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OPINIÓN - SANTA ROSA - LA PAMPA - ARGENTINA

Documento de la Iglesia es crítico del gobierno y afín a las tesis de la oposición

Durante la gestión de Cristina Fernández se habían suavizado los diferendos del Episcopado con el Ejecutivo, en comparación con el turno de Néstor Kirchner. Pero ayer volvieron los fuertes cortocircuitos.
Por Emilio Marín / Web

Artículos de Emilio Marín editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - La Arena, Santa Rosa, 26/03/09 .- Es público y notorio que entre el arzobispo Jorge Bergoglio y el gobierno no hay buena onda. Esto viene de cuando la cúpula eclesiástica no vio con buenos ojos la incorporación de la prestigiosa jurista Carmen Argibay a la Corte Suprema, pues es partidaria de legalizar el aborto. También aportó motivos de controversia la política de derechos humanos, toda vez que Bergoglio, como sus antecesores, propugna la “reconciliación nacional” (léase no perseguir a los responsables de crímenes durante la dictadura).

Un punto nodal de la polémica fue y es la política del ministerio de Salud, favorable a la procreación responsable, la planificación familiar y la educación sexual desde la escuela primaria. En función de esos justos criterios, opuestos a los de la curia, el gobierno distribuye anticonceptivos a las mujeres y preservativos.

Eso le costó a Ginés González García una amenaza del ex obispo castrense, Antonio Baseotto, bajo la forma de una alegoría bíblica. En el fondo se trataba de una reivindicación de los “vuelos de la muerte”, pero con una piedra de molino atada al cuello de GGG, en vez de las tristemente célebres inyecciones de “pentonaval” de las que se ufanaba Jorge “Tigre” Acosta.

Bergoglio, que tanto reprocha al gobierno una supuesta falta de diálogo, entre otras tantas carencias, no hizo nada para reparar la tremenda ofensa inferida por Baseotto. Siguió emitiendo declaraciones personales, o del Episcopado o de la Conferencia Episcopal, pontificando sobre la necesidad del bien común, la paz social y otros lugares comunes, como si él mirara las cosas desde el Olimpo, ajeno a cualquier contaminación terrenal.

El incidente Baseotto afectó las relaciones con el Vaticano, que no aceptó designar a otro obispo en reemplazo del apologista del terrorismo de Estado. Y, a manera de represalia, cajoneó por meses el placet del designado embajador ante Roma por la presidenta. Su pecado era ser divorciado, un delito espantoso para estos especialistas en familia que supuestamente no pueden formar ninguna; son castos y virtuosos, aunque varios suelen tomar el camino pervertido del padre Julio Grassi, el de “(in) Felices los niños”.

La presidenta tuvo una táctica flexible ante la cresta de la Iglesia y el Papa. Retiró su candidato y propuso a Juan Pablo Cafiero, pese al desaire y ofensa. El reemplazo fue aceptado y el vínculo quedó normalizado, aún con el irresuelto problema planteado por el affaire Baseotto, ya jubilado. Conciliador, el PEN no disolvió el obispado castrense, pese a saber que históricamente sirvió de vehículo para que el sector más retrógrado de la iglesia, desde Antonio Caggiano en adelante, se enroscara con los fascistas de las Fuerzas Armadas. Las consecuencias de ese acople se vieron a partir de 1976 con las sotanas bendiciendo los crímenes, incluso los cometidos contra seminaristas, sacerdotes, monjas y dos obispos (Enrique Angelelli y Carlos Ponce de León).

Ninguna autocrítica episcopal

Aquella postura conciliadora de la jefa de Estado se plasmó al recibir al arzobispo y al compartir actos. Le abrió su despacho en diciembre de 2007 y noviembre de 2008, para que aquél le entregara documentos con la visión empañada y sesgada del Episcopado. En diciembre del año pasado la mandataria concurrió con todo su gabinete a la misa concelebrada por Bergoglio y otros sacerdotes, en la conmemoración de la mediación del cardenal Samoré que evitó la guerra con Chile. Y, como quedó consignado, Cristina se aguantó el rechazo papal a su designado representante.

Si se compara esa apertura de la presidenta con el estilo más confrontativo de Néstor Kirchner entre 2003-2007, se supone que los obispos deberían haber tenido una actitud más comprensiva. No ha sido así, como lo demostró el tono político del documento del Episcopado y la presentación del mismo que hizo anteayer su vocero, presbítero Jorge Osterheld.

Como una veintena de obispos bajo la jefatura de Bergoglio se reunieron el 24 de marzo en la residencia “La Montonera” de Pilar, algún ingenuo pudo pensar que de allí saldría alguna autocrítica sobre la complicidad del alto clero con la dictadura. Se cumplían 33 años del golpe y parecía un momento oportuno, aunque levemente tardío, para un pedido de disculpas por las complicidades de los cardenales Raúl Primatesta, Adolfo Tortolo, Juan C. Aramburu y el propio Bergoglio, titular por entonces de los jesuitas y complicado en la desaparición y tortura de miembros de su orden.

Pero no fue así. Osterheld se despachó con una opinión más grave de las que suele emitir la catastrofista Elisa Carrió o “La Nación”. Expresó que la paz social está muy alterada.

Que hay conflictos nadie lo niega, pero hay que ver la especificidad de los mismos. Como el vocero se refería a los cortes de rutas de los sojeros, parece que debió haber marcado la responsabilidad de la Mesa de Enlace. Pero era predecible que la Iglesia no iba a criticar a los integrantes de esa entidad, toda vez que los alentó y los tuvo rezando en Luján en abril último.

En cambio, el flamante documento eclesiástico apuntó contra el gobierno: “pedimos a todos evitar las actitudes que nos enfrenten y dividan, y que como tales generan un clima de confrontación propicio a la violencia. El momento actual reclama diálogos sinceros y transparentes, reconciliación de los argentinos y búsqueda de consensos que fortalezcan la paz social”. Su exégeta Joaquín Morales Solá aseguró en “Gaceta Ganadera”: “la Iglesia, que suele tener una fina sensibilidad para captar esas pasiones, advirtió ayer sobre la existencia de ´resentimientos que serán difíciles de superar´. No nombró a Kirchner, pero lo aludió casi de manera inconfundible”.

¿Por qué tanta oposición?

Aunque este cronista no sienta ninguna simpatía por el ministro de Justicia, sus respuestas al documento de los obispos fueron básicamente correctas. "La tensión que se está viviendo con el campo es producto de que se está discutiendo por plata", afirmó Anibal Fernández en declaraciones a C5N. El ministro no se privó de cuestionar la participación de la Iglesia en actos de la oposición, como en la menguada cita del miércoles pasado contra la inseguridad. Allí fue fue orador el ex vocero de Bergoglio, Guillermo Marcó.

¿Por qué el Episcopado está alineándose en forma más ostensible con la oposición conservadora? Pueden estar pesando razones nacionales e internacionales.

Entre las primeras, es obvio que Bergoglio siente más afinidad con Carrió, Mauricio Macri y Eduardo Duhalde que con la presidenta y sus ministros. Le sucede otro tanto si tiene que optar entre la Mesa de Enlace y la intervención estatal en la economía dominada por los monopolistas.

Por eso permitió el año pasado que numerosos sacerdotes oficiaran misa durante el lock out patronal, en las rutas tomadas o en las iglesias de los pueblos más levantiscos contra la resolución 125. Más importante aún, en la asamblea plenaria de noviembre pasado, tomó partido por el reclamo sojero: “es necesario concretar un programa agropecuario y agroindustrial a nivel nacional. Cabe apreciar la histórica importancia del campo en el crecimiento de nuestra sociedad”. La Sociedad Rural y socios lo vivieron como una bendición.

La otra discrepancia trascendente tiene que ver con derechos humanos. La presidenta se quejó de la demora de la justicia en sustanciar los procesos contra los genocidas. Y desde la vereda de enfrente, Bergoglio viene insistiendo desde el documento de agosto de 2007 (y en anteriores) que “nuestro país sufre todavía fragmentación y enfrentamientos, que se manifiestan tanto en la impunidad, como en desencuentros y resentimientos. Nos queda pendiente la deuda de la reconciliación”.

También pesan las líneas bajadas desde el Vaticano. El Papa declaró en Camerún que el Sida no se combate “con la distribución de preservativos, que, al contrario, aumentan el problema”. Y el arzobispo de Buenos Aires, que no necesita que le den manija para enfrentarse al gobierno, se convierte entonces en un cruzado de esa y otras causas retrógradas, contrarias no sólo a una política de mayor equidad social (retenciones) sino directamente opuestas a la vida, la salud de la gente y la ciencia.