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COLOMBIA

El brindis de Bush y Uribe

Por Aurelio Suárez Montoya

Rebanadas de Realidad - Bogotá, 13/03/07.- El portal de Internet del Partido Republicano de los Estados Unidos anuncia la visita del presidente Bush a América Latina como campaña por la Justicia Social. No obstante, las noticias de los países visitados hasta ahora, Brasil, Uruguay y Colombia, hablan de la prioridad dada a temas relacionados con inversiones y comercio. Una alianza con sabor a cartel entre Estados Unidos y Brasil para la promoción, que incluye mano de obra y materias primas baratas y la incidencia determinante del capital financiero en este nuevo filón, de los “biocombustibles”, que en los mercados especulativos son ya commodity; un acercamiento con el gobierno de Tabaré Vásquez para ir hacia un TLC y, desde luego, la ratificación de “jugársela” para la aprobación en el Congreso norteamericano del suscrito con Colombia. En ese plano Bush es más un destacado mensajero del neoliberalismo que de la equidad en la sociedad

En Colombia, la “visita” estuvo atravesada por el proceso de revelación de los vínculos de altos funcionarios del gobierno, como el ex director del DAS y el de INCO, y en INCODER y FINAGRO, con el paramilitarismo, también de hasta ahora cerca de dos decenas de congresistas, el 95% de ellos pertenecientes a partidos uribistas, y de más de cien miembros de la fuerza pública. Coincidió la llegada de Bush con la publicación de nuevos testimonios contra el ex jefe de la agencia de inteligencia presidencial y de los gobernadores de Cesar y Magdalena. Las preguntas que se hicieron a los dos presidentes en torno a este tema obtuvieron una respuesta: las responsabilidades son individuales, de tipo penal, y no hay responsabilidades políticas; dicho de otra forma, no hay, según ellos, ningún “parauribismo” y, por supuesto, tampoco hay “parabushismo”. Al “taparse con la misma cobija” ninguno de los dos “amigos”, aunque Uribe insiste en justificar la aberración, asume responsabilidad política alguna sobre tan terribles hechos que ha padecido Colombia en la última década. “Yo apoyo un plan que indica que habrá un poder judicial independiente que va a estudiar cada uno de los cargos que se presenta y va a decidir la culpabilidad de cada persona y ese es el plan que yo apoyo, es el plan que apoya el Presidente”, sentenció Bush.

Lo acaecido en Colombia puede tener graves implicaciones en la opinión norteamericana sobre la ya muy deteriorada imagen de Bush. Tiene los más bajos índices; hasta en Texas, su tierra natal, no es extraño ver ciudadanos con prendas alusivas a su renuncia y pululan correos electrónicos que cuentan los minutos que faltan para finalizar su administración. Su situación de credibilidad es tan grave que cabe el chiste sobre que parte de su motivación para venir a Colombia era contratar la firma que elabora las encuestas para Uribe y no se sabe qué pueda pasar si “los contribuyentes” gringos se hacen las preguntas de congresistas como Patrick Leahy acerca del grosor de la línea divisoria entre gobierno colombiano, “el aliado estratégico”, y grupos ilegales.

Los grados de maniobra de Bush en asuntos estatales están limitados. Debido a las normas jurídicas, preserva potestad de mando sobre el ejército, la guerra y asuntos militares pero están confinadas sus facultades sobre apropiaciones, iniciativas comerciales y temas donde las decisiones últimas las toma el Congreso; allí está en minoría; por esa razón, las promesas de su “apoyo” a los temas que desvelan a Uribe como el TLC y el Plan Colombia están bastante infundadas. El brindis parece haber sido inspirado más bien por un pacto para que aquí la parapolítica no se consolide como parauribismo y allá el paragate no se torne en parabushismo.

Gentileza de MOIR.
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