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COLOMBIA

¿Quién se come el queso del etanol?

Por Aurelio Suárez Montoya

Rebanadas de Realidad - La Tarde, Colombia, 12/09/06.- Es usual escuchar que estamos frente a una revolución mundial, que vincula la agricultura con la energía, con la puesta en marcha a nivel global de la producción en gran escala de los combustibles originados en fuentes renovables, justificada en teoría por razones económicas, ambientales y políticas. Los más nombrados son el biodiesel, basado en aceites vegetales, y el etanol, que hasta ahora se fabrica con base en maíz, caña de azúcar, azúcar de remolacha y posiblemente con yuca. En Colombia, a partir de la Ley 693 de 2001 y de las exenciones emanadas de la Reforma Tributaria de 2002, se dio inicio por parte de cinco ingenios azucareros, representativos del oligopolio que controla dicho sector, a la producción de lo que llaman "biogasolina".

La implementación del proyecto en Colombia comenzó hace un año y las noticias informan que está influyendo con gran peso en los positivos estados financieros de las respectivas industrias en 2006. Y no es para menos. El subsidio general que vienen recibiendo de todos los colombianos, y en mayor grado de los grupos sociales vinculados a esa cadena, convierte al negocio en uno de "burro amarrado". En un año, el precio, que están pagando por galón los consumidores de las áreas que mezclan etanol con gasolina en un 10%, ha crecido en un escandaloso 84%; tan sólo entre agosto y septiembre subió un 7%. El litro vale $ 1.533; por tanto, el precio del galón al público, al cambio actual del dólar, es de 2,5 dólares, en tanto el costo de producción de los ingenios es de 1,21. No sólo eso, a los cañicultores que venden el producto primo para azúcar o etanol se les reconoce un 50% de lo producido en fábrica en el caso del edulcorante, pero para biogasolina apenas se les retribuye cerca de un 30% del valor del producto final. Si fuera poco, la mayoría de obreros del corte de caña están bajo el sistema de Cooperativas de Trabajo, la forma novedosa para volver informal y envilecer más una labor tan cruel. De ñapa hay que recordar que las exenciones tributarias para el etanol por concepto de IVA, sobretasa e impuestos globales que los contribuyentes concedemos al oligopolio valen 100 millones de dólares al año.

Con el TLC se ha difundido la especie sobre las inmensas "oportunidades" que el etanol colombiano tendría en lo que llaman "el mercado más grande del mundo". Algunos hechos recientes crean dudas al respecto; como que los antiguos propietarios de Cementos Andino decidieran invertir lo recibido por la venta de su empresa en una asociación con una cooperativa de Louisiana para producir etanol allá antes que intentarlo desde Colombia, también que el propio Ingenio Manuelita haya tomado una decisión similar pero con socios brasileros en dicho país. Esos indicios sumados a que las 95 destilerías que producen etanol con base en maíz reciben 51 centavos de dólar de subsidio federal por galón o a que el costo de producción gringo, según un estudio de la OCDE, es 1,09 dólar, así como que la superpotencia es el primer productor mundial con una capacidad instalada de 4,3 millones de galones anuales y que pretende ampliarla con 1.800 millones más para los próximos 5 años, genera serias dudas acerca de las reales posibilidades exportadoras del oligopolio. Tales posibilidades, de concretarse, obedecerían a que este puñado privilegiado se come el queso de todos, de contribuyentes, consumidores, trabajadores y proveedores de caña.

Finalmente, falta mencionar a los más temidos competidores para las eventuales exportaciones a Estados Unidos. Brasil, el segundo productor mundial y también con grandes perspectivas de expansión. Tiene costos de producción de 0,83 dólar y de transporte hasta el medio oeste estadounidense de 0,16 dólares por galón; pagando impuestos de 0,54, puede colocar etanol allí a 2,12 dólares por galón. Así exportó más de 65 millones de galones en 2005. Y también están los países del Caribe y Centroamérica, como Costa Rica, Jamaica y Salvador, que tienen asignada en Norteamérica una cuota que ha cubierto más de 100 millones de toneladas. Por ahora el oligopolio ha destinado hacia el bio-combustible 300.000 toneladas de las que tradicionalmente exportaba a pérdida. Ahora bien, si a lo dicho se añade que la industria de etanol de Estados Unidos se prepara para un proceso de reducción de costos para elaborarlo con base en celulosa, proveniente de residuos agrícolas y de maderas, las aventuras comerciales del oligopolio en el TLC irán más allá de comérsenos el queso…¡nos sacarán los ojos! ¡Terminaríamos, en esa competencia entre provisores, subsidiando a los mismísimos consumidores gringos!

Gentileza de MOIR.
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