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Libre movilidad de mano de obra, emigración y TLC

Por Aurelio Suárez Montoya
Fecha original de publicación: 28/03/06, La Tarde

Rebanadas de Realidad - Colombia, 14/05/06.- A propósito del actual movimiento de inmigrantes ilegales que en Estados Unidos protestan contra el endurecimiento de las leyes de admisión de residencia en ese país, vale mencionar algunos elementos relacionados con la libre movilidad de la mano de obra y el tratado de libre comercio entre Colombia y Estados Unidos.

El ingreso de "ilegales" a esa nación norteamericana tiene historia e incorpora intereses económicos de la superpotencia que están en juego en torno a este asunto. Aunque en el siglo XX y desde el último cuarto del siglo XIX, después de la Guerra de Secesión, las principales olas de emigración del mundo se dirigieron hacia el Coloso del Norte de América, en el puerto de entrada principal, en New York, se revisaba a todos los pasajeros por razones sanitarias antes de su entrada en la Isla Ellis, donde muchos eran rechazados. El control migratorio tomaba entonces esa modalidad.

El ingreso ilegítimo de quienes por distintas vías, incluido el famoso "Hueco", superaban las dificultades creó una mano de obra "ilegal" que por su condición tenía peor remuneración que la mínima permitida y que de ese modo aportó plusvalía como fuente de acumulación de capital similar al trabajo infantil para Inglaterra. En Norteamérica se sigue manteniendo esa base "ilegal" que es destinada a las faenas más duras y peor pagadas como la recolección de cosechas, las labores de limpieza, la maquila, la construcción a destajo y los oficios varios, entre otros.

Una explicación de los altos salarios en las industrias de punta, con los cuales se alimenta en el resto del Continente "el sueño americano", está fundada en esta forma moderna de esclavitud de los "ilegales". Así se ha creado un círculo vicioso: si ingresan muchos "ilegales", se desplaza la mano de obra nativa, y, si no ingresan, sube el costo salarial para las firmas. Una contradicción sin salida.

Lo peor es que el intento por modularla descubre las contradicciones del Imperio cuando habla como propulsor del libre comercio. Estados Unidos quiere que sus capitales, sus mercancías y su tecnología circulen sin estorbos para encontrar los lugares donde encuentren los mejores precios, pero no permiten que la mano de obra, el recurso más abundante de muchos otros países como Colombia, pueda circular libre en busca de mejor remuneración. No sólo eso, muchos inmigrantes a ese territorio se desempeñan por debajo de sus habilidades y conocimientos; y, si en Latinoamérica se ven profesionales conduciendo taxis, allí los hay lavando pisos.

Todo esto, así como que en el TLC tendremos que seguir mendigando las visas hasta para nuestros empresarios, lo cual no hace siquiera moderar el cínico apoyo al Tratado de quienes se reclaman como sus voceros, incluido el de las PYMES, no les impide ni al presidente Uribe ni a sus arrojados negociadores suscribirlo a partir de tan desigual premisa. Y eso que son eruditos economistas clásicos que, por supuesto, no deben desconocer lo que se conoce como el Efecto Stolper- Samuelson por el cual, en la medida en que se garantice la libre circulación de los factores productivos, se logran precios para ellos equivalentes dentro de la región integrada. O sea, que por arte de birlibirloque, Colombia aceptó que su mayor fortaleza económica no goce a plenitud de la teóricas ventajas que podría otorgarle un TLC. Otra razón de peso para asegurar que éste es un tratado de anexión y no de integración.

Pero por otra parte, la negación a la libre circulación de personas, garantiza que en el Sur de América se mantenga un ejército de reserva que pueda trabajar en la maquilas de ensamble, donde se realizan los movimientos fabriles más intensivos en mano de obra, con salarios 15 o 20 veces inferiores a lo que cuestan en el Norte. Con esa plusvalía se pagará la orgía financiera de las elites ganadoras en el TLC. Lo que está sucediendo es la más descarada manifestación de cómo el capitalismo actual, una reedición del "salvaje manchesteriano", debe recurrir a las modalidades más regresivas de explotación, a la plusvalía absoluta, para sacar adelante su globalización. Y, para quienes no entiendan por las buenas, mister Schwarzeneger, emigrante austriaco, ha advertido que una vez cese en la gobernación de California, acompañará a los demás miembros de la Sociedad del Rifle de USA a "jugar tiro al blanco" con quien ose burlar el nuevo Muro de Berlín que se está construyendo al norte del Río Bravo, monumento de la mundialización del capital especulativo. Quienes lo pasen serán "ilegales" en alto grado y podrán ser peor abusados todavía.

Gentileza de MOIR.
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