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OPINIÓN

ALASKA, luces y sombras

Por Susana Merino (*)

Artículos de Susana Merino editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 17/02/08.-

Luces

Dentro de un año Alaska cumplirá medio siglo de su incorporación, en 1959, como el Estado número 49 de los EEUU. Su territorio fue hasta mediados del siglo XIX patrimonio ruso, pero en 1867 el gobierno usamericano lo compró por 7,2 millones de dólares. Sin embargo permaneció poco menos que ignorado por su nuevo dueño hasta que en 1890 el descubrimiento de oro en Yukón y posteriormente en 1968 el de petróleo despertaron finalmente el interés gubernamental y su correlativo crecimiento poblacional. Cuenta actualmente con cerca de 700 mil habitantes que gozan de un solidario beneficio, los dividendos anuales del PFC (Permanent Fund Corporation), una iniciativa casi desconocida y sistemáticamente ignorada no solo por los demás estados de la Unión sino por casi todo el resto del mundo.

La historia de este Fondo, que merecería ser ampliamente divulgada surgió en Alaska en 1974, por decisión, luego constitucionalmente avalada, del entonces gobernador del estado, Jay Hammond. Partiendo de la idea de que los recursos naturales deben ser de propiedad común de los habitantes de una región y de que por lo tanto el disfrute de los beneficios derivados de su explotación debe alcanzar a todos y no solo a las generaciones presentes sino también a las futuras, imaginó la creación de un Fondo permanente alimentado por el 25% de las ganancias que generase la explotación de los recursos mineros y petrolíferos del Estado. De este modo, todos los habitantes, independientemente de su origen, pero capaces de certificar no menos de un año de residencia en el estado, perciben lo que genéricamente llaman el “Dividendo” y que suele variar entre los mil y los dos mil dólares anuales según fueren las ganancias acumuladas en el período.

El mencionado Fondo ha alcanzado últimamente la cifra de 34 mil millones de dólares y generado ganancias por más de 2 mil millones, aunque no todo se destina a su distribución comunitaria pues parte de los ingresos son también destinados a inversiones en infraestructura pública de modo que gracias a esos recursos los habitantes de Alaska se hallan exentos de pagar impuestos.

Un sistema similar de redistribución de ingresos viene siendo planteado, desde hace ya casi una década por la asociación Red de Renta Básica Universal [1] que la define como “un ingreso pagado por el estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva”.

Aunque pareciera no existir relación entre ambas propuestas si consideramos que la riqueza generada por un alto porcentaje de la sociedad a partir de recursos que según el lúcido criterio del Gobernado Hammond, son propiedad común de todos los habitantes de un país o de una región y el hecho de que en la actualidad independientemente de la voluntad de trabajar o no es evidente la acelerada reducción de oportunidades laborales en todo el planeta, no resulta demasiado descabellado imaginar que se impone la búsqueda de soluciones para ese otro porcentaje de la sociedad que nos guste o no, comparte nuestro mundo y no puede disponer siquiera de un mínimo acceso a la seguridad alimentaria.

Por otra parte la idea de la Renta Básica Universal, hunde también sus raíces en las reflexiones del casi legendario Tomás Paine [2] quién a fines del siglo XIX se dirigía a sus conciudadanos expresando que “el primer principio de la civilización debía haber sido, y aún debe ser, que la condición de toda persona nacida en el mundo, después de que comienza un estado de civilización, debe no ser peor que si hubiera nacido antes de ese periodo” y agregaba que “la tierra, en su estado de cultivo natural era, y siempre tendría que seguir siendo, la propiedad común de la especie humana. En ese estado todo hombre habría nacido para la propiedad. Habría sido un propietario colectivo vitalicio, con apoyo en la propiedad del suelo y en todos sus productos naturales, vegetales y animales” De modo que “la idea de propiedad de la tierra comenzó con el cultivo, ya que no existía tal cosa... antes de ese momento. No podía existir en el primer estado del hombre, el de los cazadores. No existía en el segundo, el de los pastores: ni Abraham, ni Isaac, ni Jacob, ni Job, hasta donde puede darse crédito a la historia de la Biblia en cosas probables, fueron poseedores de tierra”.

Resulta imposible no acordar con su razonamiento y concluir con él que “el valor añadido por el cultivo, una vez admitido el sistema, se convirtió en propiedad de quienes lo produjeron, o de quienes lo heredaron de ellos, o de quienes lo compraron... Pero el monopolio territorial que se inició con él ha producido el mayor mal. Ha desposeído a más de la mitad de los habitantes de todas las naciones de su herencia natural, sin proporcionarles, como debiera haberse hecho, una indemnización por esa pérdida, y ha creado así una especie de pobreza y miseria que antes no existía”

Propone en consecuencia “Crear un fondo nacional, del cual se pagará a cada persona, cuando alcance la edad de veintiún años, la suma de quince libras esterlinas, como compensación parcial por la pérdida de su herencia natural causada por la introducción del sistema de propiedad territorial. Y además, la suma de diez libras al año, de por vida, a cada persona actualmente viva de cincuenta años de edad, y a todos los demás cuando alcancen esa edad” lo que probablemente sea sin duda el antecedente más remoto no solo de la creación del PFC en Alaska sino también de la más reciente propuesta de Renta Básica Universal.

La agudización de la falta de trabajo, generada por el desarrollo tecnológico, las fusiones empresarias, las deslocalizaciones sobre todo en Europa y los EEUU, la extensión de los horarios de trabajo para quienes todavía conservan un empleo ha derivado en niveles de desocupación cada vez mayores y por ende en niveles de exclusión que no solo atentan contra la supervivencia individual y familiar sino que se han transformado en fértil caldo de cultivo para la delincuencia, la drogadicción, la inseguridad de toda índole y la total pérdida de dignidad en amplios sectores de la sociedad humana.

Estos problemas que como parte de la globalización han adquirido carácter mundial exigen un cambio de actitudes sociales y gubernamentales y entre ellas es indudable que la idea desarrollada en Alaska y la propuesta de la Renta Básica Universal deben ser analizadas y finalmente adoptadas a la mayor brevedad posible si no queremos que las crisis sociales que ya se manifiestan y que se acrecentarán sin duda nos precipiten en un caos aún más inhumano y de imposible gobernabilidad.

Sombras

Pero también en Alaska, ese estado en el que como hemos dicho se ha instrumentado una ejemplar convivencia entre la sociedad y sus recursos existe también un profundo cono de sombras que a pesar de ser igualmente poco conocido está configurando una eventual y grave amenaza para la humanidad.

Se trata del proyecto HAARP (Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia) con sede en Gokoma, dirigido en conjunto por la Fuerza Aérea y la Marina de Guerra estadounidenses, como parte de una nueva generación de armas ultramodernas concebidas en el marco de la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI) de los Estados Unidos.

Un lugar y un proyecto no identificados en el sitio web del estado (www.alaska.gov) e inhallable en los mapas existentes en internet pero que ha despertado la preocupación de muchos científicos tales como el Dr. Nicholas Begich [3] que lo describe llamándolo además la Caja de Pandora como “una tecnología altamente poderosa de emisión de haces de ondas radiales que eleva zonas de la ionosfera (la capa superior de la atmósfera) concentrando un haz y calentando esas zonas” de tal modo que “las ondas electromagnéticas rebotan hacia la tierra y arrasan con todo, vivo o muerto”

La doctora Rosalie Bertell [4] por su parte describe el HAARP como 'un calentador gigante que puede causar importantes alteraciones a la ionosfera, al crear no solamente agujeros, sino también grandes incisiones en la capa protectora que impide que las radiaciones mortales bombardeen el planeta”.

Ambos científicos y muchos otros sospechan no sin fundamentos de los propósitos “ non sanctos” del Programa dado que como dice Michel Chosudowsky [5] “Pruebas científicas recientes revelan que el HAARP está en total funcionamiento y tiene la capacidad de provocar posibles inundaciones, sequías, huracanes y terremotos. Desde el punto de vista militar, el HAARP es un arma de destrucción en masa. Potencialmente, constituye un instrumento de conquista capaz de desestabilizar sistemas agrícolas y ecológicos de regiones enteras de una manera selectivas”.

Desde luego que según se declara en sus objetivos su carácter es científico y como se expresa en su sitio (www.haarp.alaska.edu/haarp/gen.html) se trata de un emprendimiento destinado a estudiar las propiedades y el comportamiento de la ionosfera, con particular énfasis en su uso y comprensión con el propósito de mejorar las comunicaciones y los sistemas de supervisión y de defensa de la civilización. Agregando que los procesos resultantes de dicha investigaciones permitirá a los científicos conocer los procesos que naturalmente ocurren bajo la estimulación solar.

Sin embargo es indudable que puede transformarse, si no lo es ya, como dice Chosudovsky, en una peligrosa arma de sometimiento al N.O M (Nuevo Orden Mundial) y en consecuencia bien harían mínimamente las Naciones Unidas en demostrar verdadera preocupación por el porvenir del planeta incorporando a los debates sobre las consecuencias climáticas de los gases de efecto invernadero, el tema de 'la guerra ambiental' menos publicitada que aquellas pero del que el proyecto HAARP pudiera ser un anticipo de imprevisibles y seguramente catastróficas consecuencias.

En síntesis Alaska, tierra de contrastes, región de luces y de sombras en la que ha florecido una de las iniciativas solidarias más ejemplares del planeta y en donde oscuramente se desarrollan las bases científicas de un proyecto de dominación mundial y eventualmente de un impredecible plan que puede concluir con la exterminación de la civilización humana.

Notas:

[1] Para mayor información: www.redrentabasica.org/

[2] Escritor y activista estadounidense de origen británico (Thetford, 1737? NuevaYork, 1809), Thomas Paine participó en la lucha por la independencia norteamericana. Posteriormente obtuvo la nacionalidad francesa y ostentó un escaño en la Convención (1792). Encarcelado durante el Terror, regresó a América. En 1776 publicó Agrarian Justice, donde constata que, en la Edad Moderna, la pobreza no es propia del estado natural del ser humano, sino precisamente de todo lo contrario.

[3] Dr en Medicina y Presidente de la Federación de Profesores, del Consejo de educación de Anchorage, investigador independiente y Jefe de Earthpulse Press Incorporated.

[4] Dra en Biométrica, internacionalmente conocida como experta en el campo de las radiaciones, presidente del Instituto Internacional Canadiense para la Salud Pública y ardiente defensora de los derechos de las comunidades indígenas

[5] Economista canadiense, profesor de la Universidad de Ottawa y asesor de varias agencias de las N.U.

(*) Arquitecta, editora del informativo semanal "El Grano de Arena" de ATTAC Internacional.