| Bufete de Informaciones Especiales y Noticias |
| MEDIO AMBIENTE - ARGENTINA | ||||||
| SOBREVUELO | ||||||
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La Cuenca Matanza-Riachuelo (Parte III) |
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| Por Luis Alberto Cervera Novo (*) Correo | ||||||
Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 10/11/07.- La nueva ciudad A los reclamos por los olores y putrefacción de las aguas del Riachuelo se le sumó, equivocadamente, la responsabilidad por la epidemia de fiebre amarilla que asolaba la ciudad; el miedo generalizado a la peste dio origen a una ley que erradicó los saladeros que poblaban sus costas. El traslado de estas industrias a la localidad de Atalaya, dio a nuestro lagarto un breve período de descanso recuperando vegetación y oxigenando en parte sus aguas. Sólo el arroyo Cildanez continuaba aportando sus rojas aguas luego de cruzar la zona de mataderos. Estamos en 1880, Europa se encontraba en plena revolución industrial y aquí la llamada "generación del 80" termina de expulsar al pueblo mapuche a la región patagónica. Con el desierto "liberado de atraso y barbarie", según decían, planificaban un Buenos Aires moderno, con puerto, diagonales, la casa de gobierno y grandes edificios, todo acorde a los destinos de grandeza que se imaginara por primera vez. Atrás quedaban cien años de sarampión, viruela, fiebre amarilla, cólera y guerras civiles. La ciudad se expandía. En su camino hacia el sur nacían nuevos poblados: Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora, Monte Grande, eran enhebradas por los relucientes rieles del ferrocarril del sur, las vías asentadas en la parte alta de la cuenca, rápidamente llegaron a Mar del Plata. El nuevo siglo amanece a la luz de una gigantesca ola de inmigrantes del viejo continente. Europa combinaba contradictoriamente, modernidad con crisis y expulsión. Sueños de progreso y culturas diferentes comenzaban a ocupar Buenos Aires y el extenso territorio conquistado. Lógicamente, las fábricas y múltiples actividades de los nuevos vecinos requerían de un patio trasero donde ocultar incomodidades ¡qué mejor que los cursos de agua y sus bajos! El lagarto sorprendido, veía como sus arroyos, auténticas venas hídricas que alimentaban su cuerpo, eran transformados en receptores de todo tipo de basura. El verde que siempre acompañó la geografía de sus orillas mutaba a un gris carente de vida. Sólo algunos puentes cruzándolo con las zonas bajas transformadas en "quemas" donde los desperdicio se apilaban, sellan su destino de soledad y abandono. La ciudad entierra e incinera sus desechos invadiendo al lagarto con cenizas y fluídos pestilentes. Sin embargo éste, ve entusiasmado como su boca se puebla de colores, banderas, idiomas y dialectos desconocidos, canturreados a lo largo de su orilla, mientras que bullangueros niños se divierten con los últimos peces que él brinda generosamente. El petróleo se instala en el mundo, y aquí en la patagonia, reducto silencioso del pueblo mapuche, Mosconi descubre nuestros propios barriles de oro negro. El país da un salto en su capacidad energética; los sueños se multiplican. Nuestro lagarto alborozado ve poblar la orilla sur de su amplia boca por coloridas casas de chapas. Dock Sur es un hecho más del prepotente desarrollo impulsado, ahora, por una fuente de energía maravillosa e inagotable. El número de barcos que arriban a nuestra costa crece a diario. Centenares de marinos fatigados por largas travesías buscan el descanso y los placeres inexistentes en alta mar; con el rabillo de un ojo nuestra bestia amiga observa como crece la Isla Maciel, con el otro, los talleres de reparaciones navales que completan el maxilar norte de su poblada boca; la Vuelta de Rocha ya es parte definitiva de su paisaje y sus dominios. El movimiento es incesante. Toneladas de cereales provenientes de nuestra pampa llegan por flamantes vías ferroviarias que convergen a los rebosantes silos del puerto nuevo. El comercio internacional genera un agitado tráfico de naves, reparaciones, cargas y descargas; actividad frenética que deja huellas en sus aguas. Negros lamparones de petróleo irritan la piel de nuestro lagarto que dificultosamente inspira sus últimas reservas de oxígeno, observando, no sin cierta envidia, el mejor pasar de su amiga: la serpiente Reconquista. Hacia esas aguas había migrado el primer club de remos por no soportar más su infecto aliento. Mientras tanto, indiferentes a los problemas existenciales de nuestro lagarto, se seguía consolidando una pujante e intrépida ciudad que ya reunía el 28% de la población del país. |
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| (*) Licenciado en Gestión Ambiental Urbana (UNLa) e integrante de Conciencia Al Sur (CONSUR), Grupo de Reflexión y Gestión. | ||||||