Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
POLO DEMOCRÁTICO ALTERNATIVO (PDA) - COLOMBIA

A casi 20 años del gobierno de la Concertación en Chile

Análisis y experiencias.

Por Aurelio Suárez Montoya

Rebanadas de Realidad - La Tarde, Bogotá, 04/03/08.- El 5 de octubre de 1988, Augusto Pinochet convocó en Chile un plebiscito para continuar en el poder hasta 1997, intentado completar con ello 25 años de predominio. Para oponérsele se organizó una coalición liderada por socialistas, socialdemócratas y democristianos que resultó ganadora con un 56% de los votos. Posteriormente, en las elecciones de 1989 citadas para elegir presidente, dicha convergencia, bajo el rótulo de la Concertación, triunfó con algo más de un 55% de los votos a favor de su candidato el demócrata-cristiano, Patricio Aylwin; así mismo, conquistó mayorías no decisorias en el Legislativo, teniendo que compartir el control con una coalición de derecha, Alianza por Chile. Merced al sistema binominal implantado por Pinochet, que elige dos representantes por distrito, es casi imposible el control absoluto del Congreso.

Durante los 17 años en los cuales Pinochet gobernó a Chile no solamente acabó con las libertades ciudadanas y violó los derechos fundamentales, sino que, acorde con las comisiones investigadoras, se le atribuyen hasta 3.197 víctimas entre muertos y desaparecidos y 27.255 torturados, de 33.221 detenidos. Son célebres por su crueldad operaciones como la “Caravana de la Muerte”, una comitiva que recorrió el país asesinando presos políticos, o la Operación Cóndor, en acción combinada con Argentina, Paraguay y Uruguay bajo la batuta de la CIA, con más de 50.000 personas asesinadas, 30.000 desaparecidas y casi medio millón detenidas.

El proyecto no era apenas político sino también económico. Los discípulos de Milton Friedman de la Universidad de Chicago, un centro de pensamiento de Rockefeller, implantaron allí un laboratorio del modelo neoliberal. Pinochet no se explica sin él y él sin Pinochet. La apertura de la economía, al bajar los aranceles del 94% en 1973 al 10% en 1978, un nuevo régimen laboral, sin negociación colectiva, la privatización de la seguridad social, incluidas las empresas prestadoras de salud (como nuestras EPS) y los fondos de pensiones de grupos internacionales, la privatización de los servicios públicos y la mercantilización de la educación, fueron medidas estructurales del menú. Los efectos sociales fueron tan funestos como la barbarie; él número de pobres, que empezando la década de los setenta era cerca del 30%, pasó en 1988 al 50% y el desempleo subió del 6%, a finales de los sesenta, al 19,2% en 1982.

Los amarres heredados de la dictadura, como el papel relevante de las fuerzas militares en la toma de decisiones o el sistema político descrito, no fueron desatados por los cuatro gobiernos consecutivos de la Concertación durante veinte años y, por ende, no se reversó el neoliberalismo pinochetista. La sombra del Déspota dejó una marca indeleble que se pone como amenaza permanente para frenar todo intento de revocatoria de los paradigmas impuestos. Al revés, éstos se expanden: la negociación de 22 tratados de libre comercio revalidó el legado económico y lo profundizó al eliminarse, por ejemplo, el control a los flujos de capital extranjero en el trato con Estados Unidos. Se reforzó el modelo exportador de bienes primos, se desmanteló la base productiva y se mantiene una sociedad muy desigual, donde la relación de ingresos entre los más pobres y los más ricos es de 1 a 200; los movimientos sociales contra los sistemas de salud y educación vigentes son bestialmente reprimidos. Es el caso del texto de “crecimiento sin equidad”, maquillado por el consumismo.

No es Chile ahora igual al de Pinochet pero muy lejos está del que idearon los socialistas de 1970. Cuanto sucedió ha de estudiarse para evitar el fracaso, en particular esclarecer que en los acuerdos en contra de los proyectos retardatarios no basta aglutinar siglas políticas en torno a “lo fundamental”; es menester la existencia de un proyecto de un nuevo Estado, soberano en lo internacional y democrático en lo interno, más indispensable en tanto el neoliberalismo más se haya enraizado; a mayores males, mayores curas. Que la lección sirva a los demócratas colombianos para los tiempos venideros; no basta, como en París de 1871, con “acariciar el cielo con las manos”.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza del PDA-MOIR