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| OPINIÓN - ARGENTINA | ||||||||
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Juventud ¿divino tesoro? (Parte II) |
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| Por Ricardo Vicente López, Profesor de la Universidad Nacional del Sur. Web / Correo | ||||||||
Rebanadas de Realidad - Bahia Blanca, 05/04/10.- Comencemos por un diagnóstico de nuestro tiempo. Somos nosotros los hijos de la Modernidad, de la Revolución industrial y de la Revolución francesa, todo ello procesado por la tierra latinoamericana, nos guste o no. Estamos atados a un tiempo que se nos escapa de las manos como el agua entre los dedos. Vivimos apurados sin saber hacia donde marchamos, porque lo que hay que hacer hoy hay que hacerlo lo antes posible, aunque no sepamos por qué ni para qué. Dice Erich Fromm (1900-1980): "Si aspiramos a tener resultados rápidos, nunca aprenderemos un arte. Para el hombre moderno, sin embargo, es tan difícil practicar la paciencia como la disciplina y la concentración. Todo nuestro sistema industrial alienta precisamente lo contrario: la rapidez… La máquina que puede producir la misma cantidad en la mitad de tiempo es muy superior a la más antigua y lenta. Por ello, el hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo no sabe qué hacer con el tiempo que gana, salvo matarlo". En contraposición a este modo de sentir el tiempo, el hombre de la América profunda deja que el tiempo sea tiempo, que fluya a su ritmo que es el ritmo de la naturaleza. En la misma línea que el Eclesiastés sabe que: "Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado… Dios puso en el corazón del hombre el sentido del tiempo pasado y futuro", pero parece que este hombre de hoy lo olvidó o no tiene tiempo para detenerse y escuchar. Esta falta de tiempo también la padecen los jóvenes, dado que las múltiples ocupaciones no nos dejan tiempo para conversar con ellos. Conversar, no sermonear o pontificar. De la conversación, que es escucha mutua, predisposición a comprendernos, tiempo para la reflexión, respeto por el otro porque es otro y en ello radica la dignidad reconocida mutuamente, puede establecerse la comunicación. Hoy casi perdida inter-generacionalmente que, por regla habitual, les achacamos a ellos. Ello requiere tiempo, paciencia, apertura, disposición al diálogo… Si somos seres com-unitarios y lo somos en tanto com-partimos, de-partimos, re-partimos, el otro es indispensable para ser genuinamente humano. Los jóvenes en estos tiempos de apuros carecen de referentes adultos que puedan respetar porque se sienten respetados, que puedan escuchar porque se sienten escuchados. Cuando nos ven invadir sus tiempos y sus espacios, sobre esto volveré más adelante, presentándonos como jóvenes ya nada nos pueden escuchar ni preguntar. Somos nosotros los que hemos desertado de nuestra misión como generación anterior, de transmisión de los valores permanentes, de modelo de conductas, de hábitos, de respeto de las normas, de ser testimonio de esos valores que decimos portar, etc. No pretendo decir que ellos tienen toda la razón y que sólo son pobres víctimas. Pero antes de "arrojar la primera piedra" deberíamos mirarnos si "estamos libres de los pecados" que juzgamos. Solo después de reconocer nuestras faltas, nuestras carencias, nuestras debilidades, podremos recuperar algo de la autoridad moral que hemos perdido. Ellos son lo que son, pero ¿cuánto de eso es el resultado del mundo que les hemos legado? Nacieron en este mundo al que encontraron totalmente edificado por las generaciones que los precedieron y, además, les decimos (o les damos a entender) que nada se puede cambiar porque no conviene, porque es peligroso, porque no vale la pena. Entonces con gesto grave les decimos que están desesperanzado, que no saben vivir, que no saben lo que quieren. ¿No es demasiado? |
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