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COLOMBIA

El triste destino de una "mining republic"

Por Aurelio Suárez Montoya

Rebanadas de Realidad - Bogotá, 13/02/07.- En Audiencia Pública, realizada hace casi un mes y promovida por los senadores Hugo Serrano y Jorge Enrique Robledo, confluyeron una serie de denuncias sobre el estado de la minería en Colombia. No se necesitó que transcurriera mucho tiempo para que las acusaciones expresadas a la sazón se tradujeran en hechos dramáticos. Treinta y dos mineros en Sardinata (Norte de Santander) murieron atrapados y ocho días después fallecieron ocho más en Gámeza (Boyacá), ratificando el abandono en el que se ha enterrado a la pequeña minería y a la explotación artesanal, como se acusó en esa ocasión. A ello debe sumarse la rebeldía civil desatada en la Jagua de Ibirico en el departamento del Cesar donde miles de habitantes y, también de Becerril, salieron a protestar contra los desmanes de la multinacional Glencore en la explotación de los gigantescos yacimientos de carbón a los que ha entrado a saco, lo cual en la audiencia de entonces también se había revelado.

Los reclamos de los cesarenses, de donde sale casi la mitad del carbón de Colombia, están justificados. Treinta millones de toneladas de carbón se producen al año en la Jagua y se exportan a más de 60 dólares y pese a ello allí no hay agua potable, las vías están en pésimo estado por el paso de los camiones de alto volumen cargados con el mineral y el polvo del carbón cada día causa más enfermos con patologías respiratorias; además el municipio quedó sin energía eléctrica desde hace más de una semana y, entre tanto, la mina sí goza de toda la que requiere. No solamente en La Jagua, también en La Loma, donde hay otra gran mina explotada por la Drummond, que vende casi 25 millones de toneladas al exterior, los asuntos parecen estar peor. Esta multinacional, ligada con el ex jefe de la campaña de Avaro Uribe a la reelección, está demandada en la Corte Penal de Alabama por el apoyo a grupos armados, a los que se responsabiliza de la muerte de tres afiliados al sindicato, y por amenazas, prácticas antisindicales y hostilidad a líderes obreros, en particular en la huelga de mediados de 2006. También ha motivado el resentimiento regional por la falta de enganche de personal nativo. En La Guajira, en el gran reservorio de carbón de El Cerrejón se trabaja en jornadas de 12 horas ininterrumpidas generando varios centenares de lisiados de la columna vertebral en edades inferiores a los 45 años. El consorcio empresarial explotador, que lidera la internacional Billington, BHP; tuvo utilidades en 2006 por 480 millones de dólares, una suma superior a la que el gobierno de Andrés Pastrana subastó la mina hace seis años.

La minería nacional tiene 952 minas carboníferas legales y se habla de otro tanto en la ilegalidad. Están ubicadas en Cundinamarca, Boyacá, Norte de Santander y Antioquia, las prácticas laborales son perversas, sin mínimas condiciones de seguridad, involucrando trabajo infantil; es la forma vil como los pobres "aprovechan" la bonanza. En muchas de ellas se excava por carbón coquizable con mejores precios en el mercado mundial y que se exporta por controvertidos muelles, por sus impactos ambientales, como el de El Bosque en Cartagena. La gran renta que proviene de esos filones es captada, no por los propietarios, muchos de ellos buscando la subsistencia, sino por los grandes comercializadores y por las industrias textiles y de cerámica que los requieren por su alto poder calorífico. Un buen caso para la discusión en el marco del TLC ahora que están de moda los temas laborales y ambientales.

De la inversión extrajera directa en Colombia, entre 2000 y 2005, 30 de cada 100 dólares se dedicaron a minería y petróleo, y mucho más a la primera, las exportaciones del mineral para el 2010 se proyectan en 80 millones de toneladas, por un valor superior a 4.000 millones de dólares, y ya las firmas transnacionales dedicadas a esa actividad reportan balanzas comerciales positivas en más de 3.500 millones de dólares. Esto refleja el perfil del tipo de economía que se está montando para Colombia y que el TLC perfeccionará: el modelo extractivo, que se edifica en el despotismo sobre el trabajo y los recursos nacionales, que no se revierte en beneficio para la comunidad y que, al final, solamente deja desamparo y devastación. Es la historia padecida en el oro o en las zonas petrolíferas cuando se acaba el líquido. Una república donde se secan las fuentes de energía y de materias primas, con plenas garantías para los inversionistas foráneos, empezando por la mano de obra barata, donde el intercambio comercial con los bienes manufacturados es inicuo; es la "mining republic", para donde vamos a marchas forzadas.

Gentileza de MOIR.
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