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OPINIÓN

Europa, Latinoamérica y el socialismo

Por Susana Merino (*)

Artículos de Susana Merino editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 03/03/08.- Desde hace algunos años ha tomado, se diría, estado público el tema de los derechos humanos. Inicialmente referido a los derechos políticos nadie dudaría actualmente en incluir en este concepto una amplia gama de otros derechos: a la salud, a la educación, a un ambiente sano, a una vivienda digna en resumen a todos aquellos derechos democráticamente definidos como objetivos fundamentales en que debe basarse una sociedad sin explotadores ni explotados ni diferencias de clase, género, raza, religión, nacionalidad, etc.

Según Vicenc Navarro [1], son cuatro las políticas públicas que han ido aplicándose en mayor o menor grado en la Comunidad europea: la universalización de los derechos ciudadanos, la mayor progresividad fiscal y su repercusión distributiva, históricamente evidentes en los países escandinavos, la presencia de un sistema educativo y una cultura promovidos por el estado tendientes a generar un plano más universal de posibilidades de incorporación al mercado laboral y un fortalecimiento del Estado como ejecutor de la distribución de los recursos y garante de los derechos ciudadanos. Ninguna de estas políticas han ido sin embargo en desmedro de un desarrollo económicamente exitoso como lo demuestran países (Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca) con un importante gasto público e intervenciones altamente regulatorias.

Sin embargo aún existe un alto porcentaje de países de esa misma Comunidad en que se verifica el aumento del desempleo, la disminución del gasto público, especialmente referido a la protección social, la reducción de los salarios, la inestabilidad laboral mientras desmesuradamente crecen los réditos empresariales y se agudiza el consenso de que este panorama es el producto de la aplicación inversa de políticas públicas neoliberales, que contradicen las mencionadas tendencias y que hacen que a nivel popular sean abiertamente rechazados pactos tales como el aprobado a fines de diciembre en Lisboa, motivo por el que los gobiernos se negaran sin duda a poner en marcha los mecanismos de consulta que deberían ratificarlo.

Un caso emblemático ha sido el español cuyo gobierno de raigambre socialista ha logrado revertir por lo menos en parte la aguda desfinanciación producida por el precedente gobierno neoliberal en los llamados sectores sociales, escuelas, servicios de salud, universidades, etc El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que cuenta ya con 125 años de historia, es según su propia definición “una organización política de la clase trabajadora y de los hombres y mujeres que luchan contra todo tipo de explotación, aspirando a transformar la sociedad para convertirla en una sociedad libre, igualitaria, solidaria y en paz que lucha por el progreso de los pueblos” y cuya razón de ser es “la de contribuir a alcanzar una sociedad mejor, detectando los problemas y aportando soluciones, sobre la base de los principios de libertad, igualdad, solidaridad y justicia social”

Ninguno de sus principios difiere de los que pudiera proclamar cualquier otro movimiento socialista del mundo y sin embargo nadie se rasga las vestiduras como suele ocurrir contrariamente cada vez que alguien enuncia en Latinoamérica, objetivos similares con el irrenunciable rótulo de socialismo.

En Europa la segunda fuerza política en cantidad de representantes en el Parlamento Europeo es precisamente la socialista con 215 diputados pero cuando en Latinoamérica un gobierno se proclama socialista... ah! ese es otro cantar!

Resulta que los latinoamericanos ya no nos conformamos con habernos independizado (virtualmente) del yugo colonial sino que ahora pretendemos revertir las consecuencias de la tan metódica y secular imposición del pensamiento neoliberal proclamando no solo la adopción de políticas más acordes con la idea de una sociedad más justa e igualitaria sino que hasta nos estamos atreviendo a desempolvar algunas de las viejas tradiciones de las “salvajes” tribus indígenas que habitaban este continente como ser la defensa y conservación del patrimonio natural, la sabiduría de algunos conocimientos medicinales primitivos, la revisión de los conceptos de propiedad individual de la tierra, incorporados por la cultura colonial y algunas otras ideas que si bien se mira nada tienen de revolucionarias y mucho talvez del tan escasamente repartido sentido común.

Podemos analizar algunos de los conceptos enraizados en las culturas indígenas tales como la convicción de que “la tierra no pertenece a los seres humanos y éstos no heredan la tierra: son las personas quienes pertenecen a la tierra y sólo la toman prestada a sus hijos” [2], mientras que en el mundo moderno el suelo se ha convertido en una simple mercancía, pese a ser como es una de las bases de la existencia humana, cuyo deterioro compromete la existencia misma de nuestra especie. El avasallamiento de los territorios indígenas, el cerco que nuestra civilización les ha trazado y la amenaza de extinción a que se ven expuestas estas culturas están privando a la humanidad de una riqueza que pareciera estar destinada solo a ser motivo de estudio de arqueólogos y de antropólogos en un futuro no demasiado lejano.

En otro orden de cosas resulta interesante destacar las evidentes contradicciones que surgen del hábito de medir en nuestras sociedades “occidentales y cristianas” situaciones similares con diferentes gálibos como lo señala con singular claridad Isaac Bigio [3] en un reciente artículo y que no hacen más que corroborar que lo que en un lado del Atlántico es aceptado y considerado normal, en el opuesto puede ser calificado como intolerable y tiránico.

Toma como ejemplo dos países Cuba e Inglaterra, diametralmente opuestos en la esfera internacional, pero que sin embargo contienen más similitudes políticas de lo que a simple vista pudiera advertirse, aunque uno de ellos, Cuba, es víctima de las mismas acusaciones que le caben a Inglaterra, sin que a nadie se le ocurra vilipendiar por ello a este último país, o llamar a su gobierno antidemocrático o dictactorial.

Pruebas al canto: en Inglaterra Gordon Brown reemplazó a Tony Blair luego de haber sido su segundo sin que mediaran elecciones previas. En Cuba Raúl Castro reemplaza a Fidel en las mismas condiciones. Ambos “han llegado al comando de sus naciones sin que ninguno de ellos haya pasado por una elección popular tanto a nivel del país como de su propio partido” [4].

“El Reino Unido no elige a su Jefe de Estado ni a su Cámara Alta. Fidel Castro (el caudillo de Cuba desde 1959) y Elizabeth II (reina británica desde 1952) han sido los jefes de Estado que más han durado en su cargo en todo Occidente. Mientras el primero justifica su posición por haber comandado una “revolución popular”, la segunda lo hace por sus derechos monárquicos. Esta última circunstancia condiciona asimismo la designación del primer Ministro que no asume su cargo ante el pueblo de su nación como cualquier otro presidente democrático sino que lo hace a puertas cerradas en el palacio de Buckingham. Y por último otro detalle que entre muchos otros señala Bigio, en Gran Bretaña la Cámara alta o de los lores, está compuesta con 738 miembros que tampoco han sido electos sino simplemente designados y que probablemente imagino no lo hayan sido por sus servicios al país sino por su sumisión a la corona.

Es decir que lo que parece contar en estos tiempos para que un gobierno se halle ubicado entre los aplaudidos o entre los réprobos, está más vinculado al grado de adhesión, de amiguismo, de sometimiento a los dictados del monopolio internacional del poder que todavía detentan los EEUU, que a cualquier otra sensata consideración. Sería largo enunciar el sinnúmero de gobiernos dictatoriales que estos han apoyado a lo largo de la historia, basados simplemente en la incondicionalidad de dichos gobernantes..

Es necesario por lo tanto que más temprano que tarde nos detengamos a pensar en la hipocresía que implica proclamar en Europa ciertos principios del socialismo aunque luego se cumpla en gran parte aquello de que “del dicho al hecho hay mucho trecho” y se contradigan en la práctica con sus atrofiadas estructuras gubernamentales pero que en Latinoamérica en cambio son invariablemente considerados algo más que una mala palabra o lo que es peor e inadmisible singularmente asociados al terrorismo.

Notas:

[1] Las políticas sociales de la socialdemocracia en la UE-15 y en España. Vicenç Navarro. Publicado en la Revista Temas para el debate. Febrero 2008. Número 159.

[2] Los derechos indígenas y los recursos de uso común: tierra, gobernanza, desarrollo e identidad. Vincenzo Lauriola investigador en etnoecología, Instituto Nacional de Pesquisas da Amazonia (Inpa), Manaus, AM, Brasil.

[3] ANALISIS GLOBAL Newsletter bisemanal de estudios sobre lo que pasa en el mundo. Año 12. Número 11. Londres, 28 de Febrero del 2008.

[4] El Laborismo es el nombre oficial del socialismo inglés.

(*) Arquitecta, editora del informativo semanal "El Grano de Arena" de ATTAC Internacional.