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OPINIÓN

La ética del hacker

Por Susana Merino (*)

Artículos de Susana Merino editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 16/03/08.- Los hackers no son como suele creerse unos diablitos cibernéticos que se cuelan por entre las redes de internet con el propósito de alojar sus nocivas amenazas en los lugares más atractivos de nuestras adorables computadoras y alterar y destruir nuestros minuciosa y bien organizados archivos. Aunque a decir verdad no suelen hacer acepción de archivos y arremeten indiscriminadamente sin detenerse a considerar el grado de organización-desorganización que ocasionalmente encuentren en el camino de sus asoladores instintos.

Pues sí parece ser que los hackers son exactamente lo contrario, es decir caballeros informáticos o no con un extraordinario sentido de la ética, el pundonor y la responsabilidad y una enorme pasión por su “métier” De modo que si nos atenemos a la definición de Pekka Himanen [1] el hacker es en realidad “ un experto o un entusiasta de cualquier tipo que puede dedicarse o no a la informática” pero que se caracteriza fundamentalmente por adherir a una nueva moral contraria a la ética protestante del trabajo que desarrollara Max Weber [2] y que destaca en cambio el mérito de la creatividad, deja de atribuir al dinero un valor en sí mismo y cifra los beneficios en metas sociales, tales como el libre acceso y la transparencia del conocimiento.

Pero los diablillos existen y su diversión más inocente es inocularnos algún virus o algún verme con siempre renovado entusiasmo e inventiva, con la diferencia de que por lo visto nada tienen que ver con los “hackers” a no ser por la dedicación y el empeño con que también suelen ejercer su oficio. De modo que para no herir a los benévolos “hakers” tendríamos que aprender a llamarlos ”crackers” como en realidad han sido bautizados desde su aparición en las telarañas informáticas. Es decir que en definitiva “cracker” debería ser el nombre oficial de los también llamados “piratas informáticos”

Pero volviendo a los “hackers” que son los que realmente merecen nuestra atención, resulta ciertamente llamativa la aparición, en nuestra época, de una corriente de pensamiento particularmente espiritual en un sector tan fuertemente vinculado a los tejemanejes financieros y especulativos. Por el contrario el ideal del hacker es desarrollar sus conocimientos al máximo pero no para ponerlos al servicio de intereses privados sino de la sociedad de la que se consideran parte. Pruebas al canto el “hacker” más destacado y probablemente más conocido por la comunidad informática es precisamente Linus Torvalds, el creador del revolucionario sistema que lleva su nombre y que se difunde libremente en todo el mundo.

Pekka Hinamen filósofo, Linus Torvalds, informático y Manuel Castells sociólogo y planificador urbano y regional son algo así como los tres mosqueteros de la “nética” (o ética de la red), como la llaman en su jerga. Se conocieron en 1998 en la Universidad de California, plaza fuerte de los hackers y desde entonces han compartido y elaborado sus teorías sobre la ética hacker que Torvald define como la necesidad humana de ir cumpliendo diferentes estadios a lo largo de su vida, del mismo modo como se ha ido dando en la evolución de la humanidad. El primero es el de la “supervivencia”, le sigue el de la “vida social” y concluye con el “entretenimiento”. Es decir que superadas las dos primeras etapas el progreso humano estaría entrando en la tercera, en aquella en que todo trabajador encuentra su tarea más que interesante, disfruta enormemente con lo que hace y aspira a compartirla con los demás.

Se trata sin duda de un verdadero y revolucionario reto que pone en jaque a la tradicional “ética protestante del trabajo” cuyo sentido de la obligación se nos impone y constituye el centro del espíritu capitalista nacido en el siglo XVII. Según Hinamen “ la naturaleza radical del hackerismo consiste en su propuesta de un espíritu alternativo para la sociedad red, un espíritu que finalmente cuestiona la ética protestante y solo en ese sentido cabe afirmar que todos los hackers son realmente crackers porque intentan romper el cerrojo de la jaula de acero” Una jaula cuyos barrotes están hechos del tormento de la responsabilidad, de la imposición del deber y de la exigencia de una dedicación casi absoluta al imperioso objetivo de generar beneficios económicos para terceros.

En el modelo protestante el trabajo y el dinero se constituyen en el centro y en el eje de la vida y como dice Hinamen la autoorganización personal pasa a ser “una región de flecos laborales sobrantes: la noche pasó a ser lo que queda del día: el fin de semana lo que queda de la semana y la jubilación lo que queda de la vida” La ética del trabajo de los hackers se opone al trabajo-centrismo no solo del capitalismo sino también del comunismo ya que ambos sistemas, afirman se basan igualmente en la ética del protestantismo. Por el contrario la filosofía hacker intenta hacer extensivos a toda la sociedad los beneficios de la transparencia y de la accesibilidad a la información considerando que el crecimiento colectivo de esa información generará “espectaculares beneficios individuales” , beneficios que, desde luego, no se ciñen a lo exclusivamente económico sino que amplían las posibilidades de desarrollo personal, del disfrute de actividades lúdicas y de optar por ritmos de trabajo más aptos a las condiciones y capacidades de cada ser humano.

Los ejemplos más evidentes son sin duda el ya mencionado Linux e Internet, sistemas de acceso completamente abiertos que podrían emularse en otros aspectos de la vida, lo que hace que ambos no sean solo tecnologías vinculadas a la informática sino verdaderos modelos sociales en los que nada se halla ni se da por terminado sino que participan de una dinámica en la que los aportes, las críticas, los añadidos externos enriquecen y colaboran a su permanente y superadora evolución. Se trata en realidad de asimilar las experiencias que históricamente han encadenado los conocimientos científicos contribuyendo al conocimiento del universo, de sus leyes naturales y de los avances tecnológicos realizados que en modo alguno hubieran podido lograrse si la ciencia no constituyera también un modelo abierto. Convertir estos ámbitos en modelos cerrados, reduce considerablemente las posibilidades de incorporar otras miradas, otras iniciativas y sería tan absurdo como “que cada generación de investigadores tomará la decisión de desechar todos los resultados –anteriores – y dejara que la siguiente generación volviera a empezar desde cero”. [3]

Dicen los hackers que este modelo abierto tiene como único límite la imaginación y que sus ventajas derivan del espíritu de cooperación que se establece entre los individuos lo que lo transforma en un nuevo modelo social en el que internet puede utilizarse por ejemplo para organizar recursos locales, como de hecho está sucediendo con toda la información que circula libremente por la red y que permite el intercambio de enfoques y de noticias alternativos a los que nos tienen sometidos la prensa radial, escrita o televisiva tradicional.

A partir de 1990, dos conocidos hackers usamericanos Mitch Kapor, creador de Lotus y John Perry Barlow pusieron en marcha la organización Electronic Frontier Foundation (EFF) cuyos objetivos eran potenciar los derechos del ciberespacio definiéndose como “una organización sin ánimos de lucro que trabaja en defensa del interés público para proteger las libertades civiles entre ellas la privacidad y la libertad de expresión en el ámbito de la informática e internet” Esta iniciativa surgió ante la necesidad de oponerse a la ya entonces evidente intromisión de los estados y de las empresas empeñados en conducir ambos instrumentos por senderos opuestos a los ideales de los hackers. Se trata sin duda de un terreno codiciado por los grandes intereses y que requerirá una protección decidida de los límites personales de cada individuo defendiendo el uso de la tecnología de alta encriptación que los gobiernos, comenzando por el de los EEUU, desaprueban por lo general y la creación de sistemas que permitan las transacciones anónimas contra la actual necesaria identificación que permite el almacenamiento de una infinidad de datos sobre las vidas de las personas.

Y para terminar creo interesante e ilustrativo transcribir el sueño de John Gilmore [4] sobre una sociedad basada en los principios hackers. Dice Gilmore: “¿Qué sucedería si pudiéramos construir una sociedad en la que la información no pudiera ser recopilada nunca, en la cual se pudiera alquilar una cinta de video sin dejar una tarjeta de crédito ni el número de cuenta bancaria, en la que se pudiera demostrar que se tiene licencia para conducir sin dar ni siquiera el nombre, en la que se pudieran enviar y recibir mensajes sin revelar la situación física al igual que una oficina de correos electrónica? Una sociedad así es la que quiero construir”.

Rectifiquemos entonces nuestra errónea idea sobre los hackers, despejemos el camino de su ética y finalmente asumámosla con entusiasmo junto al sueño de Gilmore como propios.

Notas:

[1] Autor de “La ética del hacker y el espíritu de la era de la información”

[2] “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”

[3] Pekka Hinamen “ La ética del hacker y el espíritu de la nueva era de la información”

[4] Gilmore, John “ Privacidad, tecnología y sociedad abierta” Discurso pronunciado en el Primer Congreso sobre Ordenadores, Libertad y Privacidad, 1991

(*) Arquitecta, editora del informativo semanal "El Grano de Arena" de ATTAC Internacional.