Moisés no se atrevía a volver a preguntar pero, después de un rato, pudo más su curiosidad y casi en tono de queja dijo: Señor, pero yo ya no estaré. Entonces Dios tomó un televisor celestial, colocó un video de los tiempos futuros para que Moisés pudiera comprender. En él aparecía un gran salón en el que estaba predicando un profeta a sus discípulos sobre el contenido de las Tablas. Un discípulo preguntó al profeta: ¿cómo sabes tú todo esto?- Y el profeta contestó: me lo enseño Moisés". Cada generación vive, piensa y hace con lo que sabe y con lo que intuye. Las generaciones siguientes aprenden y comprenden de allí sabias enseñanzas que tal vez aquellos no supieron que lo sabían, pero vivieron sostenidos por esos conocimientos. Por ello cada generación enriquece la vida y lega a las que siguen esa sabiduría. El respeto a las generaciones anteriores es una fuente del saber que no debe ser desechada, aunque la lectura que de ella haga la posteridad no corresponda con la del tiempo anterior. Esto es la tradición, que no es repetir un pasado congelado. Tradición viene del latín tradere, traer el pasado al presente por lo cual deja de ser pasado al ser invadido por otro tiempo. Deja de ser lo que es para ser otra cosa conservando lo esencial. Es tradición el modo de hacer presente una cultura anterior. Dice Octavio Paz (1914-1998): "Aunque todas las épocas han conocido la querella de las generaciones ninguna había experimentado con la violencia como la nuestra. El muro que separaba a un capitalista de un comunista, a un cristiano de un ateo, ahora se interpone entre un hombre de cincuenta años y otro de veinte... Los jóvenes de hoy ni odian ni desean; aspiran a la indiferencia. Ese es el valor supremo, el nirvana regresa… La expresión de nuestra época es el fragmento, el acto espontáneo y aislado… La nueva rebeldía exalta, como el budismo, al hombre errante, al desarraigado…" Nos toca vivir un tiempo de desgarro, de incertidumbres, de desfallecimientos, de desencantos. Los jóvenes nos acusan en silencio de haberlos traído a vivir este tiempo y muchos de nosotros nos desentendemos de cualquier responsabilidad. No somos responsables, porque no respondemos, esto produce un vacío intergeneracional que ellos padecen junto a nosotros, pero nosotros, que deberíamos ser los guías de las horas difíciles, desertamos de la tarea y los acusamos de lo que son. La serie de notas que propongo es un intento por arrojar algo de luz sobre tan difícil problema. |
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