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OPINIÓN - SANTA ROSA - LA PAMPA - ARGENTINA

Este domingo vence el plazo para obispo lefebvrista

Gobierno argentino dio 10 días al obispo Williamson para irse del país. El obispo Richard Williamson, que negó el Holocausto y no se rectificó pese al pedido del Papa, tendrá que irse de Argentina antes del domingo, cuando vence el plazo de diez días puesto por el gobierno.
Por Emilio Marín / Web

Artículos de Emilio Marín editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - La Arena, Santa Rosa, 24/02/09.- El problema no fue tanto que Williamson negara la existencia de la Shoa en sus declaraciones a la televisión sueca de noviembre del año pasado, en oportunidad de ordenar un sacerdote de la Fraternidad de San Pío X fundada en 1969 por el cismático Marcel Lefebvre. Se sabía que los lefebvristas son ultramontanos en materia religiosa y en política; muchos de la Fraternidad habían confraternizado en Argentina con la dictadura militar de 1976, entre ellos el propio Lefebvre, que visitó el país y se reunió con los generales de la muerte.

El problema mayúsculo fue que en la última semana de enero pasado, Williamson y otros tres obispos ordenados por Lefebvre en 1988 (Bernard Fellay, Alfonso de Galarreta y Bernard Tissier de Mallarais), habían sido readmitidos por Benedicto XVI. En 1988 habían sido excomulgados porque el arzobispo francés había producido una división en la Iglesia y sus ordenaciones se consideraban nulas. El Papa alemán vino a levantar esas sanciones, con el ánimo de conversar con los rupturistas de extrema derecha y reintegrarlos a la Iglesia católica, apostólica y romana.

A poco de ser beneficiados con esa disposición vaticana, que no les exigió ninguna rectificación de lo actuado contra el leve progresismo desde la década del ´70 hasta nuestros días, el británico Williamson se despachó con un brulote negacionista del Holocausto.

Había manifestado que durante el nazismo “fueron 300.000-400.000 los judíos muertos pero ninguno por gas”. De ese modo impugnaba la cifra cercana a los 6 millones de judíos muertos por los hitlerianos y aseguraba que no se habían utilizado cámaras de gas.

Según todas las investigaciones al respecto, hubo esos varios millones de judíos eliminados por la ideología nazi de la “raza aria superior”; junto a esas personas fueron asesinados miembros de comunidades de gitanos y otras que Adolfo Hitler consideraba inferiores. Pero en mérito a la verdad histórica cabe puntualizar que los primeros en ser sacrificados fueron los comunistas alemanes, enemigos del fascismo, y luego, durante la guerra, los comunistas soviéticos, que aportaron 20 millones de vidas para derrotar al Tercer Reich. Hay que recordar la Shoa y el sufrimiento judío, pero también honrar a quienes más se sacrificaron en la guerra para derrotar a la poderosa maquinaria bélica-industrial-ideológica con cabeza en Berlín. Lamentablemente entre las víctimas de los campos de concentración hubo muchas que llegaron allí sin oponer resistencia. Los soviéticos sí que resistieron y después pasaron a la contraofensiva.

No se rectifica

Conocidas las declaraciones del británico a la televisión sueca, se produjo un escándalo mundial donde el que quedó peor parado fue Benedicto XVI. Sus negociaciones para la readmisión de los ultraconservadores quedaban como inservibles, o peor aún, como funcionales a la maniobra negacionista.

Hubo una convulsión entre muchos fieles católicos del mundo, incluida Argentina, pero sobre todo en Alemania y otros países europeos. También en Israel y entre los judíos de Buenos Aires, aunque esta reacción merece ser comentada al final.

Angela Merkel, la canciller germana, apuró públicamente al Papa para que desautorizara a Williamson y explicara por qué había sido levantada la excomunión de los cuatro fanáticos. El pontífice y sus voceros reiteraron declaraciones de tiempo atrás de considerar al Holocausto un crimen contra la humanidad, pero aún así Merkel declaró que esa postura era “insuficiente”.

El 4 de febrero Benedicto XVI reclamó al lefebvrista británico que se rectificara, algo que el aludido no hizo. En nuevas declaraciones, esta vez a la revista alemana Der Spiegel, expresó que “si encuentro las pruebas de la existencia del Holocausto y las cámaras de gas, me corregiré, pero eso necesitará tiempo”.

Joseph Ratzinger, el papa alemán, reintegró a la iglesia a cuatro obispos ordenados por Lefebvre pese a que estaban excomulgados desde 21 años atrás, por Juan Pablo II. Y uno del cuarteto se descolgó con la negación del Holocausto. ¿No lo sabía el Papa? ¿Su readmisión en la iglesia de esos díscolos de la derecha dura no incluyó un pedido previo de silencio sobre ese tema tan sensible a la humanidad? ¿Engañaron los lefebvristas al pontífice o a su canciller Tarcisio Bertone?

Este Papa no tenía buena prensa a nivel mundial cuando fue consagrado en abril de 2005 pero ahora, a casi cinco años de su investidura, su prestigio es inferior al que gozaba entonces, incluso en Alemania.

Un teólogo disidente de Ratzinger, pero del costado progresista opuesto al lefebvrismo, Han Kung, advirtió que “avanzando en la reconciliación con un diminuto grupo de tradicionalistas reaccionarios, el Papa corre el riesgo de perder la confianza de millones de católicos en todo el mundo que siguen leales al Concilio II” (The New York Times y La Nación, 15/2).

En Argentina

El escándalo generado por Williamson tuvo de positivo que se reveló la estancia del personaje en Argentina desde 2003, donde era el director del Seminario Nuestra Señora Corredentora, en la localidad de La Reja, partido de Moreno, en el gran Buenos Aires. Este seminario pertenece a la Fraternidad San Pío X fundada por Lefebvre y cuyo superior general es Bernard Fellay, otro de los indultados por el papa Ratzinger.

Fellay se apresuró a expresar al Vaticano que los puntos de vista de Williamson no representaban a la Fraternidad y aclaró que el polémico obispo había dejado la jefatura del seminario.

De todos modos se haría mal en creer en la bondad de los directivos de esa secta Fraternidad. Horacio Verbitsky, en su interesante nota de Página/12 (1/2), cita al abad Christian Bouchacourt, Superior del Distrito América del Sur de la Fraternidad, diciendo: “pese al fracaso de la guerrilla marxista y de la teología de la liberación, todos los países de América latina, salvo Colombia, son gobernados ahora por ex comunistas, a menudo salidos de las filas de las guerrillas de ayer”. Entre las pruebas invocadas por Bouchacourt está la sanción del divorcio en Chile y el desconocimiento en Buenos Aires del ex obispo castrense Antonio Baseotto, otro oficiante del rito tridentino (en latín y de espaldas a los fieles y público).

El periodista y titular del Centro de Estudios Legales y Sociales puntualiza en ese artículo las relaciones entre la secta lefebvrista y la ultraderecha peronista de la Triple A, primero, y la dictadura militar de Videla-Viola-Massera, más tarde. Uno de los exponentes del período lopezrreguista, el integrista Raúl Sánchez Abelenda, decano de la facultad de Filosofía y Letras de la UBA durante la “misión Ottalagano”, falleció en 1996 y fue sepultado en La Reja.

El gobierno de Cristina Fernández, por medio de la cancillería de Jorge Taiana, resolvió el 19 de febrero dar diez días de plazo a Williamson para que abandone el país, porque en caso contrario sería expulsado. Amén de los motivos políticos que están en juego (el gobierno deploró la negación del Holocausto como una agresión a los judíos, a los argentinos y al mundo entero), se le imputó al obispo haber falseado datos al ingresar al país.

Está muy bien que ese personaje deba abandonar Argentina. Sin embargo, no todas las voces que reclamaron esa salida tenían la autoridad moral para hacerlo. Por ejemplo, el presidente de la Daia, Aldo Donzis; y el titular de la AMIA, Guillermo Borges, alentados por el embajador de Israel en Buenos Aires, Daniel Gazit, estuvieron entre quienes se congratularon de aquella expulsión y aseguraron que era “inaceptable” que en nuestro país se negara el Holocausto.

El problema es que estos dirigentes de la comunidad judía, y otros como el rabino Sergio Bergman, el empresario Eduardo Elztain, etc, condenan ese execrable crimen del nazismo pero avalan los que hoy comete el Estado de Israel contra los palestinos. Recientemente y a lo largo de veintidós días, las tropas israelitas masacraron a 1.400 palestinos e hirieron a 5.500, destruyendo miles de viviendas, escuelas, mezquitas, hospitales, usinas, edificios administrativos en Gaza, etc, además de cercar por hambre y enfermedades a esa población durante meses.

El Holocausto fue una monstruosidad. El genocidio cometido por Israel en Gaza, también. Por eso debieron irse de Buenos Aires tanto el obispo Williamson como el embajador Gazit.