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El uribismo: del “embrujo autoritario” al “desencanto negado”

Por Jorge Gómez Gallego, Diputado Asamblea Departamental de Antioquia PDA

Informaciones del MOIR-PDA editadas en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - MOIR-PDA, Medellín, 12/10/09.- Recientemente participé en un debate televisado, a través del Canal local Televida, acerca de un eventual tercer periodo presidencial consecutivo. En una forma a mi juicio muy profesional, los realizadores del programa, contrataron con una firma especializada una encuesta previa, al tiempo que hicieron un ejercicio periodístico denominado “vox pop”, consistente en hacer una encuesta callejera acerca del tema, y dos resultados de este ejercicio me llamaron la atención.

El primero, la escasa diferencia entre quienes están dispuestos a votar por Álvaro Uribe para un tercer mandato, y quienes definitivamente votarían en contra, si las elecciones fueran el día de la encuesta. La diferencia fue tan pequeña que se encuentra en el rango que los técnicos llaman el margen de error.

El segundo fenómeno es la respuesta casi en cascada de quienes, manifestando tener una imagen muy favorable del Presidente, consideran que no debe insistir en un tercer mandato, con el argumento, tremendamente mayoritario, de que es bueno alternar personas en el ejercicio del poder, o el de abrirle campo o posibilidades a otros ciudadanos.

Esa misma sensación percibo entre las personas con las que tengo relaciones de tipo social, laboral o profesional y que se consideran uribistas. Dicen amar al “mesías”, pero consideran que está bueno ya de Uribe.

Los fenómenos anteriores ameritan una mayor reflexión. De un lado, se evidencia que no está tan clara la suerte del referendo reeleccionista, en el evento de que la Corte Constitucional, haciéndose la de la vista gorda acerca de la multitud de vicios de forma y de fondo que carga el proyecto, lo declare ajustado a los preceptos de la ley de leyes. Esto también puede explicar un poco el afán de sectores uribistas no reeleccionistas por persuadir al Presidente para que resuelva esa supuesta “encrucijada en el alma” renunciando a su manifiesta pretensión re-reeleccionista.

Pero lo que tal vez nos obliga a un análisis de mayor profundidad, es esa protuberante tendencia a manifestar por un lado una percepción positiva del ejercicio del poder por Uribe Vélez, y de otro la exigencia de que no aspire a un tercer periodo presidencial.

Algunos me han respondido, al oír mis puntos de vista sobre el tema, que no hay contradicción, y que esos ciudadanos se están pronunciando por el mantenimiento de los pesos y contrapesos de poderes, necesarios para la existencia de lo que se denomina el “Estado social de derecho”. Pero es evidente que no se trata de ciudadanos con conocimientos ni siquiera rudimentarios de derecho constitucional.

Y aquí es donde aparece la contradicción. Si consideran al actual mandatario tan bueno, ¿por qué razón, y sin que medien argumentos jurídicos, pedirle que se retire? Me atrevo entonces a lanzar la siguiente tesis: el fenómeno corresponde a una especie de negación colectiva de un grave desliz cometido, igualmente de manera colectiva.

El error consistió en haber elegido dos veces consecutivas a un mandatario con ejecutorias tan nefastas como destruir el aparato productivo nacional en el agro y en la industria; elevar el desempleo, la pobreza y la indigencia a índices similares a los de las peores crisis del pasado; generar los peores hechos de corrupción, entre otras cosas para atornillarse en la silla presidencial; cometer los peores crímenes de Estado, calificados de manera eufemística como “falsos positivos”; profundizar el avasallamiento de la nación a los designios imperiales del gobierno norteamericano de tal forma que ha destruido, casi de manera irremediable las relaciones de Colombia con los países vecinos y ha colocado a su gobierno como el “Caín de América”: Privilegiar y facilitar el enriquecimiento con cifras de fábula, a los monopolios y a las multinacionales con su política de “confianza inversionista”, hoy en el ojo del huracán con el escándalo del programa Agro Ingreso Seguro, y una larga lista de etcéteras que a mi juicio avergüenzan, muy íntimamente, a esos ciudadanos comunes y corrientes, “uribistas, pero no reeleccionistas”.

La mente humana tiende a negar ciertos fenómenos de manera espontánea. Así como tiende naturalmente a lo que llamamos coloquialmente la línea del menor esfuerzo, se niega también a aceptar conscientemente ciertas realidades negativas. Por ejemplo, es muy común la negación de una enfermedad, un defecto o una adicción. Más común todavía, descargar responsabilidades propias, en terceras personas, o en circunstancias ajenas a la voluntad o decisión propias. Y todavía más frecuente es la actitud de salirse de situaciones causadas por improvisación o irreflexión de alguien, sin reconocer su cuota de responsabilidad, simplemente saliéndose como si el asunto no fuera con él. Todo esto, en la mayor parte de los casos, de manera inconciente.

Los comportamientos individuales tienden a parecerse a los colectivos, sobre todo si desde el poder, político y mediático, se estimula el “yo no fui”, el “todo se vale”, o “fue a mis espaldas”, o el “fuimos engañados”. Algo está pasando en el uribismo, y del “embrujo autoritario” estamos pasando de manera acelerada al “desencanto negado”.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza del MOIR.