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OPINIÓN - COLOMBIA

La privatización del comercio exterior colombiano

Por Aurelio Suárez Montoya

Rebanadas de Realidad - MOIR-PDA, Bogotá, 10/02/09.- Además del TLC de Colombia con los Estados Unidos, el país se ha embarcado en la negociación de otra serie de tratados dentro de la misma lógica económica del libre comercio, de las privatizaciones y de la libre circulación de capitales. En últimas, la concreción de cada acuerdo, concebido en el marco de la globalización neoliberal, apuntala más a esa política económica cuyas desastrosas consecuencias están a la vista adentro y afuera de nuestras fronteras.

Cuando se examinan uno a uno estos convenios, la mayoría de los cuales lleva incluido un tratado de protección de inversiones, lo cual los hace más dañinos aún, pareciera que sus beneficios están dirigidos con nombre propio, bien que se trate de empresas mineras, manufactureras o prestadoras de servicios o exportadoras hacia Colombia de bienes y materias primas industriales. Sin recurrir a mucha suspicacia podría decirse con alguna claridad quién se favorece de manera más directa en cada caso.

¿Cómo omitir que el TLC con Canadá resulta hecho a la medida de firmas mineras como Colombia Goldfields Ltd., Coalcorp Mining Inc., Frontier Pacific Mining Corporation, B2 Gold, algunas de ellas aliadas con la Anglogold y su filial para las Américas, para entrar a saco sobre nuestros recursos naturales auríferos y demás metales preciosos?

El tratado con Chile cubre con plenas garantías a las distintas firmas como las comerciales Cencosud, Falabella o Ripley, a las filiales chilenas de la española Endesa, incrustadas en la generación y distribución de energía en el país y a otras firmas australes, vinculadas también con capital financiero internacional que representan cerca de cinco mil millones de dólares invertidos en Colombia. En contraprestación, también quedó cubierto el grupo de amigos cercanos del presidente Uribe que montó Transantiago en la capital chilena.

El acuerdo con los países de la EFTA -Asociación Europea de Libre Comercio-, Suiza, Liechtenstein, Islandia (una nación destrozada por la actual crisis financiera mundial) y Luxemburgo, aunque se exhibe como favorable para las importaciones de oro a Suiza y algunas otras materias primas, existe evidencia que detrás de EFTA están multinacionales como Nestlé, Glencore (la misma que se está corriendo de la construcción de la refinería en Cartagena), Aeropuertos de Zurich (socio concesionario de El Dorado) y Holcim, uno de los miembros del cartel del cemento en Colombia. Es sabido que también a laboratorios como Novartis, y otros, los amparan en su posición dominante las normas de Propiedad Intelectual.

Tampoco se salva el insólito tratado con el forzosamente llamado “Triángulo del Norte de América Central”, compuesto por Guatemala, Salvador y Honduras. Cuando se conocen las razones sociales de los inversionistas colombianos, que se están asociando en plantaciones y refinerías de agrocombustibles en esos territorios para aprovechar el arancel cero que disfrutan desde allí hacia el mercado norteamericano, se comprende una de las razones por las que se emprendió esta iniciativa inesperada.

No está exento de los intereses particulares el Tratado de Libre Comercio que se empieza a negociar esta semana con la Unión Europea. Las ventas de Colombia son carbón, ferroníquel, café, banano y aceites de petróleo, y, las compras, maquinaria y equipo y materias primas industriales. Ese comercio no es lo más significativo, el verdadero fin es el cubrimiento con plenas garantías a las ciento diez multinacionales europeas, que son casi la cuarta parte de toda la inversión extranjera en Colombia, y, que se ubican en áreas estratégicas como agua, energía, finanzas, hidrocarburos, y, con posición dominante, en el comercio al por mayor. Firmas españolas (las hay tanto consentidas por el PP como por el PSOE), francesas, inglesas y alemanas buscan en la negociación imponerle impronta propia, como en la época de la Colonia, a la vida de los colombianos. Es a eso a lo que vienen y a esto se presta una política de comercio exterior sin criterio estratégico de país sino dictada al detal acorde con intereses particulares, en la mayoría de las circunstancias extraños a los de las mayorías nacionales.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza del PDA-MOIR