| Bufete de Informaciones Especiales y Noticias |
| MEDIO AMBIENTE / CUENCA MATANZA-RIACHUELO, SU TRANSPORTE | |||
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El Tren Bala |
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| Por Luis Alberto Cervera Novo (*) Correo | |||
Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 20/02/08.- ¡¡Mierda!!, otra vez diluvia. Cierro la puerta de calle y paraguas en mano emprendo camino a la estación. Sorteo todas las baldosas traicioneras que conforman un gigantesco tatetí. La inclemencia del tiempo me ahorra saludos cotidianos y alientan secretas esperanzas de un día con menos pasajeros en el bendito andén. El agua que inunda la boletería cubre mis zapatos. Ya en el vagón mi corazonada cae en pedazos; no sólo somos los mismos de siempre, estamos mojados y de mal humor. Se inicia el recorrido hacia la primera de las nueve paradas que nos separan de Constitución. Comienza el desfile de vendedores y mendigos que incomodan aún más la travesía. La imaginación viene en mi auxilio para soportar la próxima media hora. Asocio cada estación con un moderno vía crucis: sofocones, pisotones, risas nerviosas, puteadas, celulares inoportunos, indolencia; sufrimientos que aumentan cada vez que el tren se detiene e ingresan al mejor estilo de los Pumas nuevos miembros de la procesión, húmedos y desesperados por llegar a la cumbre del monte de los olivos. El cuerpo y la paciencia se agotan, los brazos se acalambran, el aire se hace irrespirable, pero nadie abandona el recorrido. Cada vendedor o mendigo que nos atropella es un Jesús moderno y privatizado predicando sólo por sus hijos carnales. La devoción que cada uno pone a su propuesta los iguala con el Jesús imaginario; ante nuestra silenciosa indiferencia, sus rostros expresan un: "perdónalos, no saben del hambre de mis niños" y retoman con vigor su prédica. Ya en Lanús, presión y codazos apedrean nuestros cuerpos. Muchos Judas comienzan a blasfemar contra el Señor. No se respeta a madres con sus niños en brazos, ni a llamativas mujeres cual Magdalenas contemporáneas. Me sorprende el ingreso al monte de los olivos imaginando la última cena y el hijo de Dios diciendo: "haced lo que debas hacer". Creo que todos cumplimos; no sé porqué lo hacemos, pero hacemos. Al igual que los predicadores que ya abandonaron el tren, todos buscamos el pan para nuestros hijos, en una misteriosa religiosidad que sostiene la voluntad para mañana volver a repetir el recorrido. Camino al subte una lectura de reojo golpea mi vapuleada dignidad: "Licitan Tren Bala a Córdoba y Mar del Plata". |
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| (*) Licenciado en Gestión Ambiental Urbana (UNLa) e integrante de Conciencia Al Sur (CONSUR), Grupo de Reflexión y Gestión. | |||